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14 de mayo de 2019

Edificios singulares de Carracedo

Carracedo ha sido el protagonista del blog en artículos anteriores, pero aún nos queda alguna cosa que mostrar, algunos de sus edificios singulares: palomares, transformador, antigua escuela y panera comunal.

Empezamos con esta última, la panera que, como recoge el profesor Pérez Mencía en su blog Patrimonio Popular, era un edificio independiente que servía para guardar el pan, el grano o la harina de forma comunal.




La de Carracedo está, efectivamente, en medio del pueblo, tocando casi con una casa al lado y en bastante buen estado de conservación.




Otro de los edificios singulares que encontramos, es el transformador de la luz. En este caso, un edificio con la base de piedra y las paredes de barro que está a las afueras del pueblo, cerca de la carretera.




Junto a la puerta está el nuevo transformador, situado sobre dos pilotes metálicos. Dentro del edificio hay unas maderas y en la parte de arriba, parte de la antigua instalación y una zona de ventilación que por fuera está cubierta por una celosía de madera. 




Ya hablamos de cómo y cuándo llegó la luz a Ayoó, aquí, y recordamos que allí también aparecía Carracedo: La luz llegó primero a Santibáñez, de donde la cogieron San Pedro y Carracedo. Congosta la tomó desde Carracedo, pero el servicio se les iba continuamente. En Ayoó se decidió engancharla desde Cubo. El resto de los pueblos del valle, desde Rosinos hacía abajo, tuvieron luz mucho más tarde.







El tercer edificio peculiar de nuestros vecinos, son dos en realidad: dos palomares. De uno no queda más que un resto de pared donde aún se pueden ver los nidales en la pared de barro. Está muy cerca del transformador, entre el casco del pueblo y la carretera.




 En el blog de Patrimonio Popular se citaba a un vecino que contaba como era el palomar cuando estaba en pie: Estaba construido de tapial y no era muy grande. De forma cuadrada y con un solo tejado, orientado hacia el este, como casi todos los de la zona. Sobre el tejado unas ventanas pequeñas, a modo de troneras, por donde entraban y salían las palomas, que no eran pocas, cuando el edificio se encontraba en buen estado.



Al otro lado del pueblo hay otro palomar, este no sé si en uso pero al menos en pie y en buen estado. Está revocado y pintado de blanco y tiene una pequeña entrada encima de la puerta.







El último edificio peculiar en pasar por este desfile, es el de la antigua escuela del pueblo, que ya hace bastantes años que está fuera de uso. Está en el camino que va hasta la Iglesia y es una construcción de un solo piso, con su chapa de Escuela Nacional aún encima de la puerta.







15 de abril de 2019

Aperos de incógnito

En mi paseo fotográfico por Carracedo encontré unos cuantos de esos tesoros que permanecen recogidos y escondidos: maquinaria antigua, herramientas, talegones y hasta un horno. Tesoros que se han dejado a un lado y que apena pensar que van a terminar hechos trocitos por el tiempo. 

Detrás de una casa, en un callejón, había un montón de cosas que me llamaron la atención. Lo primero, un estupendo horno con tejadillo, en bastante buen estado de conservación (lo que se veía al menos). Alrededor, unas tejas, cajas antiguas de uva y unos atados de leña. 




Al lado, encontramos una limpiadora o beldadora, similar a otras que vemos aún por aquí y por allá, abandonadas tras una vida de trabajo. 










 Ahí está la máquina, debajo de unas habas secas, con la cinta de transmisión colgando y apoyada sobre ella, un arado. Ojos más expertos que los míos, al enseñar las fotos en el grupo de Ayoó de Facebook, han visto además un arrodadero, un burriquete usado en la construcción y el ya mencionado arado, que identifica como de horcate (horcate es el arreo de madera o hierro , en forma de herradura, que se pone a las caballerías encima de la collera y al cual se sujetan con cuerdas o correas de tiro, en definición de la Rae). 







También hay un buen número de talegones de los usados en la vendimia, un carretillo para llevar el arado de caballería...




Sobre la pared, hay una preciosa barandilla y sobre ella, las pernillas del carro y la manguera del arado.


                                                     

Por si esto fuera poco, encontramos la joya de  todos estos tesoros: una segadora engavilladora de la marca Trepat, que va a merecer un post aparte, que publicaré tras este. 

Fuera de un corral, también en Carracedo, encontré otras dos máquinas limpiadoras: una bien curiosa, con el cuerpo de chapa grisácea, bastante más grande que las otras más habituales de ver y otra que estaba ya casi desmontada y troceada. Dos joyitas ahí, viviendo sus últimas horas.