17 de agosto de 2009

Conexión en directo desde Ayoó

Asomo la cabeza un momentito para saludar “en directo” desde Ayoó, donde ya llevo varias semanas de vacaciones (es decir, aislada tecnológicamente hablando).
Hace mucho calor, bastante gente ya por las calles, poca agua en los pilos y las meriendas, visitas a Requeijo y otras citas generalmente relacionadas con el comer, van llenando nuestros días a la espera de la fiesta de San Bartolo. Para este año hay un completo programa: mucha guerra de agua, cositas para los niños, sardinada en el Coito y hasta cars!!! a ver si todo sale estupendamente y todos colaboramos para que sean unas buenas fiestas. De momento, ayer tuvimos un aperitivo: mientras los jubiletas celebraban con retraso la fiesta de su santo, San Salvador, con una merienda en los bajos del Ayuntamiento, los críos se ponían manos a la masa y aprendían los secretos del pan guiados por Geno y por su hija Cristina. Se lo pasaron fenomenal, ellos y nosotros, los mayores, todo lleno de masa y harina y más tarde, calados por el agua de la manguera tras haber dejado los bollitos de pan en el horno de la panaderia de Ayoó. Y mientras se hacía el pan, guerra de agua a titiplén en El Canto, una diversión de lo más barata y entretenida :)

De momento, me despido, ya llegará septiembre cargado de fotos, nuevos temas para el blog, nuevos comentarios... Vuelvo a apagar el interruptor tecnológico y preparo la bolsa, que nos vamos a Requeijo!!!

15 de agosto de 2009

Cuando Zamora pasó hambre


En varios de los artículos que he ido poniendo en este blog (mirar los agrupados en la etiqueta Postguerra) se ha hablado de “los años del hambre”, aquellos funestos años 40, el trienio de 1944-45-46 fundamentalmente, que se caracterizaron por la miseria y la falta de lo más básico. Hace unos días, en el periódico La Opinión de Zamora, publicaron un artículo (pincha aquí y te llevará a él) que me pareció perfecto para entender y contextualizar todas estas historias que mis padres me habían contado y que por su interés, paso a copiar a continuación:

Cuando Zamora pasó hambre

Los años más duros de la postguerra, como 1945, dejaron a los habitantes de la provincia sumidos en la penuria alimenticia y con la segunda mayor tasa de mortalidad de todo el país


Varios zamoranos, en los años de la postguerra, utilizando sus caballos y burros para desplazarse


Una mirada a la historia del país obliga a remontarse hasta la década de los años cuarenta, especialmente los años de 1944 y 1945, para encontrar una situación económica y social que permita hablar de una gran crisis. Aunque los historiadores coinciden en que en absoluto es comparable a la coyuntura que atraviesa ahora el país, la Zamora de la postguerra refleja cómo el paro, el aislamiento y la escasa actividad industrial llevaron a los habitantes de la provincia a una situación límite. Eran los años del hambre, y ni tan siquiera el campo podía compensar las necesidades con unas cosechas mermadas y una cabaña ganadera que descendía a medida que desaparecían su alimentación. Desde el inicio de la década se calcula que entre 5.000 y 10.000 zamoranos emigraron a países como Cuba, Argentina o Brasil en busca de un futuro mejor.

BEGOÑA GALACHE

Los años cuarenta son sinónimos de hambre en España. Zamora, una provincia de cerca de 300.000 habitantes, no fue ajena a la coyuntura económica y social de postguerra. El campo era incapaz de producir alimentos para toda la población y la industria apenas tenía peso específico con las grandes obras ralentizadas. Enfermedades como la tuberculosis y una estructura arcaica no hicieron sino incrementar las penurias de una sociedad condenada en aquel momento a subsistir entre la resignación y el ingenio. El historiador José Andrés Casquero, en su obra «Fotografía y Sociedad», editada por LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA, describe con detalle cómo era la Zamora que se enfrentó a la última gran crisis económica.

Racionamiento. La provincia sufrió la larga crisis económica provocada por la postguerra y que agudizó la II Guerra Mundial. La actividad industrial, ya de por sí escasa, prácticamente se paralizó y escasean los productos de primera necesidad. En 1945 la hambruna es alarmante y falta el pan y las patatas, los alimentos a los que se recurría. Su racionamiento hizo florecer el mercado negro.

Mortalidad. En el Plan de Ordenación Económico Social de 1946 se contabilizan 300.000 habitantes y la segunda mayor tasa de mortalidad de todo el país. 71.000 zamoranos se dedican a la agricultura y dos tercios de las 155.000 mujeres censadas tienen como ocupación «sus labores». La escolarización, señala Casquero, era «aceptable», con 69.000 alumnos de primera enseñanza. En la capital dominan el Ejército (más de 4.000 efectivos), y los empleados del sector servicios.

Sin alumbrado. Una de las paradojas de esta década es que a pesar de la importancia del sector eléctrico, de los 546 núcleos de población aproximadamente la mitad carecía de alumbrado. Y ello pese a que desde el Santo de Ricobayo se transportaba energía a Bilbao, Madrid, Salamanca, León y Valladolid.

Viviendas inhabitables. Las estadísticas de la época cifran en unas 5.000 las viviendas consideradas inhabitables, sobre todo ubicadas en Puebla de Sanabria, Alcañices, Bermillo de Sayago y Benavente. Sólo había teléfono en Zamora, Benavente y Toro, con un total de 1.150 abonados, ocho de cada diez de ellos en la capital.

Tuberculosis. La provincia contaba con cuatro hospitales con 462 camas, un sanatorio y cuatro clínicas con 80 camas más. La capital disponía, además, del Instituto Provincial de Higiene, un dispensario antivenéreo y otro antituberculoso, aunque estos servicios sanitarios estaban mal dotados, señala en su estudio el historiador José Andrés Casquero.

Doce gasolineras. Los vehículos dedicados al servicios público sumaban 359, de los que las dos terceras partes eran camiones, mientras que el resto eran autobuses de línea y taxis. Existían 41 líneas de transporte regular de viajeros, trece de ellas principales y treinta y cinco secundarias. Sólo había una docena de estaciones de servicio (las necesarias para atender al escaso parque móvil), y los talleres se limitaban a los que funcionaban en Zamora, Benavente y el Mercado del Puente.

Pueblos incomunicados. La red de carreteras era precaria con 150 pueblos incomunicados. Por la provincia cruzaban cinco carreteras nacionales, a las que había que sumar otras nueve comarcales y veintinueve caminos locales. Con todo, la mayor parte de estas comunicaciones viarias se limitaban a caminos vecinales que en algunas épocas del año eran intransitables.

Agua corriente, todo un lujo. Hasta el año 1975 el 68% de la población rural de la provincia carecía de agua corriente en sus casas.

Refugio para los indigentes. El gobernador civil Manuel Pamplona y Blasco inauguró el 7 de mayo de 1944 el refugio para transeúntes indigentes de Valorio. Otra de las infraestructuras de servicios que tuvieron gran importancia en la postguerra fue el preventorio antituberculoso Virgen del Yermo construido en el prado de Casa Mohina, y que en los años de mayor hambruna multiplicó su actividad al mismo tiempo que se extendía la enfermedad en las familias zamoranas.

Emigración. Desde los años cuarenta los zamoranos comienzan a emigrar a países como Argentina, Cuba o Brasil, señala el historiador y director de la Uned, Juan Andrés Blanco. Entre 5.000 y 10.000 personas abandonaron la provincia durante la década. A partir de 1959 este movimiento migratorio se orienta a Europa, destino de más de 25.000 zamoranos hasta el año 1974.

Ganadería bajo mínimos. El segundo sector económico de la provincia, el ganadero, atravesó un momento muy difícil cuando entre 1944 y 1945 la sequía provocó que el número de cabezas de la cabaña se redujera de forma sensible.

Pendientes del trigo. En los duros años de la postguerra el 40% de la superficie cultivada era trigo, 120.700 hectáreas. Le seguían en importancia el centeno y la cebada. La agricultura era tradicional, atrasada y con muchas parcelas y campos fragmentados, sin mecanización ni selección de cultivos, escaso empleo de abonos y, por lo tanto, bajos rendimientos, especifica Casquero.

1,35 céntimos la sesión de cine en el Barrueco. Un número del Noticiario Nacional, NODO, y una película corta de dibujos de la casa Chamartín inauguraba, en la tarde del domingo 7 de febrero de 1943, el Cine Barrueco de la capital zamorana. Durante los primeros días se proyectó la película titulada «Eso que llaman amor», en tecnicolor y doblada al español. Los precios de las oscilaban entre una peseta y treinta y cinco céntimos que se pagaban para entrar a la sesión de las cinco de la tarde, a las dos pesetas y setenta céntimos que costaba a las siete y a las diez y media.

Afición taurina. Pese a las penalidades, las aficiones y diversiones populares se mantienen en Zamora, como es el caso de los toros. La presencia de figuras míticas del toreo llenan el coso de la capital en las principales ferias. Muchos jóvenes zamoranos sueñan con alcanzar la gloria en los ruedos. Pueblos como Villalpando y Fuentelapeña dieron a profesionales del toreo en aquellos años, como Francisco Manzano Martín «Chico de la Botica», Félix Rodríguez Antón, Gabriel Alonso Sánchez, o Lorenzo Pascual García «Belmonteño».

10 de agosto de 2009

Ayoó desde el aire


Trasteando por internet encontré un día esta preciosa foto aérea de Ayoó. Está hecha por Ricardo Melgar, aficionado al vuelo y a la fotografía aérea de pueblos, ciudades y paisajes de Castilla y León, como él mismo dice en su escueta presentación. Una parte de lo que hace puede verse en Panoramio, una web especializada en fotos de paisajes. Allí estaba esta imagen de nuestro pueblo que, pequeño error, estaba catalogada como de León (¡estamos cerca, pero no tanto!). Ahora podemos ver desde arriba Peñacabras, el cementerio, la Iglesia y casi todo el pueblo... ¡¡¡casi, que falta mi barrio de Las Casillas!!! Gracias a Ricardo Melgar por permitirnos gozar esta imagen extraordinaria.

7 de agosto de 2009

7 de Agosto, San Mamés



San Mamés es el santo que se festeja el 7 de agosto, día en el que se procesiona desde el pueblo hasta la ermita situada en la Peña que lleva su nombre. El santo no está aquí quieto todo el año: se le lleva a la Iglesia, se le devuelve a la ermita y además, se le saca en procesión, en rogativa, para pedirle agua los años que faltan las lluvias, como ha sido el presente.

En este día, en la procesión, la imagen de San Mamés la llevan los hombres y la de la Virgen las mujeres, ambos acompañados por el pueblo y por algunas mujeres, haciendo una ofrenda, con los pies descalzos. Las dos imágenes se encuentran en medio del camino y terminan de hacer juntos el recorrido hasta la ermita. Hace años que no entro en la pequeña ermita, pero recuerdo lo mucho que me impresionaron de pequeña los exvotos de cera que cuelgan de las paredes en agradecimiento a curaciones en las que se había rogado al santo.

Para el presente día se ha organizado una celebración que consta de los siguientes actos, tal y como se informó por parte de la Comisión a través de la página web de Ayoó:

11:30 Santa Misa y procesión a la ermita de San Mames
13:30 Baile vermouth en la barra de la comisión con la charanga
18:00 Campeonato de calva local
18:30 Juegos infantiles
24:00 Verbena con el grupo M-30

San Mamés es un santo muy popular, dando nombre a barrios y pueblos de todos los países y, por supuesto, en el mundo futbolístico, donde el Athletic de mis disgustos disputa sus partidos en el campo que lleva su nombre.


Esta es la vida del santo, con datos sacados de la Wikipedia:
Según cuenta la leyenda, Mamés ("el que fue amamantado") nació en el seno de una familia modesta. Algunos historiadores datan la fecha de su nacimiento en el 259 y la de su martirio en el 275.
Hijo de Teodoto y Rufina, San Mamés nació en prisión al estar encarcelados sus padres por ser cristianos. Poco después de su nacimiento murieron el padre y la madre, estando ambos elevados a los altares. A partir de entonces, Mamés fue criado por una viuda rica llamada Ammia, también santa, que murió cuando Mamés tenía quince años dejando al joven heredero de su hacienda.
El gobernador de Cesarea de Capadocia (Asia Menor, actual Turquía) sometió a tormentos a San Mamés, sin conseguir que abjurara de su fe. Después, lo envió al emperador Aureliano, que ordenó someterle a nuevas torturas. Cuenta la leyenda que un ángel lo liberó y le mandó refugiarse en un monte cercano a Cesarea.
Al parecer, San Mamés consiguió amansar a los leones a los que había sido entregado en el circo y, ante este portento, decidieron acabar con su vida clavándole un tridente en el abdomen. Aunque sangrando, el joven Mamés consiguió llegar hasta la cueva cerca del teatro, donde murió invitado al cielo por los ángeles.

También, hay versiones de que San Mamés fue arrojado y devorado por los leones (por eso a los jugadores del Athletic que juegan en San Mamés se les llama “leones”).

Tradicionalmente, es considerado como el protector de las personas con roturas de huesos y de los lactantes. Sin embargo en la localidad de Murero (Zaragoza) se le considera el abogado de los que sufren de hernia.

1 de agosto de 2009

Postales


Postales llegadas de Alemania, Bélgica, Suiza... podría parecer un recorrido turístico veraniego por Europa central, pero no. En este caso son imágenes de la emigración, de la de mi familia, mi tía, mis primos, un amigo nacido en tierras germanas y criado en las zamoranas, como muchos otros, por las abuelas... Emigración de los años 60 y 70, de salir con la maleta de madera del pueblo y aprender a trompicazos las palabras básicas (es un espectáculo oír hablar francés a mi tía Paulina, dice todos los verbos y todas las palabras y expresiones como yo nunca he sabido.... pero con acento ayoíno!!!) Alemania, Bélgica, Suiza y Francia fueron los lugares que atrajeron a los chicos y chicas que querían hacer unas perrillas para luego buscarse más cerca la vida. Algunos volvieron, otros acabaron quedándose allí, a miles de kilómetros de su pueblo. Para ellos, estas postales no son un catálogo de viajes, es ver lo lejos que les ha llevado el destino.