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6 de mayo de 2022

Don Angel y don Avelino

Aún hoy, mis padres son capaces de sorprenderme con historias del pueblo que hasta ahora eran desconocidas para mi. Así ha ocurrido con la de Don Angel y don Avelino. Al primero le conocía porque mi padre me lo ha nombrado bastantes veces ya que era el médico del pueblo en los años 40. 

Entonces aún no funcionaba la Seguridad Social con medicina general para la población, tal y como hoy la conocemos (aunque, abajo dejo los datos, la creación de un sistema de servicios sanitarios y prestaciones generales no fue creación de Franco, como se viene difundiendo, si no que sus bases están en el gobierno liberal de finales del XIX, abajo dejo varios artículos sobre el tema). Lo que había era una "iguala", es decir, un médico que vivía en el pueblo y entre todos los habitantes pagaban un tanto al mes y así tenían disponibles sus servicios.

En el pueblo, ya digo, estaba Don Angel Prieto, un médico nacido en la localidad leonesa de Villamontán de la Valduerna. El caso es que este hombre convivía con su hermano, don Avelino, que también era médico. Don Angel había sido "depurado" tras la guerra civil, entiendo que por sus simpatías con el bando perdedor (sobre depuración de gente de Ayoó y alrededores hice un post que se puede leer aquí) y se encontró con que no podía ejercer. Y lo que hicieron, como si de los hermanos Buendía de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad se tratara, fue intercambiarse. Sí, tal cual. Según mi padre "don Avelino sabía que era mejor médico don Angel, así que se cambiaron de nombre y el que atendía era el otro hermano, que no podía hacer de médico porque se lo habían prohibido".

Realmente pasmada con esta historia me quedé, no tengo ni idea de cómo lo llevaron adelante sin que las autoridades lo supieran. Tal vez las locales hicieran la vista gorda con tal de tener médico capaz en el pueblo, tal vez fue una historia que contaron ellos... no lo sé, pero así es como me lo han contado en casa y como lo traigo hoy aquí. Mi padre dice que era algo sabido en el pueblo. 

Los hermanos médicos vivían en la calle El Canto, en la casa que ahora es de Celia, la madre de Pili. Don Angel hacía las visitas médicas y don Avelino se encargaba de las cuestiones domésticas. Ninguno de ellos estaba casado. Como nota, me contaban en casa que la ropa se la lavaba una mujer llamada Carmen La Coja, madre de Otilia la de Inocencio, Emiliana, Benigna la de Saturnino, Carmina, Lidia y otra hermana más, estas dos últimas se fueron muy jovencitas a Argentina y no volvieron a Ayoó.

Así como de otros depurados de Ayoó conseguí algo de información en su día, en el artículo que he puesto antes, de estos hermanos no he conseguido confirmación de que estén en ninguna lista. Cierto es que la zona de la Valduerna fue muy castigada en la guerra civil y en la postguerra porque había un gran movimiento de los trabajadores y allí hubo muchos fusilamientos y depuraciones, pero ya digo, no he conseguido saber ningún dato añadido a esta curiosa historia de los hermanos intercambiados para ser médico de Ayoó.

Añado, como extra a esta entrada, unos cuántos artículos sobre el orígen y formación de la Seguridad Social y sobre la existencia y funcionamiento de las Igualas en los pueblos en los tiempos del franquismo.

- Las etapas de la Seguridad Social de El mundo del seguro

- La gran mentira de que Franco creó la Seguridad Social, de Diario 16

- La Seguridad Social no nació ayer si no hace 100 años, de Cinco días

- Las antiguas igualas médicas, de Joaquín Carrillo Espinosa, en la página web de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales

18 de julio de 2013

Los depurados


Hoy es 18 de julio. Una fecha que ahora no nos dice mucho pero durante años resonaba con un macabro eco ya que marcó el inicio de la Guerra Civil. Ese día se produjo el golpe de estado contra la República, liderado por Franco. El día del Alzamiento, en lenguaje franquista. Para muchas personas significó una época de persecución y de examen permanente de lo que hacían, decían y pensaban, una persecución que quedó registrada en documentos a los que ahora se puede acceder a través del Portal de Archivos Españoles, dependiente del Ministerio de Cultura.

Aquí se recoge un listado de aquellas personas que perseguidas o sospechosas. Vi el enlace un día en la página de La Voz de Vidriales, y ahí que me fui a buscar si había alguien del pueblo. Y los había, de Ayoó, de Congosta y de Carracedo, así como de todos los pueblos del Valle. En este enlace, aquí, está el listado de esas personas. Cada familia puede obtener detalles concretos poniéndose en contacto con el Ministerio a través de un formulario que se presenta en la página.


Yo hice un repaso con mis padres de los nombres que aquí aparecían y esto es lo que ellos recordaban de aquellas personas injustamente perseguidas:


Olvido Crespo Medina. Era la madre de doña Elidina, una de las profesoras que tuvo el colegio de niñas de Ayoó. Según contaba mi madre en un post en el que recordaba susprimeros años de vida, esta profesora llegó al pueblo en los años de la Guerra Civil y se marchó justo al morir su madre. De ahí que a esta mujer, que era asturiana, se la incluya en el listado de Ayoó. Mi madre recuerda poco, “que era de Asturias, que la cogieron por allí y que eran muy pobres, no tenían ni para comer”. En el listado aparece como “depurada”.


Gabriel Menéndez Tostón. Don Gabriel, uno de los maestros más recordados por los hoy ya talluditos niños de la escuela de Ayoó (aquí hablamos de él ).
En el listado aparece como Maestro Nacional al que se le abrió un expediente entre 1936 y 1942 y como “depurado”.


Miguel Prieto de la Mata. Otro maestro, este de Congosta, que está con los mismos datos que Don Gabriel: expediente abierto entre 1936 y 1942 y depurado.


La depuración del profesorado comenzó el mismo 18 de julio. A algunos maestros la “depuración” se les hizo a lo bestia, es decir, con paseos, cárcel, fusilamiento... quitándolos físicamente del medio. A todos los demás, les sometieron a un férreo control ideológico, en el que analizaban si eran “afines a la causa” y solo si tras escuchar a las fuerzas vivas, al alcalde, al jefe de la Falange local y al sacerdote, se veía que esa persona no era “peligrosa” se les consideraban “depurados” y aptos para seguir con su tarea docente. Así se hacía, como se recoge en este texto sobre la depuración del profesorado en Cantabria:

Si el gobierno republicano había dado su primer decreto de depuración de funcionarios el 22 de julio, el bando franquista dictó su primera orden el 19 de agosto.
En ella, se les encargaba a los alcaldes que pusiesen en marcha los mecanismos correspondientes y que comunicasen al rectorado correspondiente “toda manifestación de debilidad u orientación opuesta a la sana y patriótica actitud del Ejército y pueblo español, que siente a España grande y única, desligada de conceptos antiespañolistas que sólo conducen a la barbarie.”


O en este otro sobre los profesores enAndalucía:

Entre las causas de sanción contaban la afiliación a partidos políticos o sindicatos de izquierda, la simple simpatía o colaboración hacia éstos, el apoyo directo o indirecto a las ideologías representadas en el vencido Frente Popular, la pasividad ante el triunfo del Movimiento Nacional, entre otras más como la irreligiosidad ola “indiferencia religiosa”, las conductas e ideas inmorales, como el divorcio, las técnicas anticonceptivas, el amor libre,… Las Comisiones Depuradoras actuaron desde 1936 hasta 1944, aunque hasta 1969 se estuvieron revisando expedientes de depuración, donde la Iglesia Católica tuvo un papel decisorio. Por ejemplo, en los expedientes de depuración en los pueblos andaluces, prestaban declaración el alcalde franquista, el jefe local de Falange, el comandante de puesto de la Guardia Civil, el director del colegio, el párroco y sólo un padre de familia libre de sospecha. En estas declaraciones se debía informar de la conducta profesional, social, particular, religiosa y política de todo el profesorado antes, durante y después del 18 de julio del 36.

Además de los maestros, había otros nombres incluídos en el listado:

Ismael Ferreras Palacios, tío de mi tío Ismael, hermano de su padre. Se le expedientó en 1943 en el Tribunal de Responsabilidades Políticas, pero fue indultado.

Jesús Gutiérrez Prieto, padre de Ceferina la de Restituto y Dionisia, la madre de los Jesús y Felipe, los albañiles. Como Ferreras, fue expedientado por al Tribunal de Responsabilidades Políticas en 1943 e indultado.

Virgilio Gutiérrez Prieto, carpintero, padre de Emilia la de Lucas. Lo mismo que su hermano.

En ambos caso remite al caso de Dionisio Alonso Zurro, de Granucillo, familia de Felipe el de Quica, que también fue investigado entre 1940 y 1942 y finalmente indultado. Y ambos, asimismo, junto a sus otros hermanos y familiares, estuvieron a punto de ser detenidos por los falangistas y se salvaron por la intervención del párroco de entonces, el tan nombrado Don Ezequiel, como recordamos en este post “Don Ezequiel yel falangista

En el listado también aparece un vecino de Carracedo, Miguel Bartolomé Ferrero (indultado); Olegario Martínez Peral, de Congosta (indultado) y Silverio Martínez Peral, el famoso Ti Silverio (indultado)


Más datos sobre la depuración de los maestros:

Este proceso se explica aquí, en la Revista de Educación en un artículo escrito en 2011.

También se puede leer sobre este tema en un resumen de los cursos de verano de 2009 en la delegación de la Uned en Tenerife.

Otro texto más, este del Congreso deVíctimas del franquismo:


Y uno personalizado, el caso de la profesora Rosario Fuentes, en Valladolid.






4 de noviembre de 2012

Hambre


Tras la Guerra Civil los tiempos eran difíciles, con una produccion escasa que no llegaba para todos. Pero a mediados de la década se produjo una fuerte sequía que convirtió al trienio 45-46-47 en los años del hambre.

Vino tal sequía que en la zona de Benavente no tenían ni paja para darle a las vacas -recuerda mi padre-. Venían a las casas de Ayoó, casi mendigando, para que les vendiésemos algo”.


En el pueblo, mal que bien, todos tenían un trozo de tierra que cultivar, pero algunas familias lo pasaron realmente mal. Una de estas personas, ya de mayor, decía: “no me acobardo al decir que hasta que no me fui de pastor no tuve una comida cada día, que pasamos mucha necesidad”.


Otro de los vecinos también pasó mucha necesidad, pero hasta con eso hizo bromas. Le decía su madre, “a comer” y él preguntaba “Madre, ¿qué hay?” ,“Pan y cebolla” contestaba ella y él, protestaba (y perdón por la expresión, era tal cual): “¡no, eso no, que no se me levanta la polla!”. La escena se repetía tan a menudo, que terminó siendo una rima que cantaban los mozos en el pueblo.

26 de diciembre de 2011

Don Ezequiel y el falangista

Cuando mi madre me contó su vida tuvo una mención para Don Ezequiel: “No puedo ni quiero hablar mal del cura porque durante la guerra protegió a mucha gente del pueblo. El siempre mantuvo ante los militares que en Ayoó no había ningún comunista y eso salvó muchas vidas”. Alberto me contó que se escondía tras esta afirmación de mi madre, un hecho realmente tremendo:

"Estábamos en tiempo de guerra, era noviembre, yo tenía diez años. Yo salía de la escuela, iba jugando con primo Vicente y mi hermano Ismael y Laudelino y Valentín Barrio y me avisaron que estaba esperándome Don Ezequiel para ponerle la Extramaunción a la Ti Teresa la Coja, madre de Inés, la mujer de Bernardo, que vivía en la parte de abajo del pueblo.

"Yo llevaba la sobrepelliz, una bolsa que contenía los oleos y el crucifijo y la campanilla, que se iba tocando por la calle hasta la casa de la maribunda. Salíamos y justo pasaba un coche por la calle, que estaba de tierra y barro. Paró el coche y salió uno con la camisa de la Falange, con las mangas remangadas.

Foto: Todocolección.net

El del coche le paró y le dijo una serie de nombres:
  • Eusebio Tostón (padre de Fidel, el de Antonina)
  • Jesús Gutiérrez (padre de Ceferina, la de Restituto)
  • Gaspar  Martínez (abuelo de Gaspar, padre de su madre, hermano de la Ti Severiana)
  • Virgilio Gutiérrez (el padre de Emilia, marido de la Ti Severiana, antes mencionada)
  • Gabriel Gutiérrez (el marido de tía Agustina)
  • Aurelio Gutiérrez (el marido de tía Kika -eran dos hermanas casadas con dos hermanos-)
  • José Gutiérrez (el padre de Andrés Conejo. Los cuatro últimos eran todos hermanos)
"Leyó la lista y yo me agarré de la pierna de Don Ezequiel, que no era muy alto. El empezó a temblar de los nervios que tenía. Iba vestido con la capa de estameña y llevando un colegial.

¿Por qué quieren llevarse a esta gente? -Preguntó el cura.
Por que son rojos -le contestó el de la Falange.


Y don Ezequiel le dijo, aquí el único rojo soy yo y si usted se atreve, aquí estoy, métame a mi en el coche. Aquí no hay ningún rojo.


El falangista se detuvo y le dijo, mire, si no me firma, voy por ellos (para sacarlos del pueblo tenían que llevar permiso del cura). El cura le echó mano al brazo y le dijo: Estoy perdiendo la paciencia, marche en el nombre de Dios.


"Don Ezequiel iba rezando. Por donde Alejandro tiene la casa hoy había una fragua, del abuelo de Isaías. Como había toyo, barro, íbamos por la orilla y teníamos que cruzar y venía uno corriendo. Yo vi que estaba remangado. Era el hermano de un destacado vecino del pueblo, vestido de falangista y corriendo para que no lo vieran. Estaba en el coche con el otro de la Falange, el que había hablado con el cura. Don Ezequiel le conoció y dijo, Ah, bandido, eras tú. Pués si haces bien que Dios te lo premie y si no, que te lo demande.

"Llegamos, por fin, a la casa de la moribunda, donde se ponían sábanas de lienzo gordo y le dimos la Extremaunción.


"A los dos meses murió de pleura el falangista del pueblo, el que iba corriendo, escondiéndose. Y así me dijo Don Ezequiel: Mira, hijo, por hacer el mal que pronto murió, como hay un Dios todopoderoso y atendió mi petición.



Nota: cuando Alberto me contó esta terrible historia me dijo que mejor no pusiera los nombres de las personas a las que venían a buscar, por si no les gustaba a las familias. He desobedecido porque creo que esas personas fueron injustamente persequidas y salvadas in extremis por la intervención de Don Ezequiel. Considero que no tienen nada de lo que avergonzarse, ellos tenían unas ideas y eran tiempos convulsos y difíciles donde pensar diferente se castigaba con la muerte. Pienso que poner sus nombres es hacerles un homenaje y una muestra de respeto, porque imagino el miedo que tuvieron que pasar imaginando que un día sí y otro también, vendrían definitivamente para llevárselos a saber dónde.

30 de noviembre de 2011

Pasar la vela

Tras la guerra civil, la vida en los pueblos fue aún más dura y miserable que antes de la contienda. Aquellos que tenían menos que nada iban de pueblo en pueblo pidiendo algo que comer. Cuando venían estos pobres se repartían entre las casas del pueblo ya que los vecinos estaban obligados a atenderles, a darles la cena, cama (normalmente el pajar) y almuerzo. El reparto se hacía de forma ordenada, por barrios, con un sistema que se llamaba “pasar la vela”, es decir, ir pasando el turno de atender a los necesitados de casa en casa.

Mis padres recuerdan unos cuantos, como a los que venían de San Esteban, el pobre de Colinas o la conocida como “gimiontiona” de Peque.


*Gimiontiona es alguien que siempre se está quejando

18 de marzo de 2011

La Hermandad de Agricultores y Ganaderos

Con el régimen franquista se suprimieron los Sindicatos y Asociaciones de Campesinos y se impusieron los sindicatos verticales. En el campo, esto se tradujo en la constitución de las Hermandades de Agricultores y Ganaderos, que se pusieron en marcha en 1944 (Decreto de 17 de Julio de 1944 por el que fueron creadas las Hermandades Sindicales Locales). En 1977 se sustituyen por las Cámaras Agrarias y posteriormente sus competencias pasan a las Comunidades Autónomas.


Como conté en el artículo El Conventico, algunos periódicos y papeles que encontré allí hace ni sé los años, terminaron en mi casa (¡creo que me van a diagnosticar Síndrome de acumulación compulsiva!). Pués bien, mirando lo que había, me he encontrado esta joya, que tan bien me viene para ilustrar el post de hoy: una nota de la Falange zamorana a la Hermandad de Labradores y Ganaderos sobre la venta de la remolacha azucarera a las fábricas. La hoja está, por supuesto, convenientemente adornada con el "Saludo a Franco: ¡Arriba España!" de la época. La circular está fechada el 6 de marzo de 1947.


En Ayoó también existió una Hermandad de Agricultores y Ganaderos. El Jefe de la Hermandad y otros dos o tres con él más el alcalde y los concejales del Ayuntamiento, eran los encargados de determinar cuánto y quién pagaba los cupos (parte de la cosecha exigida por el gobierno. Ver post “El cupo”), cómo se organizaba a los vecinos para arreglar los caminos u otras obras o que zonas del pueblo se “acotaban”(1),... y en definitiva, determinaban lo que se hacía sobre cualquier tipo de ganado y las tierras.


El Jefe de la Hermandad se elegía por votación y algunos de los que ostentaron el cargo fueron Restituto Carbajo (más tarde alcalde de Ayoó), el Ti José Casado, Laurentino Cano (también alcalde durante años),... Eso sí, mi padre asegura que al final “hacían lo que les daba la gana para elegir al Jefe. Una vez estuvo a punto de salir Eliseo y otra Santiago Centeno (Jalones) (2) porque votaban a cachondeo”.



Las Hermandades tenían, por supuesto, su asesoría religiosa. Aquí, entre mis tesoros rescatados del Conventico, tengo un ejemplar de la Hoja Gremial del Organo de la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, con fecha del 9 de marzo de 1947.



Más información sobre las hermandades en "Agricultura en Rabanera de la Sierra S.XVII-XVIII-XIX y Rabanera del Pinar S.XX" de Mariano Contreras Crespa y en el libro "Las Hermandades Sindicales de labradores y ganaderos (1955-1977). Historia, documentos y fuentes" , de Pilar Gil García.




(1) Acotar: cuando no querían que se pastase en una zona, el alcalde o el Jefe de la Hermandad de Ganaderos prohibía pasar por ese lugar, se “acotaba”. Después de vendimiar se “descoitaba”.


(2) Santiago y Eliseo eran personas, digamos, especiales y, por ello, y dado la maldad que los más débiles o diferentes provocan, a veces eran objeto de broma y hasta burla en el pueblo sobre todo entre los mozos. A ambos llegué a conocerlos siendo niña: Santiago Jalones era como el coco con el que nos asustaban a los críos, aunque realmente yo siempre le veía muy tranquilo, paseando por el pueblo con las manos a la espalda o tomando el sol a la puerta de su casa. Eliseo tenía una especie de gran angioma en la cara, que siendo niños nos impresionaba bastante y también le recuerdo silencioso y trabajando en las tierras junto a César Cortés, el padre de Pedro, ya que creo recordar que eran familia directa.

15 de agosto de 2009

Cuando Zamora pasó hambre


En varios de los artículos que he ido poniendo en este blog (mirar los agrupados en la etiqueta Postguerra) se ha hablado de “los años del hambre”, aquellos funestos años 40, el trienio de 1944-45-46 fundamentalmente, que se caracterizaron por la miseria y la falta de lo más básico. Hace unos días, en el periódico La Opinión de Zamora, publicaron un artículo (pincha aquí y te llevará a él) que me pareció perfecto para entender y contextualizar todas estas historias que mis padres me habían contado y que por su interés, paso a copiar a continuación:

Cuando Zamora pasó hambre

Los años más duros de la postguerra, como 1945, dejaron a los habitantes de la provincia sumidos en la penuria alimenticia y con la segunda mayor tasa de mortalidad de todo el país


Varios zamoranos, en los años de la postguerra, utilizando sus caballos y burros para desplazarse


Una mirada a la historia del país obliga a remontarse hasta la década de los años cuarenta, especialmente los años de 1944 y 1945, para encontrar una situación económica y social que permita hablar de una gran crisis. Aunque los historiadores coinciden en que en absoluto es comparable a la coyuntura que atraviesa ahora el país, la Zamora de la postguerra refleja cómo el paro, el aislamiento y la escasa actividad industrial llevaron a los habitantes de la provincia a una situación límite. Eran los años del hambre, y ni tan siquiera el campo podía compensar las necesidades con unas cosechas mermadas y una cabaña ganadera que descendía a medida que desaparecían su alimentación. Desde el inicio de la década se calcula que entre 5.000 y 10.000 zamoranos emigraron a países como Cuba, Argentina o Brasil en busca de un futuro mejor.

BEGOÑA GALACHE

Los años cuarenta son sinónimos de hambre en España. Zamora, una provincia de cerca de 300.000 habitantes, no fue ajena a la coyuntura económica y social de postguerra. El campo era incapaz de producir alimentos para toda la población y la industria apenas tenía peso específico con las grandes obras ralentizadas. Enfermedades como la tuberculosis y una estructura arcaica no hicieron sino incrementar las penurias de una sociedad condenada en aquel momento a subsistir entre la resignación y el ingenio. El historiador José Andrés Casquero, en su obra «Fotografía y Sociedad», editada por LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA, describe con detalle cómo era la Zamora que se enfrentó a la última gran crisis económica.

Racionamiento. La provincia sufrió la larga crisis económica provocada por la postguerra y que agudizó la II Guerra Mundial. La actividad industrial, ya de por sí escasa, prácticamente se paralizó y escasean los productos de primera necesidad. En 1945 la hambruna es alarmante y falta el pan y las patatas, los alimentos a los que se recurría. Su racionamiento hizo florecer el mercado negro.

Mortalidad. En el Plan de Ordenación Económico Social de 1946 se contabilizan 300.000 habitantes y la segunda mayor tasa de mortalidad de todo el país. 71.000 zamoranos se dedican a la agricultura y dos tercios de las 155.000 mujeres censadas tienen como ocupación «sus labores». La escolarización, señala Casquero, era «aceptable», con 69.000 alumnos de primera enseñanza. En la capital dominan el Ejército (más de 4.000 efectivos), y los empleados del sector servicios.

Sin alumbrado. Una de las paradojas de esta década es que a pesar de la importancia del sector eléctrico, de los 546 núcleos de población aproximadamente la mitad carecía de alumbrado. Y ello pese a que desde el Santo de Ricobayo se transportaba energía a Bilbao, Madrid, Salamanca, León y Valladolid.

Viviendas inhabitables. Las estadísticas de la época cifran en unas 5.000 las viviendas consideradas inhabitables, sobre todo ubicadas en Puebla de Sanabria, Alcañices, Bermillo de Sayago y Benavente. Sólo había teléfono en Zamora, Benavente y Toro, con un total de 1.150 abonados, ocho de cada diez de ellos en la capital.

Tuberculosis. La provincia contaba con cuatro hospitales con 462 camas, un sanatorio y cuatro clínicas con 80 camas más. La capital disponía, además, del Instituto Provincial de Higiene, un dispensario antivenéreo y otro antituberculoso, aunque estos servicios sanitarios estaban mal dotados, señala en su estudio el historiador José Andrés Casquero.

Doce gasolineras. Los vehículos dedicados al servicios público sumaban 359, de los que las dos terceras partes eran camiones, mientras que el resto eran autobuses de línea y taxis. Existían 41 líneas de transporte regular de viajeros, trece de ellas principales y treinta y cinco secundarias. Sólo había una docena de estaciones de servicio (las necesarias para atender al escaso parque móvil), y los talleres se limitaban a los que funcionaban en Zamora, Benavente y el Mercado del Puente.

Pueblos incomunicados. La red de carreteras era precaria con 150 pueblos incomunicados. Por la provincia cruzaban cinco carreteras nacionales, a las que había que sumar otras nueve comarcales y veintinueve caminos locales. Con todo, la mayor parte de estas comunicaciones viarias se limitaban a caminos vecinales que en algunas épocas del año eran intransitables.

Agua corriente, todo un lujo. Hasta el año 1975 el 68% de la población rural de la provincia carecía de agua corriente en sus casas.

Refugio para los indigentes. El gobernador civil Manuel Pamplona y Blasco inauguró el 7 de mayo de 1944 el refugio para transeúntes indigentes de Valorio. Otra de las infraestructuras de servicios que tuvieron gran importancia en la postguerra fue el preventorio antituberculoso Virgen del Yermo construido en el prado de Casa Mohina, y que en los años de mayor hambruna multiplicó su actividad al mismo tiempo que se extendía la enfermedad en las familias zamoranas.

Emigración. Desde los años cuarenta los zamoranos comienzan a emigrar a países como Argentina, Cuba o Brasil, señala el historiador y director de la Uned, Juan Andrés Blanco. Entre 5.000 y 10.000 personas abandonaron la provincia durante la década. A partir de 1959 este movimiento migratorio se orienta a Europa, destino de más de 25.000 zamoranos hasta el año 1974.

Ganadería bajo mínimos. El segundo sector económico de la provincia, el ganadero, atravesó un momento muy difícil cuando entre 1944 y 1945 la sequía provocó que el número de cabezas de la cabaña se redujera de forma sensible.

Pendientes del trigo. En los duros años de la postguerra el 40% de la superficie cultivada era trigo, 120.700 hectáreas. Le seguían en importancia el centeno y la cebada. La agricultura era tradicional, atrasada y con muchas parcelas y campos fragmentados, sin mecanización ni selección de cultivos, escaso empleo de abonos y, por lo tanto, bajos rendimientos, especifica Casquero.

1,35 céntimos la sesión de cine en el Barrueco. Un número del Noticiario Nacional, NODO, y una película corta de dibujos de la casa Chamartín inauguraba, en la tarde del domingo 7 de febrero de 1943, el Cine Barrueco de la capital zamorana. Durante los primeros días se proyectó la película titulada «Eso que llaman amor», en tecnicolor y doblada al español. Los precios de las oscilaban entre una peseta y treinta y cinco céntimos que se pagaban para entrar a la sesión de las cinco de la tarde, a las dos pesetas y setenta céntimos que costaba a las siete y a las diez y media.

Afición taurina. Pese a las penalidades, las aficiones y diversiones populares se mantienen en Zamora, como es el caso de los toros. La presencia de figuras míticas del toreo llenan el coso de la capital en las principales ferias. Muchos jóvenes zamoranos sueñan con alcanzar la gloria en los ruedos. Pueblos como Villalpando y Fuentelapeña dieron a profesionales del toreo en aquellos años, como Francisco Manzano Martín «Chico de la Botica», Félix Rodríguez Antón, Gabriel Alonso Sánchez, o Lorenzo Pascual García «Belmonteño».

8 de julio de 2009

La amenaza

Otra historia de postguerra de las que me contó mi padre, tiene como protagonista a la familia de un amigo suyo de Cubo que, como él, se vino a tierras vascas a buscarse la vida.
El padre del de Cubo estaba un día en Santibáñez cuando un tipo bastante conocido, que tuvo un bar en este pueblo, se le acercó para decirle que tenía que apuntarse a la Falange sí o sí y que caso de que no lo hiciera “te doy dos tiros como si fueras un perro”. El señor de Cubo salió de allí descompuesto y asustado por las palabras que le había lanzado el de Santibáñez, y durante mucho tiempo vivió atemorizado por las amenazas de un tipo que tenía bastante poder en aquellos tiempos difíciles de después de la guerra.
Pasaron los años y un día su hijo, el amigo de mi padre, ya mayor, fue invitado a la matanza del cerdo en Santibáñez y quiso la casualidad que se encontró con el bravucón de la advertencia. A la cabeza le vino todo lo que había sufrido su padre por aquella amenaza y sin pensarlo se echó contra él, banqueta en mano, al tiempo que le gritaba “anda, dímelo a mi ahora, que me vas a matar como a un perro, dímelo!”.

2 de junio de 2009

Mi padre, de la Falange

Mi padre fue de la Falange, sí, cuando era niño. Y no por gusto, si no como una más de las imposiciones absurdas a las que obligaban los que mandaban y que sí o sí, había de cumplirse. Lo cierto es que esta historia, cuando nos la cuenta en casa, acaba sacándonos una sonrisa porque demuestra la cabezonería de mi abuelo Teófilo y por la infantil venganza con la que termina.

Esta es la narración:

“Abuelo sacó un trozo de linde (aró más allá de su finca y se apropió de un trozo del espacio del camino) y vino el Ti Francisco (el alcalde entonces) hecho una furia y le amenazó que o se hacía de la Falange o le denunciaba y le ponía una multa. Abuelo no quiso hacerlo, dijo que no podía hacerlo por sus ideas, y lo que hizo fue apuntarme a mi, que entonces tenía como cinco años”.

“Por apuntarme a la Falange tenía que pagar una cuota una vez al mes. Le dieron una foto de Franco y mi hermana mayor, tía Dorinda, y yo nos pusimos a clavarle alfileres por toda la cara. Nos decíamos uno al otro, “mira, aquí, que le hace más daño” y así pasamos la tarde con la trastada”.

4 de mayo de 2009

Una de pan

Hogaza casera recogida del Blog de Carlos Dube En la casa de los abuelos había un horno, al fondo de la casa. Cuenta mi padre que “primero estaba hecho de adobe, después le pusimos ladrillos y cocía muy bien el pan. Cabían unas 15 hogazas de 2 kilos”. Cada vecino amasaba para él mismo, se hacía cada 15 días, más o menos. Como mi abuelo llevaba hogazas a vender, la abuela Menta amasaba dos veces al día, durante dos o tres jornadas, para conseguir piezas para llevar a los pueblos. Llevaba pan en el carro o bien en la caballería, con un saco por cada lado y otro por el medio. Mi abuelo también llevaba hogazas hechas en casa a vender a otros pueblos, por ejemplo a Castrocontrigo (donde también comerciaba con los Chocolates Santocildes, como ya he contado aquí). Se hacía bajo manta, fuera de las cartillas de racionamiento. La necesidad era mucha y el pan escaso, así que no son raras situaciones como la que me cuenta mi padre: “Abuelo fue con un carro de hogazas a Castro y una mujer se le acercó y le espetó: Teófilo, como me dejes sin pan, te mato, que tengo cuatro hijos y llevan una semana sin probarlo. Le contó que tuvo que ir a recoger las patatas que se quedaban en la tierra tras la cosecha, para tener algo con lo que hacer el caldo para dar de comer a los niños”. Tras la guerra los tiempos eran difíciles, la produccion escasa y que no llegaba para todos. Pero a mediados de la década se produjo una fuerte sequía que convirtió al trienio 45-46-47 en los años del hambre. “Vino tal sequía que en la zona de Benavente no tenían ni paja para darle a las vacas. Venían a las casas de Ayoó, casi mendigando, para que les vendiésemos algo”, recuerda mi padre.

20 de abril de 2009

Apaños de postguerra

Una historia más de cómo se buscaba mi abuelo la vida en los duros años cuarenta...
Mi padre recuerda que cuando él era bien pequeño, como de la edad de mi hijo ahora, unos cuatro o cinco años, mi abuelo había comprado patatas, alubias... Y vino un camión del Ejército, camión de gasógeno, no había ni gasoil y se movían con este invento(1).

El teniente tenía trato con mi abuelo, que había preparado un cargamento. Mi abuela había amasado dos o tres veces al día un montón de hogazas de pan, pan del que dijo el militar “de este pan que ha amasado tu mujer come Franco”.
Todo lo que tenía recogido lo llevaban de extranjis al camión, que iba directo a la intendencia del Ejército. Pero incluso así, tenían que andar con cuidado de que no les pillará el temible Delegado de Hacienda, Sebastián. “Si viene, Teófilo -le dijo el teniente- no te preocupes que yo no te delato, le digo que me he encontrado todo eso ahí y ya está, no digo que me lo has pasado tu”.

(1) El gasógeno es un artilugio “popular” en épocas de gran escasez que premite hacer funcionar los camiones quemando cualquier desecho en lugar de gasolina. Es obvio que no fue inventado con el ecológico propósito de usar recursos renovables, si no como herramienta imprescindible en épocas de racionamiento de gasolina. Sin embargo, este olvidado invento premitió que la España de la postguerra -y la Francia ocupada, Italia, Alemania... - siguiesen en marcha.(Genealogía de los camiones)


Durante toda la década de los años cuarenta se modificaran infinidad de vehículos para circular con este sistema: desde autocares, hasta automóviles, camiones e incluso tractores y alguna motocicleta. En los camiones y autocares las calderas y depósitos se acoplaban mejor, por su mayor espacio disponible, aunque en algunos automóviles todo el sistema se instalaba en un remolque.
El sistema cuenta con una tecnología muy sencilla. Al quemar de forma parcial madera, carbón, o incluso acetileno, se generan diversos gases, entre ellos monóxido de carbono, un gas que dispone de cierto poder calorífico, y con una pequeña modificación en los motores de gasolina permitía mover el vehículo. (
Gasógeno, circular sin gasolina. Francisco Díaz)

15 de marzo de 2009

El cupo

Tras la guerra, las autoridades pedían un cupo a los pueblos (1), por el que tenían que dar 20 o 30.000 kilos de trigo. Se hacía una Junta y se repartía la petición por los habitantes de los tres pueblos del municipio, Ayoó, Congosta y Carracedo. La Junta la componían el alcalde y tres o cuatro vecinos más. Le ponían una cantidad a cada uno y le hacían llevar lo que habían pedido: si era trigo, a la fábrica de Santibáñez, si eran patatas, a un lugar de recogida en Carracedo. Cada uno tenía que dar lo que fuera, 200 o 300 kilos de patatas, por ejemplo, y lo pagaban a precio de coste, es decir, casi nada, lo mínimo. Lo mismo que te pedían las patatas, te cogían una oveja a precio de tasa y en una época, a quien tenía una novilla e iba a vender la vaca vieja, se la quitaban también.

Un año, mi abuelo Teófilo había pagado en invierno y resulta que en mayo le vino otra vez un segundo cupo, y enfadado, decidió protestar a su modo, tal y como recuerda mi padre: “Abuelo me llevó hasta la bodega, donde habíamos metido las patatas en el hueco al que va el vino y cogimos todas las patatinas más pequeñas que encontramos. Cuando las entregamos, el oficial se encaró con mi padre y le dijo que a ver qué era aquello que daba. Abuelo le dijo, patatas y además, las segundas que doy, que ya había pagado mi cupo. Tío Agustín dijo que él había tenido que comprarlas (al estraperlo) y tuvo que escuchar que si le llega a ver hacer la compra, encima le pone la multa por comercio ilegal”.

Continua contando mi padre: “Había unos a los que conocíamos como los delegados. Venían disfrazados a los pueblos para saber qué tenían unos y otros, y a nada que sabían lo que tenías en casa, te lo llevaban, te lo cogían para la intendencia. Abuelo nos tenía enseñados para decir que no sabíamos nada, que no teníamos nada en casa, ni alubias, ni garbanzos, ni patatas... Uno de estos delegados era el Ti Remigio, que vino una vez a casa preguntando pero yo, que era un crío, solo le dije que mi padre estaba en una tierra y que si quería algo, que le preguntase a él. Y hasta allí fuimos montados en una burra blanca que llevaba y en cuanto le vio, le dijo Teófilo, bien enseñados les tienes que no me dicen nada, que lo que quiera saber te lo pregunte a ti".


(1) En 1937, en plena Guerra Civil, se crea en Burgos el Servicio Nacional del Trigo, un organismo que se encargaba de controlar la producción agrícola, la producción, compra y distribución de los cereales. Obligaba a los labradores a declarar y venderle a él, a precios fijados por la Administración unos cupos fijos de la cosecha. (Llucena, una historia de L'Alcalatén.Sociedad, poblamiento y territorio, de Joaquím Escrig Fortanete, pag. 562)

11 de marzo de 2009

El estraperlo

Desde siempre, en mi casa, se habló de que mi abuelo se dedicaba al estraperlo y yo siempre lo interpreté como que fue una forma de buscarse la vida y de sacar adelante a su familia en aquellos años tan difíciles, tras la guerra.

Estraperlo es una palabra de origen curioso, un acrónimo (vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras) derivado de los nombres de Strauss, Perel y Lowann, apellidos de los implicados en un escándalo en el juego de la ruleta eléctrica, durante la Segunda República. De aquél chanchullo quedó la palabra, que se ha usado como equivalente a comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a Tasa (Real Academia de la Lengua), es decir, el comercio con productos al margen de tasas, cartillas de recionamiento y cupos, de los que hablaremos próximamente.
En esta página del foro del periódico asturiano de La Nueva España he encontrado un completo y apasionante relato de aquella época de buscarse la vida con el estraperlo.

Pero en los medios de comunicación, en programas de la tele, en libros, se referían a los estraperlistas como usureros que le sacaban el último real a la gente que no tenía. Tengo claro que mi abuelo no era así, que él trabajó y muy duro, para encontrar una forma de ganar unas pesetas. A mi abuelo no le gustaba trabajar la tierra, lo hacía, pero no le gustaba. Lo suyo era ir de acá para allá, hablar con unos y con otros, negociar, buscar mercancía, comprarla, venderla... Y esto era lo que hacía, con las patatas, las alubias, la harina, el chocolate... Nunca les faltó comida y nunca falto tampoco la oportunidad de compartirla con aquellos que lo estaban pasando peor en el pueblo. En su casa siempre tenían una cazuela de leche y pan y el que lo necesitaba, entraba y comía para quitar el hambre. Y doy fe, porque me lo han dicho, que aún hoy aquella gente se acuerda del gesto y de cómo llenaron el estómago en casa de mis abuelos.

Por envidias y rencores, mi abuelo fue denunciado por dos personas del pueblo. Fueron a Nogarejas, al cuartel de la Guardia Civil y los guardias, que conocían a mi abuelo, le dijeron que no tenían más remedio que actuar, que si no se la cargaban ellos. Así fue como le interceptaron camino de Castro y le quitaron los diez sacos de harina que llevaba, por valor de unas 5.000 pesetas de las de entonces. Mi abuelo tuvo que ir hasta León para comparecer y junto a él fueron, para apoyarle, Don Emilio, capellán del Ejército y un policía de la Secreta de Jiménez. Al final le quitaron la multa y tampoco le fue confiscado el carro que llevaba, como podían haber hecho. Se quedó sin la mercancía, eso sí, y con la rabia dentro de saber que había sido denunciado por gente del pueblo, algo que nunca olvidó, en toda su vida.