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14 de abril de 2022

La Procesión de la Soledad del 19

Vuelve a llegar la Semana Santa y esta vez podemos volver a reunirnos en Ayoó sin restricciones por la pandemia. Y veo que la última en la que pudimos ir, en el 2019, aún no tenía sus fotos subidas. No es que haya muchas imágenes, pero si del acto central de esos días en el pueblo, la Procesión de la Soledad. 

Así que aquí están las imágenes de esa procesión, que empezó de día y nos fue cayendo la oscuridad según nos acercábamos a la Iglesia.



Como el párroco habitual, Miguel Hernández, no tiene el don de la ubicuidad y no puede estar en tanto pueblo como tiene bajo su mando, en esta procesión vino un sacerdote ya jubilado de Santibáñez. Creo que se llama Pedro Centeno, no estoy segura de su nombre. 


Aquí un pequeño video de los primeros pasos de la Procesión, con los "avociadores", Gaspar, Celso, Nides y Joaquín.


Sigue la Procesión mientras va cayendo la noche...












En la iglesia, el altar preparado para estos días. (Inciso, juraría que la segunda alfombra es igualita a la que tenían mis padres en casa... oye, qué cosas...)


Y para terminar, un clásico: Celso cantando su saeta de Serrat, con el sentimiento que él le pone y el agradecimiento de todos los que estábamos allí. 


Han pasado dos años, desgraciadamente algunas de las personas que aquí estaban ya nos han dejado, pero aunque yo no soy religiosa, sí soy muy devota de las tradiciones del pueblo y allí estaré también este 2022 despues de dos años de no poder acudir, pandemia mediante.


25 de diciembre de 2021

Dichos de mi casa

Para terminar el año, un repaso a algunas palabras, dichos, giros, expresiones que se usan en Ayoó... o al menos, en mi casa.

Comenzamos con uno de mi tío Agustín, hermano de mi abuelo Téofilo (el que vivía en la casa que estaba donde ahora está el Ayuntamiento del pueblo). Le gustaba mucho el vino, yo siempre le recuerdo bebiendo unas sopas de vino, pan mojado en una taza de porcelana. Y tenía un dicho un tanto irreverente que decía: Más vale vino maldito que agua bendita. 

También tenía una frase versión propia de la famosa canción de "el agua para la ranas y pa los peces que nadan bien" y que era "el agua estropea los caminos y los estómagos".


En los días locos del otoño, cuando tan pronto llueve como sale el sol, se suele llamar a eso "sol de brujas" que parece que se queda el día estupendo y de repente, otro chaparrón sobre la cabeza. En casa me contaron un dicho sobre esos días metereológicamente locos: Cuando llueve y hace sol es la gala del pastor. Cuando llueve y hace frío, es la gala del judío. 


Un día que mi padre me estaba contando historias del pueblo y me contaba sobre alguien a quién le gustaba jugar dinero, se acordó de un refrán sobre este tema: La bolsa del jugador no necesita atador.


Sobre aparejos para atar, otro refrán: El que lleva la cuerda al rastro tarde o temprano la pisa.


De la vida misma es este otro que también me recordaron en casa: el cariño verdadero entra por el meadero. Más claro, ¡¡el agua que estropea los caminos!!!


Y termino con un dicho de sabiduría popular: No hay mucho que no se acabe y poco que no llegue. 

5 de diciembre de 2021

Las nuevas coplas de Vasallo (y 5)

Como el sol estaba alto,

allí no cantaron más.

De los cuartos de rebusco

pocos quedaban ya.


Dijo Joaquín Vasallo:

-Vámonos a la Vizana,

pasando por Ozoniego

que allí hay vino de cuba,

que el de garrafa no es bueno,

que la bota está vacía

y tengo el gañote seco.

Si hay alguien que nos escuche,

por un cantar yo la lleno

y, si allí no hubiera nadie,

ya volveremos luego.


Cantaron en Ozoniego,

la bota llenaron.

Dos barreños de patatas

con berza les regalaron.

Y hasta una cabezada

 pequeña los dos echaron.


Los cuartos de siete coplas,

siete veces los contaron.

Lo que había en la fardela,

siete veces lo palparon.

Siete más lo iban a hacer

por ver si faltaba algo.


La cuenta, al fin, se acabó,

porque así dijo Vasallo:


-¿Para qué ya la Vizana?

Con lo que hoy hemos sacado,

tenemos para dos semanas.


¡Vámonos de vuelta, nieta!.

Mañana tendrás un duro,

si me llevas a San Esteban

por un camino seguro,

sin tropiezos o me choques

la cabeza contra un muro.



-Mi palabra ya cumplí

y otra vez la cumpliré,

pero ahora deme uno

que el otro lo pediré;

y, según me dijo usted,

con las perras hoy ganadas,

otro duro ha de sobrar

para comprarme alpargatas,

caramelitos de Oviedo

y almendras garrapiñadas.


Deme el duro y otro más

para unas mantecadas

que lo guío a San Esteban

y acabamos la jornada.


Este es el primer cantar,

pero más cantares hubo.

Otro día cantaremos

el que dicen fue el segundo.

El del camino de Alija

fue el cantar número uno.


Benito Pérez Ferrero

31 de julio de 2021


Hasta aquí el texto que me envió Benito Pérez Ferrero, el bisnieto del ciego de San Esteban de Nogales que cantaba coplas. Los más mayores del pueblo se acuerdan perfectamente, porque era un entretenimiento que había en aquellos tiempos. Las coplas se compraban, les daban la letra y cada uno se aprendía aquella que con la que había podido hacerse. Luego la cantaban cuando iban a la vacada o cuando se juntaban. 

4 de diciembre de 2021

Las nuevas coplas de Vasallo (4)

-Abuelo Joaquín,

que yo ya no aguanto,

deme un poco de eso

que relame tanto.


Duras las peras,

las manzanas duras,

le vendría muy bien

a mi dentadura

eso que usted chupa

con tanta dulzura.

¿Será un caramelo

de miel de la pura?.


Andar ya no puedo.

Le advierto, si acaso,

que o me da usted uno

o de la raya no paso.


Y a ver quien le lleva

por el monte hasta Alija

a cantar coplas de lobas.

Claro le digo. Elija:


O caramelos, que veo

envueltos en una tela

ahí dentro del zurrón

o no llena la fardela.


Sin caramelos no hay coplas;

sin coplas no hay fardelas;

sin fardelas no hay viandas

sin viandas no hay cazuelas.

Sin coplas

no hay cuartos.

Caramelos chupemos,

fardelas llenemos,

cazuelas comamos

hasta que estemos hartos.


-Me ganaste, perillana.

Toma uno.

Toma este caramelo

y llévame a la Vizana.

Con disimulo le dio

el que en la boca llevaba,

pequeño como lenteja

de lo chupado que estaba.


Para él cogió otro grande


de los trece que guardaba

en el zurrón entre telas

que olían que alimentaban,

jalea de abeja reina

que, más que oler, embriagaba,

la mejor miel de colmena,

de cosecha bien labrada.


-¡Que no, que no!...

que este no quiero,

que no es ni lenteja

del chuperreteo.


Ande, abra la boca,

déjeme ver dentro.

Que huele a manjares.

¡A ver lo que encuentro!


Abierta la boca,

vio que tenía

caramelos de miel

de los que ella quería.


-De esos, deme tres,

uno para ahora,

dos para después.


-Otra vez me ganaste,

perillana,

toma tres caramelos

y llévame a la Vizana.


Y otros tres te daré

-mira aquí, tengo trece-

si a la Vizana me guías,

sin caer, sin que tropiece.


Y los ricos caramelos,

dulces porque eran miel,

mientras hacía el camino,

la niña acabó los tres.

Y otros tres aún le quedan,

para chuparlos después,

en el zurrón que el abuelo

ha envuelto, manjar del cielo,

en telas de buena ley.


A Alija llegaron

pasadas las diez,

algo cansados,

pero llegaron bien.

Ni un solo tropiezo,

sin un solo traspiés.


Y ya entrados en Alija,

a la sombra se sentaron.

En una casa pidieron

agua fresca y fresca hallaron,

que la sacó una vecina

que conoció a Vasallo

cantando en la romería

de agosto del otro año.


La mujer también sacó

jabón de olor, palangana

y un trapo para secarse

que limpio en tendal colgaba.

Joaquín le cantó una copla

para darle así las gracias.

Se la cantó al oído,

casi, casi, en voz baja,

una de esas de las suyas,

de las que él se inventaba,

que en ratos de buen talante

decía a quien le cuadraba.


Y al acabar le dijo:


-Esto es por el jabón,

por el fresco trago de agua,

por la toalla que sacaste,

por la limpia palangana;

y por los bailes que echamos

la romería pasada;

también por tus castañuelas.

¡Qué bien que las repicabas!.

Con qué gracia y qué salero

las jotas, todas, cantabas.

Cuando llegue la de este año,

otra vez vendré a escucharlas


(A Arceli)

-Ahora que ya tenemos,

bien refrescada la cara,

refrescados los sombreros

y hasta fresca la mirada,

te daré tres caramelos

que te debo esta jornada

por traerme sin tropiezo

a cantar en esta plaza,

y que veas que tu abuelo

cumple siempre su palabra.


-¿Cumplir siempre?; ¿por un día?.

Por cumplír, cumplí la mía.

Lo traje esquivando piedras,

sin una sola caída,

sorteando socavones,

regueros, baches, encinas,

y esos cardos alargados,

que solo tienen espinas,

que se clavan como agujas

y te raspan como limas,

evitando los zarzales…

Yo he sido buena guía.

Por un día que cumpla usted…


-¡Calla, no seas víbora!

¡Toma lo que te debía!.

Tres caramelos, tres.


Hay que avisar a la gente,

decirle que hoy hay coplas,

que la primera va a ser

la que habla de la loba.

Y ya veremos… Si hay corro,

pues, entonces, canto otra.

Si no lo hay, cantaré

donde haya quien me oiga.

Viene gente para acá.

Anda, ¡pregona, pregona!.


-¡Atención, atención!

Vengan a escuchar

una copla emocionante

que Vasallo va a cantar.


En la puerta de la iglesia,

pronto vamos a empezar.

Es la copla de la loba,

una historia sin igual.


La gente oía

este pregonar.

Se iba acercando

hacia el lugar.

Por la copla era

y por curiosidad.


-¡Atención, atención!

Que Vasallo ya está a punto.

La copla de la loba parda

comienza en dos minutos.


Mujeres, mayores, hombres,

por perronas o un real

la copla de la loba

les vamos también a dar.

O lo que puedan, que vale

pues también la voluntad.


Un buen corro

ya se ha formado.

Un último aviso

y está empezado.


-¡Atención, atención!

Que ya vamos a empezar

La copla de la loba parda,

Vasallo les va a cantar.


Siete veces la cantaron,

pregonando al caminar.

En el cementerio, una,

en la iglesia que allí hay;

y, al acabar, la segunda

se cantó en calle Real;

subieron a San Esteban

y cantó dos veces más,

que a la puerta de esa iglesia

gran corro se fue a formar.


Una fue la loba parda,

la segunda fue un cantar

con Salve y un Padre Nuestro

de su ingenio sin igual.


Ya pesaba la fardela,

pero aún cabía más.

Bajaron poco a poco.

Otra vez calle Real.

A la sombra se quedaron

un buen rato a descansar,

a encetar un salchichón

y a comer algo de pan.

Quedaría la fardela

más ligera al acabar.


Otras dos veces cantaron.

La primera fue al entrar

en la plaza con castillo,

 iglesia de buen rezar.

En esa Plaza Mayor

fue el segundo cantar,

en medio se hizo un buen corro

y nos los dejaban marchar.

3 de diciembre de 2021

Las nuevas coplas de Vasallo (3)

Sigo con la publicación de unas coplas escritas por Benito Pérez Ferrero e inspiradas en su bisabuelo Joaquín Martínez "Vasallo" y en Araceli, nieta y lazarilla de este segundo:


-Abuelo Joaquín,

busque en el morral,

a ver si me encuentra

un trozo de pan.

De la bota deme

un poco de vino;

me muero de sed

por este camino.


-Ni hace dos días

te di cuatro migas.

Si te las comiste,

ya más no me pidas.

Busca entre las zarzas

moras… o espigas.

Y para la sed,

pues bebe agua fría.

Solo quedan tragos

en la bota mía.

Son para el camino,

pero de otro día,

para mi gañote,

por si no sabías.


-Abuelo Joaquín,

deme una perrona,

es para un mendrugo

de casa Ramona.


Y por un real

me dan un tocino

del año pasado

y un vaso de vino,

costras de queso,

raspas de sardina,

y, de bacalao,

un resto de espina.


Y por dos reales,

un trozo de hogaza,

un cazo de azúcar,

media calabaza,

tabaco picón,

patatas de casa

y algo de chorizo

picante con grasa.

¡Qué buena comida!.

Para dos, banquete.


Y si algo sobrara,

le haré yo un paquete

y ya es cosa suya

el dónde lo mete.


Abuelo Joaquín,

no sea usted malo,

piense en la cazuela

y déjeme el palo.


No sea roñoso

que yo soy su nieta.

Me muero de hambre…

¡Deme una peseta!.


-Anda, anda, ladrona,

que nunca escarmientas.

¿Quién comió el jamón

del zurrón?. No mientas.

¿Y el queso de oveja

que en él yo guardaba?.

¿Quién se lo comió,

nieta endiablada?.


¿Dónde está la caña

de un lomo ahumado

que detrás de un cajón

tenía guardado?.


Y al bote de miel

que había a su lado

¿no sabrás tú, nieta,

qué le habrá pasado?


¿Y a unas galletas

que había endulzado?.

Claro, los ratones

se las han llevado.


Me sisas, me robas.

¡Pues, vaya, esta nieta!

¿Y, encima, me pides

reales, pesetas?


Ven, ven, acércate

que aquí tengo un duro,

pero tráeme el palo,

que yo veo oscuro.


-Si es por el duro,

yo voy y lo cojo.

Aquí queda el palo,

si no es un enojo.


-Tráelo, tráelo,

que más te daré.

Comerás caliente,

banquete para un mes.


-Mejor lo he pensado ,

abuelo Joaquín,

busque usted el palo,

que ya no tengo hambre

y me marcho de aquí.


Dos días estuvo

lejos del bastón;

por miedo a la tunda

en pajar se escondió.

Ni un pan ni una mora

ni una espiga probó.

Más pudo el hambre

y al tercero salió.


-Hoy ya hace tres días

que te has marchado.

Buscando mi palo

los tres me he pasado

¡Y no lo encontré!.

Tú te lo has llevado.


¡Dos veces ladrona!.

Pero está ya olvidado.


Tengo otro bastón

y buena cayada

de mimbre templada

con agua y jabón.

La tengo guardada

en secreto rincón

así que supón…

¡que estás ya avisada!.

Pero ven, no temas,

que estoy de buen grado.

Entra en la cocina,

no estoy enfadado.


Pareces hambrienta,

tu estómago es bajo.

Pruébalas, cómete

estas sopas de ajo

que luego nos vamos

derecho al camino

que hay que cantar

coplas que oímos

y que las conozcan

vecinas, vecinos.


Sin coplas no hay sopas,

sin sopas no hay coplas,

sin coplas no hay cuartos.

Coplas cantemos,

sopas comamos

hasta que estemos hartos.

Así que termina pronto

porque es el camino largo.


-Más pronto acabaría,

si estas sopas de ajo,

no fueran solo agua fría.


Deme de esas de las suyas

que huelen como a morcilla

o a pimentón con patatas.

¿O son, acaso, costillas?.


-Anda, acaba las tuyas

que yo ya acabé las mías.

Eso es el hambre por dejarme

y estar por ahí tres días.


Mañana a Alija nos vamos.

SI a la Vizana me guías,

podrás comer buen cocido

y hartarte para seis días.


San Esteban de Nogales.

Son las seis de la mañana.

En el corral canta un gallo,

perros en la calle ladran.


-Arriba, que ya es de día,

que hoy la jornada es larga.

A Alija del Infantado

nos vamos, y a la Vizana.

Si bien cantamos, buenos cuartos

en la plaza nos aguardan.


Coge la fardela grande,

la gorra de cabeza ancha.

Una para los chorizos,

longanizas y hogazas,

para meter la comida

y al hombro después llevarla.


La gorra para monedas,

que se oigan y no caigan

en el suelo las pesetas

que nos den y que nos traigan,

cuando recite la copla

llamada La loba parda.


Llenaremos la fardela

de garbanzos y viandas.

Con los reales de la gorra

habrá para dos semanas,

para tabaco y buen vino,

refrescos y mantecadas

y hasta un duro ha de sobrar

para comprarte alpargatas,

caramelitos de Oviedo

y almendras garrapiñadas.


-Bien está lo que me dice,

pero no he comido nada.

Deme un tazón de leche,

hogaza para migarla

o deme de ahí, de ese azúcar,

una buena cucharada.


-Ya se nos echó la hora

y no hay tiempo para nada.

Al pasar por el convento,

podrás comerte manzanas,

que hay de verde doncella

y peras de las tempranas.

Venga, arriba, que nos vamos,

que el sol ya nos ve la cara,

que la raya de Alcubilla

a las siete hay que pasarla.

Y a las diez allí en Alija

cantaré La loba parda.


Pasaron por el convento;

era aún fresca la mañana.

Las peras estaban royas,

también royas las manzanas.

2 de diciembre de 2021

Las nuevas coplas de Vasallo (2)

Seguimos con la publicación de las nuevas coplas dedicadas a Joaquín Martínez "Vasallo", el ciego de San Esteban de Nogales, escritas por su bisnieto, Benito Pérez Ferrero y que me ha hecho llegar para su publicación: 


Para Araceli Ferrero Martínez,

nieta y lazarilla de Joaquín Vasallo.


Son cantares de Joaquín,

sabio ciego, y un Vasallo,

incansable caminante,

juglar sin par, sin caballo,

músico de buen violín,

de ágil dedo con guitarra,

con dulzaina y tamboril

siempre atado a la zamarra,

cantor de rota alpargata,

más de chanclo y poca plata

que de elegante zapato,

más de cuba que de mata

de vino del más barato,

de recio bastón, tacaño,

severo con el de mimbre,

duro con el de castaño;

lo más grande, su memoria,

bueno a ratos y sincero,

relator de mil historias

por bocados o dinero,

y de Araceli, su nieta,

todavía una chiquilla,

de doce años cumplidos,

atorrante pajarilla,

que lo guiaba a trompicones

por los pueblos, por las villas,

buscando pan o perronas,

como su fiel lazarilla.

1 de diciembre de 2021

Las nuevas coplas de Vasallo (1)

Una de las cosas más curiosas que me ha ocurrido con el blog fue dar con una imagen desconocida para la propia familia. Hice una entrada sobre un ciego que iba cantando coplas por los pueblos. El era conocido como Vasallo, Joaquín de nombre, y venía con una mujer que yo pensaba que era su esposa pero resultó ser su hija. 



La fotografía la encontré en una página sobre Galicia que ya ni existe. Yo la puse porque le venía bien al tema, pero la casualidad hizo que la vieran sus familiares y reconocieran a la pareja. Me escribió su bisnieta, Rosa María y  también otro bisnieto, Benito Pérez Ferrero. Incluso identificaron a los hombres que están por detrás de ellos, que eran otros vecinos de San Esteban (Aquí está el enlace de este post y aquí el original, donde apareció por primera vez la historia y la fotografía). 

De esto hace ya más de diez años. Al cabo del tiempo, hace unas semanas, Benito se puso en contacto conmigo de nuevo y me comentó que había hecho un pdf con una pequeña historia de su bisabuelo y una de sus lazarillas, al estilo de los coplas que él cantaba en aquellos años. En el texto se cuenta una de sus caminatas desde San Esteban de Nogales, su pueblo, a Alija del Infantado. Es un documento extenso, lo voy a ir publicando en dos o tres post. Ha salido todo de la cabeza de Benito Pérez Ferrero, el bisnieto, que se ve que algo de la gracia para componer estas narraciones orales antes, escritas ahora, ha heredado.

DE CIEGOS Y LAZARILLAS

Son los caminos oscuros, cerradas las sendas;

los pasos, cada instante, son solo tropiezos.

Sueño con la luz, con verla, que al menos comprenda

el porqué del dolor del cada día que empiezo.


Empezar sin colores no es empezar el día,

pero ahora sé ver de otro modo todas las cosas.

Ya siento, ya huelo las penas, las alegrías

y a tu lado, lazarilla, la vida es hermosa.


Todas las rutas tienen un sabor diferente.

Puedo describir el mundo agarrado a tu mano,

distinguir sin dudarlo las voces de la gente

y decir el nombre de las calles que pisamos.


Pregúntame, si quieres, dónde hay algo escondido.

Verás cómo mi respuesta es siempre atinada.

No necesito mirar, solo pienso y lo digo;

lo sabe, todo lo intuye mi vista apagada.


Ahora ya veo lo injusta que fue la vida

contigo, lazarilla, mi guía por el mundo.

Tu brazo dispuesto, tu mano siempre tendida

para mi la tuviste sin faltar ni un segundo.


Tu infancia solo fue lo que yo necesitaba,

un camino tras otro para buscar sustento.

Bien me condujiste, aunque, a veces, me engañabas,

pero eras aún niña de inocente pensamiento.


Cuántas como tú, mujeres, ha habido en la sombra

luchando sin descanso en oficios y trabajos,

anónimas mujeres que casi nadie nombra

que dieron lo que tenían por pan o un atajo.


Sí, fueron panaderas, modistas, molineras,

incansables segadoras, reinas del sombrero

de paja, pañuelo al cuello, cruz en la pechera,

de la hoz y del botijo fresco y jornalero.


Aguadoras de la dura vida de la siega,

recaderas de alpargarta rota y poca suela,

las primeras para ayunar cuando el pan no llega

las últimas para los libros, para la escuela.


Recogedoras, lavanderas y costureras

de los rotos de cada día, de lo que falta,

zurcidoras de miserias, raudas recaderas

de engaños que van a misa con la frente alta.


Mujeres olvidadas adrede, escondidas,

ocultas tras mil tareas, trapos y pobrezas,

y niñas sin infancias, o rotas o perdidas

como tú, lazarilla. Pregono tu grandeza.