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10 de noviembre de 2021

La limpiadora de Congosta

Me encanta ir caminando por los pueblos y encontrarme maquinaria antigua. Ya cumplieron su papel y terminan junto a una pared, en una tierra, o, como en este caso, a la sombra de un árbol. Estaba en Congosta, muy cerca de la zona de las bodegas.

Es de la marca Hernández, tiene el nombre en la panza del tambor y se encontraba en bastante buen estado cuando la vi, que fue hace unos años. Tendría que volver a ver cómo la ha tratado el paso del tiempo. 












14 de julio de 2021

La trilladora de cereal... y de alubias

Paseando por los alrededores de Congosta, por la zona que rodea la presa, encontramos esta máquina de aspecto curioso y que yo nunca había visto en Ayoó. 


Pregunté hace un tiempo en el grupo de facebook del pueblo y entre varias respuestas me aclararon mi duda: la máquina era una trilladora. En nuestra zona se utilizaba para el cereal, para la cebada, el trigo, el centeno... Pero en la zona de León, tierra de legumbres, se usaba como trilladora de alubias.

Una trilladora similar que estaba en venta en la página Agroanuncios.

La trilladora, como las grandes que estaba yo más acostumbrada a ver en Ayoó, funcionaba acoplándose a un tractor con una toma de fuerza. Aquí hay un pequeño video donde se ve como se mete la planta de la alubia en la trilladora.

En un artículo del periódico leonés "La nueva crónica" (de octubre del año 2018) se explica como utilizaba este apero Vicente, de Villar del Yermo. El ha mantenido en uso esta vieja máquina, para la cosecha de su casa: 

Fotografía de La nueva crónica.

Con sombrero de paja y la horca en la mano, Vicente va cogiendo los montones de matas de alubias ya secas y arrancadas desde hace ocho días para meterlos en la trilla en una de sus fincas en la localidad de Villar del Yermo. (...) (la alubia) se almacena en el depósito que lleva incorporado el trillo tras separarla previamente de la paja y para después trasladarla desde la finca a la nave en grandes sacas. Allí queda por delante limpiar, seleccionar y empaquetar el producto, procesos que también conservan la esencia añeja de la agricultura del siglo pasado.

En las respuestas me decían que en Ayoó hubo dos máquinas de estas y que en Congosta aún quedaba alguna también, además de la que está en la tierra. 



3 de octubre de 2019

Las melenas

Este verano estuvimos (por fin) haciendo un poco de limpiea en el sótano de casa. De allí sacamos, entre otras cosas, unas melenas de las vacas que mi padre echó en el lado de “para tirar”. Nooooooo, le dije, que eso lo arreglo yo. Las pobres estaban manchadas, resecas, rotas…. Pero estaban, que era lo importante, es decir, no habían desaparecido a lo largo de los años, las tenemos y hay que conservarlas. 


Así que manos a la obra, paciencia, ir raspando la mierdilla que se le había pegado por todos lados y nivea, muuuuucha nivea para devolver al cuero algo de su antiguo esplendor. Yo le eché nivea porque era lo que tenía a mano, también me han dicho que le va muy bien la grasa de caballo, esa sustancia grasosa que se usaba hace años para lustrar las botas camperas. 


Mis melenas volvieron a la vida, parecían otro objeto, nada que ver con los colgajos que sacamos del sótano. El cuero se flexibilizó, apareció la belleza de la composicion de tachuelas y descubrimos un objeto cotidiano que se hacía con gran gusto. 


Según me contó mi padre, estas piezas se las había hecho a mis abuelos un artesano de Santibáñez llamado Goyo y apodado El Gordil, como su padre. Este señor trabajó de guarnicionero (el que trabaja el cuero). También repartió petróleo, luego tuvo un autobús que andaba por la zona y me cuentan que tuvo casa y tienda frente al super, llamada Electrovidriales. Ahora, ya mayor, debe estar con su hijo viviendo en Benavente. 

Pues él fue quien hizo estas joyitas, con el cuero, la zona baja adornada de tachuelas alrededor y con florecillas metálicas decoradas. Iban rematadas con unas trenzas de cuero que debían caer sobre los ojos de las vacas, para evitarles las molestias de moscas y otros insectos. Esta parte está ya muy estropeada, una de ellas ya no tiene nada y a la otra apenas le quedan unos colgajos. 


En la casa de mi amiga Adela, donde Martina y Gerardo, han recogido y arreglado otras melenas en mucho mejor estado que las mías. Su hermano Javi las limpió con esmero y ahora lucen así de chulas en el portal de casa:







A esto yo le llamo melenas, pero realmente, la melena es esa parte que digo que iba delante de los ojos de los animales, parece ser que la pieza total recibe el nombre de mullidas o frontiles. Es un almohadilla que se ponía debajo del yugo para evitar que este hiciera daño en el cuello de la vaca cuando iba uñida al carro. El arreo es una pieza de cuero rellena. En el caso de las mías, como están rotas y se ve el interior, yo diría que el relleno es como pelo, supongo que de vaca o de cabra, porque es corto y duro. Va cosido con tiras de cuero y adornada con tachuelas alrededor y también en la parte baja, en la parte que va justo encima de los ojos. Luego irían las melenas propiamente dichas hechas como las mías con tiras de cuero o bien con cordones de lana. 


En esta foto que Delibes colgó hace años en la antigua página web de Ayoó, se ve al vecino de Ayoó Sergio posando con su carro y su pareja y ahí se observan bien sus melenas.





En esta foto del pueblo de Cuadros también se ven bien:




Como en los arreos de los caballos, los de las vacas iban más allá de su mero uso instrumental y se convertían en ornamento para alardear y engalanar animales y carros. En la foto del libro Avileños (se puede consultar aquí), vemos una pareja usada en el arrastre de piedra, ataviada con unas melenas de gala.


En un artículo que he leído del Museo Etnográfico de Camargo (Cantabria) dedicado a las melenas se hacía mención a un artículo de un periódico y se leía esto: "Llegando el segundo domingo del mes todos teníamos la misma intención: el ferial. Unos para llevar el ganado previsto, andando desde sus cuadras, llevando del ramal la vaca con la ubre bien henchida, la novilla lustrosa y rellena de carnes, el jato con la prisión o cebilla, la pareja de tudancas bien apretada al yugo con las coyundas y luciendo los frontiles "de feria" (de gala), arreando el dueño con la aguijada su cansino andar…".


En un artículo que he encontrado colgado en unas páginas oficiales del Ministerio de Cultura, titulado Animalario, visiones humanas sobre mundos animales, se explica así todo esto de lo que estoy hablando: Un elemento fundamental de protección de las cabezas del ganado vacuno que lleva yugos de tipo cornal -atado a los cuernos- son los frontiles, muchas veces asociados a las melenas. Mientras los primeros evitan el rozamiento de yugo o de la correa que lo ata, la coyunda, las segundas tienen como misión espantar las moscas de la cara del animal. Normalmente suelen ser de cuero y están rellenos de paja, lana o borra, para amortiguar la presión. No obstante, también pueden estar hechos en esparto, como ocurre en el sur del país. Las melenas pueden ser una parte de ese cuero, hecho tiras o, como en este caso (el de la fotografía) de lana. En determinadas zonas hay un gusto decorativo que, como en otros trabajos de curtido del cuero, recurre a tachuelas de latón para formar motivos geométricos. En este caso, además, el elemento decorativo se une al funcional en las melenas de lana de color rojo trenzadas y acabadas en una borla.



11 de mayo de 2019

La Ceres de Ovidio

Después de hacer la entrada sobre la segadora Trepat de Carracedo (e información que tengo sobre las Ajuria), decidí buscar algo más sobre una de las aventadoras que más me han gustado siempre: la que está junto a la panera en el pilo de Peñacabras. 




Tengo bastantes fotos de esta máquina, que lleva años y años ahí, inmóvil, marchitándose poquito a poco, pero siempre tan hermosa. 

Año 2008.
Verano 2008-
Verano de 2010.
Año 2011.
Año 2013.

Año 2016.
Año 2017.
Año 2018.

Tiene varias inscripciones: arriba, en la entrimoja o tolva, aparece el nombre Baladron, La Bañeza. Quiero pensar que era algún comerciante de la ciudad, quizás el que vendió la máquina. 

En la panza del tamboR hay dos inscripciones: La Ceres, Mca. (marca) Registrada y Ovidio de Abajo, Tiedra. 


Rebuscando en internet encontré una fotografía de un señor llamado así, Ovidio de Abajo, con un grupo de amigos en el pueblo de Tiedra (Valladolid). 

Revista El Tayo nº6-9

Todo coincidía así que pregunté a través del Facebook y me contestó un nieto suyo, Mariano Martín. Él, amablemente, me desgranó la historia que paso a relatar: 

Mi bisabuelo, Marino de Abajo, empezó fabricando carros en Tiedra, creo que a comienzos de siglo. Tras ellos empezaron con las aventadoras, creo que a partir de 1930, mi bisabuelo Marino y su hermano Cipriano.

Mi abuelo nació en 1914 y murió en 1989. Aprendió el oficio desde niño y en 1951, cuando falleció mi bisabuelo Marino, se quedó él con los talleres. Tenían uno de fabricación y otro de pintura. Durante el invierno fabricaban las máquinas y cuando llegaba la primavera, mi abuelo cogía su moto y viajaba a Castilla La Mancha y Castilla León para hacer clientes.

Las máquinas las llevaban a Toro en camión y ya en Toro las subían al tren donde las transportaban.

El nombre de Ceres era cosa de mi abuelo, es la diosa de la agricultura y le parecía que quedaba bien.

Con la llegada de la cosechadora, sobre 1961, todo se acabó. Mis abuelos, mi madre y sus hermanos se marcharon a Madrid, donde se afincaron. Otro hermano de mi abuelo que también estaba en el taller se fue a Medina del Campo y empezó a hacer muebles de cocina y acabó montando una fábrica.
Eran personas con espíritu emprendedor, trabajadores y con don de gentes para poder venderse.
Ovidio estaba vendiendo máquinas por Murcia cuando estalló la Guerra Civil y le llevaron a Rusia. Acababa de nacer su primera hija y le tuvieron allí tres años para ser piloto de aviones. Cuando acabó la guerra, pudo volver. Al llegar a Valladolid, la primera persona con la que se encontró fue con su padre, algo muy emocionante. Por fin pudo conocer a su hija. El abuelo Ovidio nos contaba unas historias fascinantes de todas sus andanzas por la vida. Un abuelo genial y un magnífico constructor.

La aventadora de Ovidio está en Ayoó, como digo, junto a una panera que está al lado del pilo de Peñacabras. 



No sabía de quién era hasta que me entró la curiosidad tras conocer toda esta historia. Pregunté en casa y mi padre me comentó que creía que era de la familia del Ti Emiliano. Una de sus nietas, Adela, es amiga mía y ella le ha preguntado a su madre, Martina, quien nos ha cerrado el círculo de la historia de la máquina: la compraron su abuelo, el ya mencionado Ti Emiliano y su cuñado, el Ti Eulogio (abuelo de nuestro también común amigo, Eulogio) que a la sazón, eran cuñados, estaban casados con dos hermanas Luzdivina y Celestina. 

Entonces era muy habitual hacer eso, comprar una máquina entre dos personas, familiares o vecinos (en muchas ocasiones, vecinos de era, para sacarle mayor provecho) para compartir gastos y ayudarse en la faena. La máquina es ahora de unos de sus hijos, al que le tocó también la panera junto a la que está. 


Y esta es la historia de la Ceres.

Antes de terminar y ya que, de alguna manera, hemos terminado en Tiedra, dar unos datos sobre este pueblo: Apenas tiene ya 300 habitantes pero una gran historia tras él: ya había un núcleo habitado antes de los romanos y fue una próspera ciudad en tiempos medievales. Tiene un castillo del S.XII, un centro astronómico, muralla, plaza mayor porticada, Iglesias, ermitas, casas de barro. No lo conozco, pero me han entrado unas ganas…. Aquí, el enlace con la información de lo que nos podemos encontrar en el pueblo.
Como curiosidad, su alcalde, de IU, se apellida Gato Pérez, como el rumbero catalán.

24 de abril de 2019

Máquinas agrícolas Trepat

En el post anterior dábamos la pista de una de las joyas que estaban escondidas en un corral de Carracedo: la segadora-engavilladora Trepat.




La máquina está en bastante buen estado, la verdad. Imagino que será como de los años sesenta o principios de los setenta y supuso un avance en la tecnología del campo ya que segaba y hacía las gavillas, como su nombre indica. 

He encontrado un blog, este, donde explica cómo funcionaba: Una vez que la máquina se enganchaba a la toma de fuerza (tractor o caballería) se bajaba el cuerpo de la misma, una plataforma de madera de forma semicircular, a ras del suelo para el corte de la mies lo más bajo posible. Un mecanismo adosado al eje de la rueda hacia girar varias cuchillas, permitiendo el corte del cereal. Cuatro rastrillos de madera giraban en sentido circular, meciendo sobre el peine de cuchillas el cereal para ser segado y uno de estos rastrillos, en una de las vueltas, se desliza sobre el tablero arrastrando la mies sobre él y arrojándola al suelo.


Recuperación de la siega con máquinas en los años 2000 en Velilla de la Reina, León.

Trabajando en Rapariegos, Segovia.
Usando la segadora en Hortiguela, Burgos.
Esta máquina es de la marca Trepat, una fábrica de Tárrega, Lleida, que fue una de las más importantes fabricantes de aperos en el siglo pasado, desde el año 1914 hasta los ochenta, cuando acabó cerrando. 

En un blog sobre aperos agrícolas, Alma de herrero, recojo un poco la historia de esta fábrica:

Su fundador Josep Trepat Galcerán (1881-1974) vio muy rápidamente, que las máquinas que se importaron de los Estados Unidos, (McCormick), no se adaptaban a las necesidades de producción ni tampoco al poder económico de la mayoría de los agricultores españoles. Entonces pensó que era urgente e imprescindible dotar a los agricultores de una máquina bien adaptada a los campos de aquella época.

Las máquinas segadoras de Trepat, podían ser traccionadas por un solo animal, tenían un precio muy asequible y también tenían un buen rendimiento. Esta idea, fue la que le hizo dar un salto hacia el progreso, produciendo las máquinas en cadena de montaje.

Desde principios de los años 1930 hasta finales de los 1960 Cal Trepat, dominó el mercado nacional de estas máquinas. Pero a pesar de ello, la fábrica se encontró con un dilema, el cual no supo hacer frente, que era la llegada de la maquinaria con motor, y esto fue el comienzo de su decadencia. Las palabras exactas serían que no se modernizaron.

La mayoria de sus trabajadores fueron abandonando la fábrica entre finales de los 1970 y principios de los 1980.


Cuando estuve viendo el pequeño y coqueto Museo de Castrocalbón, también tenían una segadora Trepat muy parecida a esta de Carracedo protagonista del post de hoy.



Hace pocos años, todo ese patrimonio, incluybendo unos preciosos pabellones donde estaban los talleres y la dirección de la empresa, 


Fotografía Web Museu Trepat.

se retomaron, se reconstruyeron y allí se ha puesto un Museo de la historia agrícola y tecnológica que tiene muy buena pinta. Su nombre oficial es Museo Fábrica J. Trepat de Tàrrega y aquí está su página web.

La verdad es que el devenir de estos industriales y de sus fábricas, que marcaron el mundo agrícola del siglo XX es apasionante. He encontrado un trabajo que habla de ellos y de su relación con el devenir político español, la guerra civil, el franquismo, que me parece muy interesantes. Aquí el enlace: