16 de junio de 2016

Va de pintxos...

Una de las mejores costumbres de los locales de hostelería del pueblo y alrededores, es acompañar la bebida que pides con una tapita, un pintxito que le llamamos por aquí arriba. Antes solo era cosa de los domingos, y no siempre, pero ahora, cualquier día te acompañan de un sabroso bocado el vinito, la cerveza o el refresco que pides. Bar de arriba -ahora cerrado-, bar de abajo, el chiringuito de Requeijo, en Santibáñez (nuestro preferido es el Xandra), en Benavente, en La Bañeza... tenía tantas fotos de las tapitas del verano que me cuesta creer que no haya engordado 100 kilos con todo esto. Ustedes degusten, aunque sea con la vista...

En el chiringuito, Yoli nos ofreció una buena selección de originales tapas...

Albóndigas.

Txaka.

Pinchito moruno.

Creo que esto era carne guisada... no estoy segura.

Otra albondiguita.

Carne.

Esto era una especie de ensaladilla con sardinilla.

Patatas ali oli.

Ensalada de pasta.
En el bar de Toña (seguro que hubo más tapas, pero a veces olvido la fotito...)

Pulpo.

Choricito con distinto acompañamiento.

Cresta de gallo en salsa.

Un clásico, tortilla.
En el bar de arriba (lo mismo digo... hubo más tapas, pero no siempre me acuerdo de la foto...)

Choricito y morcilla con huevo de codorniz.

Alitas fritas antes...
y el despues de las alitas.
Panceta.
Y alguna más de por aquí y por allá...

Mejilloncito en salsa y tortilla en un bar de Benavente.

Patata alioli del Xandra de Santibáñez.

Triple en el Xandra, patatas alioli, mejillón en vinagreta y tortilla.

Patatas alioli de nuevo y una alita frita en la casa rural de Congosta.

Empanada en La Bañeza.


14 de junio de 2016

Tío Ismael

Ha fallecido mi tío Ismael, todo un personaje. Estuvo casado con la hermana de mi padre, Dorinda, Rosalía Dorinda, fallecida hace ya años aún bastante joven. Después mi tío se casó con una mujer de la familia Barrio que estaba soltera, Adelaida, con la que vivió hasta el fallecimiento de esta. 

Mi tío trabajaba en el campo y compró uno de los primeros tractores que yo vi, un Ebro rojo sin cabina. Su segundo oficio era el de cocinero de bodas. Junto a mi tía, recorrió todos los pueblos de la contorna cocinando en grandes perolas como se hacía entonces: en una casa del pueblo se hacía la comida para los tres o cuatro días que duraban preparativos y la ceremonia en sí.

La otra pasión de mi tío era el teatro. De joven hizo varias comedias y no dudaba, a nada que se le diera pie, en declamar el Tenorio o lo que se terciara. Toda esa vida la resumía en un romance escrito, creo, por un sobrino y que a él le gustaba recitar. Esta es su transcripción...

Con cariño os dedico
esta historia familiar,
esperando que os guste
y gracias por escuchar.

Yo me llamo Ismael Ferreras,
de apodo “El carabinero”,
que llevo con mucho orgullo,
desde mi padre a mi abuelo.

Yo vengo de una gran familia,
desciende de varios pueblos,
Cubo de Benevante,
Felechares de la Valdería y mi pueblo, que es este.

Yo nací en Ayoó de Vidriales,
de padres nobles y honrados,
Felisa y Jose María,
y conmigo otros cinco hermanos.

Mi padre fue hombre de tratos,
regentó una gran parada,
y en las ferias de antaño
a los gitanos ganaba.

Sus caballos en las ferias
de entre todos destacaban,
y algunos como el caballo “Urueña”
en el año 1923
en Zamora, en una exposición de sementales,
el primer premio se ganaba.

Mi padre
durante todos los días del año
de las ferias y plazas se ocupaba.
Los lunes en el Puente de Sanabria,
los martes en Rionegro de la Carballeda,
los miércoles en Santibáñez de Vidriales,
los jueves en Benavente,
y los viernes en Castrocontrigo,
donde bajaba toda la Cabrera.
Los sábados feria de Utrera en La Bañeza,
donde más gitanos moraban.

Mi padre hacía muchos tratos con los gitanos,
gitanos de corbata y sombrero
y le decían a mi padre:
señor Jose María, ya nos lo decía nuestros abuelos
vale más una hora de trato que mil de trabajo.

Mi padre se sentía a gusto en la feria
porque en casa tenía un excelente criado gallego, de Orense,
para cuidar sus caballos,
sus grandes burros aragoneses
que tenía para la parada.

Salvador con un cepillo de esparto
y una raqueta
el pelo le arreglaba
y con un pujabante 
y una tenaza grande de fragua
los cascos le arreglaba.

Por lo contrario mi madre
de la casa se ocupaba,
y una de sus mejores virtudes,
la cocina le encantaba.
Fue la primera en las bodas,
en bautizos y varias matanzas,
y todo el mundo estaba contento
por sus sabrosas viandas.
Hasta médicos y secretarios
que en nuestra casa paraban.


Yo de mi padre aprendí
hidalguía y mucha labia,
por eso en las grandes comedias
de protagonista actuaba.
Hice el papel del bandido Tritón,
el de Pedro María el Mellado,
el del guapo Francisco Esteban,
un gran bandolero de los montes de Sierra Morena.

En estos tres me acompañaba
una excelente señorita
de aquí era, Rosalina se llamaba
Tuvimos un gran maestro que nos ensayaba,
señor Pascual del Prado se llamaba.


Cuando Rosalina y yo salíamos en escena,
todo el mundo se callaba;
las damas se alegraban,
los hombres palidecían y las mujercillas gritaban.
Los jóvenes con mucha alegría, gritaban:
“Viva el guapo Francisco Esteban,
el terror de Andalucía,
de las mujeres la pena
pero de las mozas, la alegría”

Ya viene el día,
alumbrando a una madre
que mucho a sus hijos quería.
De mi madre aprendimos
mi mujer Dorinda y yo
el arte de cocinar
que llevemos siempre mucho cariño
a la hora de empezar a trabajar.

Tres día de boda,
para 200 y 300 personas
en aquellas cocinas de humo
con aquellas grandes paelleras,
aquellas grandes cazuelas de pereruela,
aquelllas artesas de madera
donde adobábamos las carnes
de aquellas jóvenes terneras.

25 años haciendo bodas
25 bodas de ilusión
Aquella madre nos dejó
Hicimos cientos de bodas
en muchos pueblos de esta región
Bautizos, comuniones,
toda clase de farras
y de todas ellas salimos
sin ningún problema.
Alegres, contentos y con fama.

Solo en este pueblo hicimos 118, aquí, en los 25 años,
sin haber congeladores
ni neveras
Jamás tuvieron que intervenir
ni médicos ni hospitales
por haber salido una sola comida mala.


Mis amigos,
termino como empecé.
Carabinero mi padre, carabinero su abuelo
y yo como soy su hijo...
¡Vivan los carabineros!

3 de junio de 2016

Manolo, el herrero de Santibáñez

Este pasado verano nos acercamos hasta Santibáñez a hacer unos recados y a llevar a mi padre (o más bien al revés) a ver los cachivaches de Manolo, el herrero. 


Manuel Díez Barrigón estuvo durante muchos años al frente de la fragua de Santibáñez, un trabajo que aprendió siendo un niño junto a su tío. Mi padre me ha hablado muchas veces de cómo trabajaba, del gran fuelle, de cómo arreglaban las ruedas de los carros, cómo le llevaban aperos desde Ayoó para su reparación… Ahora Manolo está ya jubilado, pero no por eso ha dejado de trabajar en lo que más le gusta, el metal y el fuego. 









Pero es, además, un hombre inquieto, que ha convertido su casa en un museo del recuerdo de la vida y del trabajo en el campo de hace unos años, esos años que a menudo recordamos en este blog. 



En la panera adosada a su domicilio Manolo ha reunido centenares de objetos de todo tipo, collarones, yugos, dogales, pizarrines, barrilas, zapatos, mecheros, vasijas, cerraduras, carrancas, faroles, llares… ufff, tanto y en tal cantidad, que no alcanzan los ojos a detenerse en todo lo que está expuesto en las paredes.


















Además están sus trabajos manuales, pequeñas esculturas, reproducciones de edificios de Santibáñez como la alcoholera y la casa de la fábrica de harinas, de aperos y escudos heráldicos variados. 









Desde luego, este hombre no puede estar quieto y además, te lo enseña todo con una sonrisa, orgulloso y paciente. 



Así nos lo contó esa mañana de verano en la que nos presentamos sin previo aviso y en la que, amablemente, nos desgranó su historia, sus recuerdos y nos presentó sus tesoros.




Más sobre Manolo:

En el blog del Ti Joaquín.
En Patrimonio Popular, el blog del profesor Pérez Mencía.
En el periódico La Opinión de Zamora, aquí, aquí, aquí y aquí.