15 de octubre de 2017

12 meses, 12 iglesias: Iglesia parroquial de Rosinos de Vidriales

Rosinos es uno de los pueblos más pequeños que componen el municipio de Santibáñez de Vidriales, apenas viven cuarenta personas viven en él durante todo el año, muchas de sus casas están cerradas e incluso cayéndose... y sin embargo, es de las localidades con más patrimonio de entre las cercanas a Ayoó: Las ruinas del campamento romano de Petavonium, el santuario de la Virgen del Campo, una parroquia, una ermita dedicada al Cristo de la Veracruz y aún hay otra edificación de la que no sé mucho más (preguntaré) en la parte alta del pueblo, que parece haber sido una especie de convento. 



Hoy nos centraremos en la iglesia parroquial, situada en la parte baja del pueblo y dedicada a El Salvador, igual que la de Ayoó. Y como con la nuestra, en la mayor parte de los lugares que he consultado mencionan que la parroquia está dedicada a San Salvador y que se celebra la fiesta a principios de agosto. Como yo misma he errado varias veces con esto en nuestro pueblo, estoy casi segura que no es San Salvador si no El Salvador.

Además de esta fiesta, el día grande es en honor de la Santísima Trinidad el domingo anterior al Corpus.



Sea como fuere, es un edificio precioso. El recinto está rodeado de un muro y una verja y frente a la puerta de entrada tiene un crucero. El pie, por cierto, está un poquito deteriorado, con las piedras sueltas.









La puerta está protegida por un porche que renacentista, con dos medallones a los lados y la cruz de las misiones en la pared. 










Junto a la entrada encontramos la habitual lápida de recuerdo de los caídos (solo los de un lado, claro) en la Guerra Civil del 36.



El campanario tiene la entrada desde fuera del muro y tiene una cubierta de madera y un pináculo de piedra en la escalera de subida.













El cementerio está junto a la iglesia.



En el interior, leo que tiene tres retablos barrocos, pero como estaba cerrada cuando fui, no he podido ni verlos ni fotografiarlos.

Lo cierto es que es una de las iglesias más bonitas del Valle, la verdad... merece la pena una visita.





5 de octubre de 2017

Adiós, Princesa


Nuestra Princesa se ha ido, silenciosa, sin decir nada, sin hacer ruido. Princesa era nuestra gata de Ayoó. Tenía 12 años, entre blanca y atigrada era mimosa, cariñosa, pedía caricias en cuanto te sentabas en la puerta. Venía, te ronroneaba, te rodeaba con su cuerpo, te pasaba el rabito para hacerte notar que éramos suyos... 










El nombre se lo pusieron mis sobrinas, que cuando la abuela dijo que tenían una gata andaban por los  8-9 años, aún en época Disney, y tras dudar entre algunas propuestas, se pusieron de acuerdo en llamarla Princesa, La Prince para los amigos.



Le encantaba colarse en casa, hubiera sido una buena gata doméstica... pero no la dejábamos, así que se hacía la furtiva y entraba en cuanto nos descuidábamos. Como aquella vez que la pillamos con una sardina que mi madre había dejado en la encimera y huyó con el pesado en la boca!!! 







Pero Princesa era también muy de pueblo, independiente, libre, trepadora, saltando de muro en muro, subiéndose a tejados, a la manzanal, bajando a la huerta... Odiaba a muerte a los perros, era ver uno y empezar a buffar y les atacaba sin ninguna consideración, ya fuera grande o pequeño. También era una gran cazadora. Estando ella no había ratón o pájaro que estuviera a salvo. Y generosa, nunca cobraba una pieza sin ofrecérsela a sus compañeras.







Nuestra gata acompañaba a mis padres en todas sus tareas, sobretodo a mi padre, con el que iba, siempre encabezando el cortejo de gatas. Que iba a segar hierba, ella en la orilla mirándole. Que iba a sacar patatas, ella en la tierra cerquita. Que iba a regar, ella subida en el árbol...








Princesa era también un poquito ligera de cascos, ha tenido camadas y camadas de gatitos, hasta tres al año y aunque la mayoría tuvieron el destino habitual en los pueblos (no se pueden dejar todos o tendríamos más gatos que moscas...). 







Sí la llegaron a acompañar hijas que se convirtieron en sus compañeras: Lisa, que desapareció bien jovencita, Liso, que también desapareció, Sol, la huraña, Luna, la última, igual de lista que ella para la caza... Ahora sí, ninguna ha salido tan cariñosa y zalamera como ella.






Princesa se nos ha ido... ha desaparecido y dado que ya estaba muy mayor y malita, damos por seguro que ha muerto en algún refugio que se haya buscado para su último momento. Mis padres siguen buscándola, hasta le habíamos preparado un lugar para que reposara, al fondo del huerto, donde tantas y tantas horas pasó al sol y acompañando a mi padre. 




Estas son fotos de Oier, al que le encantaba coger la cámara y hacerle fotos raras a la Prince...



Nunca te olvidaremos, Princesa.