29 de abril de 2016

Otra de refranes

En el pueblo están ya hartitos de agua, que no ha parado de llover en semanas. El Almucera parace un pequeño Amazonas y, una vez más, ni sembrar pueden porque la tierra está encharcada. Todo esto me contaba mi madre en una de nuestras charlas telefónicas, cuando me soltó un refrán de los que yo nunca había escuchado, este:
No hay abril que no sea vil al entrar o al salir. O al medio por no mentir.
Y eso me lleva a otro, que se aplica al tiempo metereológico, pero que puede también ampliarse a tantas y tantas situaciones de la vida:
Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes...

Y ya que estamos con refranes, ahí van unos cuantos que suelen sonar mucho en casa. Estos, de boca de mi madre:
El que no tiene cabeza tiene que tener pies.
Me lleva por la calle la Amargura.
Todo mi gozo metido en un gozo.
Quién tropieza y no cae adelanta dos pasos.
Cuando no es el bazo es el espinazo.
Lo poco agrada y lo mucho cansa.
O cuando mucho o cuando nada.
Empezáis en bromas y termináis en veras.

Mi padre también suelta alguna perla de vez en cuando, y dichos bastante raros, la verdad:

Si quieres saber lo que tu compañero aguanta a andar, párate a mear.
Y para terminar, un par de frases muy típicas de mi abuela Menta.

De ser más, menos. (Siempre nos lo decía a la hora de la comida, cando protestábamos con la comida, que algo había que engullir).

El niño y el pez en el agua crecen.
Quien guarda siempre halla.


19 de abril de 2016

Bicicletas

Como casi cada día se dedica en este mundo a algo -desde lo verdaderamente importante a lo más genuinamente peregrino-, resulta que hoy, 19 de abril, es el Día Internacional de la Bicicleta. Y antes de que termine el día aprovecho para poner alguna que otra fotografía de bicis que tengo en mi colección (las fotos, no el vehículo). Y es que Ayoó y bicicleta van unidos, sí o sí. A dos ruedas por las cuestas del pueblo, de una fuente a otra, a Requeijo, por los caminos... Una de las cosas que más me gusta hacer cuando estoy allí. 

















Bicicleta en la herrería de Santibáñez.
Mi bici en el pilo de Peñacabras.
Bici con caja de leche-portaobjetos en la calle Casillas.
Bici en Congosta.
Bicis en Requeijo.
Bici en Santibáñez, también con portaobjeto-caja de leche.
La bici de José.
Familia de bicis.
Ciclistas al sol.
Mi ciclista de txiki.
Momento de reparaciones.
Chavalada con sus bicis en Requeijo.
Ferrero en su bici (y yo en la sombra que se refleja).
Mi padre y la BH, ¡otra vez sin rueda!
Las BH de mi casa, la mía, la pequeña y la grande, la de mi hermano.

12 de abril de 2016

Santiago Jalones

Santiago Jalones ha sido uno de las personas más curiosas que ha habido en Ayoó. Yo le conocí desde niña, con la ropa sucia, dejado, el pelo alborotado, hablaba un tanto a trompicones y, por supuesto, ¡¡¡me daba mucho miedo!!! Era como el hombre del saco en carne y hueso. No entendía cómo mi abuela podía pararse a hablar con él tranquilamente cuando pasaba con el atao de berzas a la espalda y aprovechaba para parase a descansar en el puente La Flora, junto a la casa de Jalones. Yo me escondía detrás de su falda y observaba a Santiago.

Fotografía de Santiago de joven, sacada de la imagen de los jóvenes de Ayoó que trabajaron en las minas de Sopuerta y que comentábamos en el artículo anterior.

Mi padre me ha contado diversas anécdotas de él. Hijo de la Ti Demetria y el ti Felipe Centeno. Su padre había enviudado y quedó con una hija (María, la que luego sería madre de Flora, la de Emiliano) y se casó con esta mujer con la que tuvo a Santiago. Murió hace como 20 años, si viviera, ahora tendría unos 85 años, algo mayor que mis padres.Jalones es el mote que viene de su familia. El padre era conocido como el Ti Felipe Jalón y su mujer, la Ti Demetria la Jalona. 

Aunque se le veía un poco atolondrado, Santiago no era retrasado, aunque es cierto que tampoco aprovechó la poca educación que entonces estaba al alcance de los niños. Según mi padre “no iba a la escuela, no aprendió ni a escribir ni a leer bien”. En la adolescencia tuvo el baile de San Vitorino, así lo ha descrito mi padre, que recuerda como el de Santiago decía “el mi Santiago como tiene el baile de San Vitorino viene a tirarle piedras a Santa María” (a la casa de Santa, luego su vecina, que tuvo que poner una malla para evitar que le rompiera los cristales). 

En internet he encontrado algo sobre esa enfermedad, no sé si será lo que él tuvo:La Corea de Sydenham es uno de los signos principales de la fiebre reumática aguada. Se le conoce también como “mal de San Vito” o “baile de San Vito”. Se observa en niños y adolescentes entre los 5 y los 15 años y tiene consecuencias visibles como movimientos espamódicos incontrolables, pérdida del control de la motricidad fina, especialmente de los dedos y de las manos y pérdida del control emocional con ataques inapropiados de llanto o risa, entre otros.

Mi padre me ha contado varias anécdotas de protagonizadas por él: “Cuando no estaba la madre en casa, se freía huevos para comérselos. Un día ella le pilló y le gritaba, “¡desgraciado, así no ponían las gallinas, que te comes tú los huevos!” y Santiago le respondía “los que como yo no los siento, siento los que meto debajo del escañil cuando noto que vienes y me los comen los gatos”. “Anda, animal, bandido” y Santiago “yo bandido y tú, bandolera”.

También era de mucho canturrear cancioncillas, algunas que existen como la de “Asómate a la ventana con medio cuerpo por fuera que quiero saber si eres casada o soltera” y otras que se inventaba: “yo no canto cantares, canto piropos… Las mocitas de este pueblo cantan ya: la cigüeña anda al macho, cuando andaremos nosotras...”.

Cuando nació su sobrina Flora, cantaba, “es año de recreación, pare la vaca, pare la perra y pare mi hermana María”.

Otra canción: “pajarillos que andáis por el monte con la boca abierta y el dabo (si, lo pronunciaba así) tendido, decidme no habéis visto a mi cuñado Mariano, que se me ha perdido”.

En su día escribí un post que titulé “La multa y el nabo”, donde un grupo de jóvenes del pueblo se enfrentaron a una denuncia de un vecino del pueblo y tuvieron que bajar a Benavente en el carro del Ti Manuel Riesco. “Uno de los rapaces del grupo era Santiago Centeno, el conocido Jalones del pueblo. Cuando le tocó firmar dijo que no sabía escribir y que tenía que hacerlo con el dedo. Y la secretaria, que se ve que estaba de buen humor, le empezó a vacilar. Dio un golpe en la mesa y mirando a Santiago le decía: “ay, rapá, yo que me había enamorado de ti al verte, tan guapo, con ese pelo rizo que tienes...”. Salieron del juzgado y Santiago siguió siendo el centro de las bromas. “Le pusimos -recuerda mi padre- un papel en la espalda que decía “Se vende este burro por goloso” y fue por toda la ciudad con el cartel y nosotros ja ja, jaja... venga reírnos”.

Un tratante que solía ir por el pueblo era conocido por todos como “El Feo”. Vio a Santiago y le dijo, “hermano, he recorrido mucho mundo y nunca he visto a uno tan parecido a mi como tú. Y un guarda de campo de los que había en el pueblo le dijo “oye, si vas por el monte, quién se espanta, el lobo o tú?” y Santiago contestaba “pues íbamos a andar a ello”.

Santiago iba siempre hecho un potroso, con la camisa fuera, un “chafallambras”, que dice mi padre. “Bruto sí era, peligroso no. Le gustaba el vino y el aguardiente, pero no era un borracho habitual. Trabajaba poco y mal. A veces le hacía algún trabajillo a César Cortés (el padre de Pedro el de Visi)”. 

Realmente Santiago era un hombre tranquilo, dejado y poco trabajador, pero nada que ver con la imagen de monstruo malvado que había creado mi mente infantil.Jalón es una palabra que proviene del francés y que en sus primeras acepciones significa “hito, y en sentido figurado, persona, cosa o hecho clave y fundamental” y en topografía, vara con regatón de hierro para clavarla en tierra y determinar puntos fijos cuando se levanta el plano de un terreno.


Vivía en la casa que está en la punta abajo del pueblo, en la salida hacia Congosta, donde el Puente la Flora. La casa era de su familia, tenía abajo la cuadra y encima la vivienda y se mantuvo en pie hasta hace unos pocos años, cuando la tiraron ante su mal estado.


7 de abril de 2016

Chocolate

La tradición de los huevos chocolateados de Pascua nos ha llegado a través del cine, los dibujos animados o de personajes infantiles como Winnie Pooh (en mi casa así fue).



En Cataluña es típico que los padrinos le hagan a los niños la "mona", un dulce de chocolate que en los últimos años cada vez se ha sofisticado más y son auténticas obras de arte. 



Monas de Pascua catalanas. Las de arriba son de la familia de mi amiga Susana, las de abajo son de una pastelería del Barrio Gótico de Barcelona.
No es una costumbre de Ayoó, pero no hay que ir muy lejos para ver estas preciosas piezas. Cada Semana Santa vamos hasta La Bañeza y aprovecho para ver los escaparates de algunas de las confiterías de la ciudad con las preciosas piezas de chocolate que exponen en ellos.

Escaparate de la confitería Conrado en 2011.

La otra parte del escaparate.

Huevos en Pastelería Peñín, 


Conrado, este año.

Monos de chocolate, también de Conrado.
Reproducción en chocolate blanco de la Iglesia de Santa María de La Bañeza. La tienen hecha desde hace varias años, me gustaría saber cómo la conservan... Esta foto es del año 2011 y la de abajo, de este año, 2016.



Quizás la tradición de huevos y monas no sea muy nuestra, pero sí lo es el mundo del chocolate, un alimento que siempre ha estado presente en las casas del pueblo, antes como un lujo reservado para días de fiesta, después para momentos de celebración (¿quién no ha culminado una larga noche de fiesta en San Bartolo con un alocado chocolate de madrugada?) y ahora, como uno más de los productos que podemos tener en la despensa. 

Fotaza de mi álbum, chavalada tras el chocolate... comer no sé si comimos, pero pintados de chocolate estamos todos. Post Sanbartolo del año 1986.



Cocinando el chocolate en una fría Semana Santa de hace unos años, después de la larga misa del Sábado Santo.

Un amigo nos hizo y nos puso estas fotos del chocolate de Reyes de hace unos añitos. ¡Qué no falta el chocolate en cualquier celebración!



También está la especialización, que los chocolates se presentan ahora con formas curiosas, con mezclas de sabor, ediciones especiales.


Chocolates de todo tipo de colores y sabores en una tienda de Astorga, tradicional ciudad chocolatera.

En la casa de mis abuelos no faltaba una tableta de chocolate Santocildes, el de Castrocontrigo, la fábrica a la que mi abuelo Teófilo llevaba la harina, como ya conté en este otro post




Y es tradición familiar que todas nuestra visitas a Benavente o a La Bañeza comienze con un buen chocolate con churros!!







6 de abril de 2016

Ayoínos en Sopuerta

Hace unas semanas se puso en el grupo de Ayoó en Facebook una interesante fotografía en la que yo, la verdad solo vi dos cosas: que uno de los protagonistas era Santiago “Jalones” y que parecían estar posando ante el cartel de un pueblo de Sopuerta llamado Labarrieta. Sonaba un tanto raro, así que le consulté a mi padre y él me confirmó totalmente la historia de la imagen: Santiago, junto a un buen número de jóvenes de Ayoó, estuvo trabajando en las minas de este barrio de Sopuerta, pueblo situado en la zona de las Encartaciones vizcaínas, a 30 kilómetros de Bilbao.

Foto de Miguel Borreguero de la Cruz.

Vinieron aquí de la mano de Fermín, un guarda de campo (aquí se explica lo que era esta figura) vizcaíno -concretamente de Zalla- que estaba casado con una mujer de Villalpando y al que enviaron a Ayoó durante un tiempo. El tal Fermín hizo de enlace entre el trabajo que ya entonces comenzaba a ser abundante en Vizcaya, y los jóvenes de Ayoó. Alberto Alonso me contó que él se vino a trabajar a la construcción en Bilbao de su mano (en otro momento contaré esta historia) y en esta ocasión, pidió hombres para trabajar en la mina de Labarrieta. “Estuvieron aquí trabajando, a duro la hora, diez horas, diez duros”.



En la fotografía aparecen los que entonces eran unos jóvenes. Están identificados, de izquierda a derecha, aunque alguno aún falta: 1, Antonio García / 2, Santiago “Jalones” / 3, David, El pregonero / 4, Miguel, el de Carmelina / 5, / 6, Ricardo, el de Sofía / 7, / 8, Antonio, el de Inocencia / 9, José “Pistolo”.

21 de marzo de 2016

Primavera

Los romanos llamaban "veris" a todo aquello que no era el frío invierno, una mezcla de lo que ahora sería la primavera, verano y parte del otoño. Con el paso del tiempo, se comenzó a llamar "prima vere", al comienzo del bueno tiempo y de ahí vendría nuestra palabra de la "primavera".  Y la estación del comienzo del buen tiempo, de los días más largos y de las flores, ya está aquí. Momento que aprovechamos para presentar algunas de ellas, unas cultivadas, otras silvestres, que nos alegran la vista.


Cantueso en Peñacabras.
Narcisos en las jardineras de Las Escuelas.
Urz en Peñacabras.
Correhuela.
Geranios en la casa de Antonia.
Flor entre piedras en la mina.

Hortensia.
Flor blanca en la casa de Eulogio y Aurea.
Carqueixa en Peñacabras.
Flor del manzano.
Flores en el nuevo parquecillo de la huerta del cura.
Flores en Congosta.

Gladiolos.
Flores en el chiringuito de Requeijo. Foto de Shot Ayoó de Vidriales.
Origen de la palabra primavera, consultado en la revista Muy Interesante y en el blog Gramática y algo más.