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14 de diciembre de 2010

La Iglesia por dentro: La tumba



Junto al pequeño retablo que encontramos en el lado del Evangelio de la Iglesia (la izquierda desde la puerta), encontramos una tumba que se hizo más presente tras el arreglo de la Iglesia en el año 1995. Antes, el suelo de la Iglesia estaba más levantado y no se distinguía apenas del resto de losetas. Tras el arreglo, quedó bien claro que era una lápida y aún se estudia de quién. Entonces se publicó esto en el periódico La Opinión de Zamora: Tras la última reforma de la parroquia de San Salvador apareció, al rebajar el suelo, un curioso enterramiento. Se ignora a quién pudo pertenecer, pero la regidora (la entonces alcaldesa, Sofía Tostón) está convencida de que alberga los restos de «alguien importante», ya que la estructura es de piedra negra, una variedad que no existe en la zona. Además, tiene una gran magnitud y dos escaleras de acceso. Junto a él se descubrió un cráneo y varias monedas que fueron trasladadas al Museo Provincial de Zamora.



En el anuario 1996 del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo se recogía un escrito de la arqueóloga de la Junta de Castilla y León, Hortensia Larrén Izquierdo sobre la excavación del sepulcro encontrado en la Iglesia del pueblo. Esta es su transcripción:



EXCAVACIONES DE DOS SEPULCROS:
EL DE LA IGLESIA DE SAN SALVADOR DE AYOÓ DE VIDRIALES Y EL DE LOS CASTILLA-FONSECA EN SAN LORENZO EL REAL DE TORO


HORTENSIA LARRÉN IZQUIERDO


La documentación arqueológica de los sepulcros de los «Castilla-Fonseca» de la iglesia de San Lorenzo el Real de Toro, y del anónimo —en lo que conocemos—de la iglesia de San Salvador de Ayoó de Vidriales, nos lleva a hacer esta reseña común a pesar de las obvias diferencias existentes entre ambos. Ni los aspectos históricos, artísticos o geográficos constituyen un nexo común, pese a ello, y siendo plenamente conscientes de tales circunstancias, parece oportuno dar a conocer unos resultados —individualizados y particularizados— de lo que ha sido un trabajo derivado de las actuaciones paralelas y obligadas llevadas a cabo en sus contenedores, cual es el trabajo realizado con metodología arqueológica de los citados sepulcros. Por ello, y a pesar del epígrafe común, las diferencias son evidentes, circunstancia que si no fuera por el hecho en sí de su documentación realizada en un encuadre temporal, nada tendría de unificador.




Hechas estas observaciones preliminares, el trabajo de síntesis para cada uno de ellos se expone a continuación de forma individualizada, dadas las diferencias evidentes que a cada uno de ellos les caracteriza. Pese a estas divergencias materiales, es cierto que en ambos confluyen concomitancias evidentes: el uso de un edificio cultual al que se le destina un espacio concreto como enclave funerario que, dentro del ámbito edilicio, es importante de cara a las manifestaciones derivadas de la liturgia. La manifestación artística de estos elementos monumentales pueden llegar a competir, de forma evidente, con el entorno en el que se ubican tan sólo utilizando materiales esculpidos de materia prima distinta a la preexistente —caso de Ayoó—, bien reconstruyendo un espacio que, además de cobijar los cuerpos de sus benefactores, sea llamativo en el entorno que es acogido por maestría artística dentro de las «modas» de su tiempo —sepulcro de los Castilla-Fonseca—. Y, por último, no puede olvidarse el aspecto económico, sin duda fundamental para el mantenimiento de la parroquia o capilla dentro de ella, en la que el pago de exequias, misas, novenarios, etc., son ayudas inapreciables para el mantenimiento final del edificio.




Sin entrar en estos aspectos, bien evaluados por los historiadores en sus análisis de rentas y de fábricas de los distintos edificios, la percepción a través del conocimiento material de estos monumentos no siempre es llamativa. Por desgracia, las aperturas «históricas» de los sepulcros, el traslado de los «cuerpos» o las intervenciones arquitectónicas más o menos acertadas, nos llevan a concluir hipótesis pobres y, en la mayoría de los casos, manipuladas, con problemas de identificación referidas tanto a los «esqueletos» que se exhuman, como a las condiciones a las que han llegado a nosotros.




EL SEPULCRO DE LA IGLESIA DE SAN SALVADOR DE AYOÓ DE VIDRIALES


Ayoó de Vidriales se localiza al norte de la provincia de Zamora, siendo su término municipal límite con la de León. En la actualidad es cabeza de municipio, reuniendo su término además de Ayoó, los lugares de Carracedo y Congosta.


El núcleo de población ofrece un hábitat disperso, organizado en torno a dos vías principales y acomodado a la topografía del terreno, lo que motiva su asentamiento en dos terrazas. La iglesia parroquial de San Salvador, se sitúa en la inferior de estas terrazas, prácticamente aislada del núcleo de población en su lado oriental ante un frondoso espacio conocido como «huertas de la fuente». Es este edificio, junto al conocido «castillo» —en realidad una torre fuerte tardogótica, cuya reciente restauración ha supuesto un importante menoscabo de la misma y que no ha merecido ninguna consideración en recientes trabajos de castellología provincial (LOBATO, 1997)—, son lo más representativo del lugar arquitectónicamente hablando, sin menospreciar la habilidad con que están ejecutadas las viviendas y corrales, hechos con su basamento y esquinas de mampostería y encofrados de tapial, así como sus características chimeneas.




I. 1. Breve descripción de la iglesia y motivos de la intervención


La iglesia de San Salvador presenta planta rectagular con una sola nave y cabecera con testero recto, de planta cuadrada más estrecha que aquélla y, en altura, ligeramente más alta. En su lado sur se adosa una pequeña sacristía construída, según la inscripción que reza en el dintel de su ventana, en el siglo XVIII. En los pies se sitúa una llamativa espadaña o torre de campanas, a la que se accede por una escalera situada en el lado septentrional desde la terraza superior a la que antes hacíamos referencia, creando un amplio arco apuntado, a modo de arbotante, bajo el que discurre una calle.


La comunicación con el exterior se realiza a través de dos puertas, una abierta a los pies y cobijada por una amplio arco de grandes dimensiones, gemelo al del acceso del cuerpo de campanas y otra localizada en el muro meridional, de arco de medio punto doble, posiblemente contemporánea a la sacristía.


Construido el edificio en mampostería concertada de piedra del lugar, con anchos llagueados de cal, aparece recorrida en todo su perímetro por contrafuertes —tres en los muros de las naves y uno en cada una de las esquinas de la cabecera— dando una imagen amazacotada. La sillería está reservada a los accesos, arcos formeros y al cuerpo superior de la torre, el cual se hace más ostentoso por el uso de sillares de granito, de gran tamaño y bien escuadrada.


El interior responde a una organización austera a base de un arco de triunfo que separa la cabecera del cuerpo y tres pares de arcos formeros con pilastras que configuran la estructura de la nave; éstas últimas se decoran con molduras simples, rematadas con un sencillo capitel mensulado del que partirían, en origen, los nervios de la bóveda hoy desaparecida.


En los paramentos exteriores es posible identificar sendos vanos cegados de antiguo —muro meridional—, así como algunas ventanas con derrame interno que nos hablan de distintas intervenciones en el edificio.


Es evidente que ni la iglesia ni ninguna de las construcciones urbanas ha despertado interés en la erudición bibliográfica, si no son las llamativas y, cada vez más escasas, chimeneas. A ello tan sólo hay que ponerle la excepción de su topónimo y las dos bellas columnas de traza mozárabe, hoy en el Museo de los Caminos de Astorga, los únicos elementos que relacionan el lugar con la fundación del monasterio mozárabe de «San Fructuoso de Agegio» citado en las fuentes escritas en el año 940 (GóMEZ MORENO, 1927:318-319; REGUERAS, 1990:67; CABALLERO, 1995).


Esta iglesia fue objeto de un proyecto de restauración a través de la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León que tenía como fin la intervención en las cubiertas del mismo. Posteriormente se inició una intervención que afectaba al cambio de solado del edificio, lo que supuso la aparición de evidencias arquitectónicas que requerían una documentación arqueológica, en especial un enterramiento existente a los pies de uno de los retablos situado entre los dos primeros pilares del muro septentrional, cuya advocación se desconoce, configurando, como se pudo confirmar posteriormente, una capilla funeraria, procediéndose a su excavación arqueológica el día 31 de julio, con la colaboración de la empresa adjudicataria y la técnico Mónica Salvador Velasco.




I. 2. Estructuras preexistentes y excavación de la capilla funeraria


Derivado de la intervención arquitectónica, el suelo fue levantado en su totalidad, siendo imposible identificar cualquier nivel del mismo, llegando incluso a comprobarse que los retablos existentes en los ángulos septentrional y oriental de la nave aparecían «colgados». Esta circunstancia, unida al hecho de que todo el espacio interior de la iglesia había sido rellenado con morrillo y cemento hacía


muy difícil, sino imposible, la percepción de posibles niveles arqueológicos, a excepción de los claros restos de una cimentación anterior a la construcción del edificio actual, localizados en la embocadura de la nave, en su ángulo septentrional.


Esta se corresponde con los cimientos de una posible habitación de la que tan sólo se ha podido ver su ángulo suroccidental exterior, ya que sobre él se apoya la cabecera y muro septentrional de la nave del edificio actual. En el momento de nuestra visita se habían levantado todos los niveles que lo ocultaban y, en buena parte, le cubría la base del nuevo solado al que ya hemos hecho referencia. Por ello, tan sólo podemos decir que el cimiento estaba construído con grandes sillares de 50 x 70 y 57 x 70 cm (medidas máximas calibradas), unidos con argamasa de cal, y con cara al exterior, observándose un total de la estructura de 0,95 x 2,00 m. En el sillar que conforma el ángulo aparece un retalle circular de 20 cm. de diámetro, correspondiente quizás a un poste de construcción del edificio que sobre estos restos se asienta (Fig.1.l).



Es aventurado, a tenor de los escasos datos con los que contamos, hablar sobre su cronología y función, si bien existe otro elemento, aparecido y salvado de entre los escombros, de especial relevancia. Se trata de una ventana-celosía, muy fragmentada, trabajada en una cara de la que se puede ver lo siguiente:


Posiblemente rectangular, se conserva de ella su mitad derecha rota, a su vez, en dos partes. Tallada en bajo relieve con factura algo tosca, ofrece todo el espacio decorado, enmarcado por una moldura de 5 cm. de grosor. La parte superior, calada, conserva el arranque de dos hojas o pétalos de una roseta, mientras que la inferior, ciega, presenta un reticulado en el que se abren tres pequeños cuadrados paralelos entre sí (6,5 x 7 cm), de los que se conservan tres, que traspasan la placa. Sus medidas son: alto 74 cm y largo conservado 34 cm. (Fig.1.2).



Con esta pieza tres son los ejemplos que se conocen en la provincia: la procedente de Moreruela de Tábara (REGUERAS, 1990; Catálogo del Museo de los Caminos) y el hallazgo casual de «El Pago de la Huesa» en Cañizal (MARTÍN VALLS Y DELIBES, 1981; Caballero, 1995), donde, como en éste caso, desconocemos el contexto preciso, aunque sí relacionadas por los datos documentales con posibles fundaciones monásticas.

Además de estos restos se conserva en la iglesia el ya referido enterramiento que forma parte de una capilla funeraria de los siglos XVII-XVIII que, a tenor de la riqueza de la lauda sepulcral debió pertenecer a un alto dignatario, posiblemente civil. En principio, nada hacía sospechar que el enterramiento estuviera «in situ»; más bien parecía que la lauda había sido recolocada a los pies del retablo.

Ésta, hecha en una gran laja de pizarra, presenta un estado de conservación bastante regular, siendo imposible la lectura de su inscripción y la identificación del escudo que ocupa el tercio inferior de la misma y al que corona un yelmo con plumas. Sus medidas son: 207 cm de largo y 90 cm de ancho, distribuyéndose en él (FIG. 1) el cartel —74 cm— y escudo -128 cm, siendo legibles tan sólo las primeras letras de las siete líneas que componían la inscripción:

A/ PA/ SAL/ SI°/ LE/ LA/B Q y junto al yelmo M.





Una vez levantado el suelo se comprobó que, bajo él, aparecían dos peldaños de la escalera, hechos en piedra caliza, que permite el acceso al altar, en los que se encajaba el enterramiento, en ese momento ya perceptible la tumba o sarcófago, también de pizarra.

Iniciada la limpieza superficial ya fue posible identificar y definir el espacio objeto de documentación. Se trata de un altar-capilla funeraria, construída en un momento posterior a la iglesia, en la que ocupaba un lugar preeminente, adosado al cierre septentrional de la misma y frente a la puerta sur. Las modificaciones de los distintos suelos han supuesto la ocultación de más de 40 cm. de su base, para lo cual han ido levantando la lauda sepulcral según se producían aquéllas, de forma que, hasta el momento de esta actuación, se desconocían las características ornamentales y funcionales del conjunto.

Así, las pilastras que enmarcan el altar, hechas también en arenisca de la misma calidad que los peldaños, se asientan sobre boceles que, a su vez, encajan en un solado de baldosas rectangulares de ladrillo que delimitan el espacio del altar y del enterramiento, colocados sobre un potente relleno de tierra y cantos de río.



Como conclusión la excavación de este espacio sepulcral se puede decir lo siguiente:

1.Un nivel superficial que ocupa todo el espacio delimitado por los peldaños de acceso al altar, en el que aparecen piedras de distintas calidades y tamaños envueltas con tierra bastante suelta, que puede ser interpretado como el relleno de nivelación de los últimos solados. Ningún material arqueológico nos permite su aproximación cronológica.


2. Nivel de tierra suelta y revuelto, circunscrito al interior del sepulcro. Parece corresponderse a un paquete situado en el extremo occidental de la estructura, del que proceden dos calotas, una cadera y varios huesos largos, lo que implica claramente su remoción, traslado y aportación desde otro lugar funerario.

3. Enterramiento situado en el interior del sarcófago, correspondiente a un individuo adulto, perfectamente conservado, en posición de decúbito supino, con los brazos cruzados sobre el vientre y las extremidades inferiores separadas. Como característica a reseñar en su orientación E-W, es decir, en dirección contraria a la cabecera. Asimismo, llama la atención la conservación de algunos elementos orgánicos que formaban parte de la mortaja como es la «pasamanería» que ornaba el borde de la capa, gracias a la cual sabemos que se trata de una pieza trescuartos, que cubría al enterrado totalmente, cruzándose por delante y cerrada por un cuello de cuero. Por último, el único elemento de ajuar es un rosario que ha llegado a nosotros en muy mal estado de conservación (Fig. 1.3).



4. La tumba es de planta rectangular, conformada por grandes lajas de pizarra, enterizas las correspondientes a la cabecera y pies, mientras que los laterales son dos y tres piezas respectivamente. La lauda sepulcral, descrita más arriba, es de mayor tamaño que ésta, siendo claramente contemporáneas. Sus medidas son 189 cm. de largo, 56 cm. de ancho de cabecera, 63 cm.de ancho de pies y 35 cm. de profundidad.


El único elemento que nos ayuda a establecer una cronología del enterramiento es una moneda correspondiente a un resello de cuatro maravedís de Felipe IV (1621-1665) hecha sobre una blanca de vellón de Felipe II (FONTECHA Y SÁNCHEZ, 1968) lo que nos lleva a datar el conjunto en el siglo XVII, fecha que encaja perfectamente con las características del retablo y la lauda sepulcral.

(Fin de la transcripción del capítulo)



Lo cierto es que personas que estuvieron presentes en aquel estudio sobre el terreno de la tumba de la Iglesia no guardan buen recuerdo de cómo se hizo. Hablan de prepotencia y de falta de tacto con todo lo que allí encontraron y con las personas del pueblo que estuvieron presentes. “Pusieron los huesos todos juntos en una bolsa, cuando en la tumba habían aparecido formando un cuerpo perfectamente junto, estirado, con su ropaje. También le molestó que la cincháramos, que le pusiéramos un hierro alrededor de la piedra, aunque sin eso no era posile poder levantar la piedra sin romperla”.

1 de marzo de 2022

La Iglesia de Pumarejo de Tera (1): nacida de una facendera

Hace unos años, buscando información para hacer una entrada sobre la costumbre de la Facendera, que se hace tal día como hoy, martes de Carnaval, encontré la historia de cómo los vecinos de Pumarejo de Tera habían construido, o reconstruido, con trabajo comunal, la iglesia del pueblo. La dirección de la obra la puso un reconocido arquitecto, urbanista y pintor manchego, Miguel Fisac Serna. Y ahora que por fin tengo fotos del templo, vuelvo a esta preciosa historia para traerla al blog y completarla con la información que he recogido sobre ella.


Antes de seguir, hay que destacar la labor del arquitecto Fermín González Blanco, que es un gran seguidor y estudioso de la obra de Miguel Fisac y que se ha detenido especialmente en lo que ocurrió en Pumarejo, recopilando trabajo que allí se hizo y que se ha recogido en conferencias, en una exposición fotográfica, un libro y la consecución del título de Bien de Interés Cultural (BIC) para la iglesia. Todo ello se pude ver en su web, aquí.

Así lo cuenta el propio Fermín González Blanco en su página web:

En 1985 se inaugura en Zamora una nueva iglesia. Sustituye a un antiguo templo que forma parte del camino de Santiago, situado en un paisaje presidido por el río Tera que da vida y nombre a toda la comarca.

La iglesia parroquial de Pumarejo de Tera es obra del reconocido arquitecto Miguel Fisac Serna. De cómo llegó allí y se dejó seducir por sus gentes es una curiosa historia que merece la pena ser rescatada.

La construcción de la iglesia destapa una peripecia digna de reconocer y poner en valor. La huella que ha dejado es aún palpable en la comarca y por este motivo se ha planteado una investigación mezcla de arquitectura y etnografía encuadrada bajo el título común de “Arquitectura enTera”.

 Arquitectura En Tera se detiene en la historia de la construcción pero especialmente en el carácter humano y social que hizo posible esta obra. De cómo un pueblo seduce a un arquitecto de prestigio para realizar de modo altruista un proyecto de iglesia y dirección de obra. Sin mediar empresa constructora ni licencia urbanística de ningún tipo, son los propios vecinos quienes acometen la obra organizados en cuadrillas trabajando de sol a sol para levantar el templo en 73 días.





En la página hay un video (aquí el enlace, aunque se puede ver desde la página web antes apuntada) en el que el propio Fisac cuenta como terminó en Pumarejo. 

Es un vídeo muy interesante: se había caído la iglesia, que está en el camino portugués de Santiago, y a través de una fundación cultural se pusieron en contacto con el arquitecto y le pidieron que hiciera la iglesia. Le recibieron con las ropas tradicionales, le hicieron una fiesta y le contaron sus planes. Le resultó tan agradable y tantas ganas vio en el pueblo, capitaneado por su alcalde, Isaías Galende, que aceptó trabajar allí y hacerlo sin cobrar una peseta, la moneda de entonces.

 «Sin mediar empresa constructora ni licencias urbanísticas de ningún tipo, son los propios vecinos quienes acometen la obra organizados en cuadrillas trabajando de sol a sol para levantar el templo en 73 días», explican Blanco y Del Río en la noticia de La Opinión de Zamora.




En otra noticia sobre esta gran facendera recogida también en La Opinión, se narra así como fue el trabajo: De lunes a sábado se organizaba una yera para construir el templo. Participaron 68 vecinos. «Los abuelos amasaban el cemento, las mujeres acarretaban cubos de agua, piedras y material, los más fuertes sacaban tacos de cuarcita al pie de la obra y los colocaban en los muros de fachada guiados por dos canteros de la zona conocedores de la construcción de piedra. Se organizaron cuadrillas diarias de al menos quince personas que de modo gratuito levantaron el templo en 73 días. Todo ello en días de estío cuando más falta hace la mano de obra en el campo».

Fotografías de la reconstrucción de la iglesia recopiladas por Fermín González Blanco



En el año 2011 y gracias a la tenacidad del seguidor de Fisac, Fermín González Blanco, la Junta de Castilla y León otorga el título de Bien de interés Cultural (BIC) a la iglesia de Pumarejo.

Buscando información sobre el tema, me encuentro, eso sí, con una noticia de 2014 (aquí) en la que se cuenta que la iglesia es pasto de la humedad. Los bellos muros de piedra sin revocar pasan factura y el agua se cuela hasta en el habitáculo del sagrario.

Cuando yo estuve en Pumarejo pude hacer fotos del exterior, pero no estaba abierto el templo para poder ver cómo era por dentro (¡una verdadera pena!) así que tuve que buscar fotografías del interior. Estas son las imágenes.

Fotografía de Laura Alaiz en Facebook

Fotografía de Laura Alaiz en Facebook

Fotografía de Alex del Río en la página web de Fermín González Blanco

Fotografía de Alex del Río en la página web de Fermín González Blanco

También encontré unas preciosas que no he recogido porque están protegidas por derechos de autor, así que os invito a visitarlas en la página de Flickr (aquí) de La Magia de la luz. En ella, además, se describe técnicamente la Iglesia:

La Iglesia de Pumarejo de Tera (Zamora, España), consagrada a Santiago Apóstol, fue construida en 1985, en 73 días, por los vecinos del pueblo organizados en cuadrillas siguiendo el proyecto del prestigioso arquitecto Miguel Fisac. El templo se asienta en el emplazamiento del anterior, y conserva su espadaña de traza románica. Es de una sola nave trapezoidal, todos los muros son de cuarcita vista a dos caras con tonos ocres y amarillentos, el de cabecera se curva enlazando con el del costado del evangelio, y en el pie se sitúan dos arqueados en ángulo. La cubierta es a dos aguas y se sustenta por cinco vigas de celosía tridimensionales de tubo de acero colocadas en sentido longitudinal de la nave, encauzando la atención hacia el altar. Dos vidrieras de la altura de los muros, una junto al presbiterio y otra entre las dos paredes posteriores, proporcionan una iluminación indirecta que favorece el recogimiento. En el interior destaca el viejo retablo barroco, la pila bautismal que se sitúa en el presbiterio, varias imágenes veneradas en el templo anterior, y otra de José del Amo del Amo nacido en Pumarejo y canonizado recientemente. La portada románica del templo anterior se ha trasladado a la entrada del cementerio contiguo.


En la Revista Brigecio, que recoge estudios sobre Benavente y comarca, hay un artículo donde se habla con gran detalle de todo esto que he contado en el artículo: cómo se gestó la construcción o reparación de la Iglesia de Pumarejo, como terminó el arquitecto en el pueblo zamorano, como se organizó la tarea, características técnicas de la construcción y detalles personales del arquitecto Fisac. El artículo, escrito por el Doctor en Historia y profesor universitario Rafael Angel García Lozano, se puede consultar en esta página de Dialnet, aquí, que nos lleva al PDF del artículo.



Como tengo bastantes fotografías y por no hacerlo muy largo, las presento en varios entradas, quedando así la de la recopilación de información y la narración de la historia de cómo se construyó la Iglesia de Pumarejo.

24 de septiembre de 2015

La luz de Santa Marta de Tera (2)


La pequeña iglesia de Santa Marta de Tera que es sencilla y preciosa por dentro, es también muy interesante por fuera.


  

La iglesia está orientada como suele hacerse en los templos cristianos, es decir, con la cabecera hacia el Este y por consiguiente, encarada al sol naciente.

La Iglesia tiene una planta de cruz latina con tres entradas: una al norte, otra al sur y otra al oeste.

La entrada del lado Sur, donde está el cementerio que rodea el templo. Aquí están dos de las esculturas más famosas de la Iglesia. 
Escultura de Santiago, vestido por primera vez en las representaciones que se conservan, con las ropas de peregrino. Es una de las imágenes más difundidas del santo y fue usada para las monedas de cinco pesetas del año 1993, en el año Santo Jacobeo.
A la derecha hay una figura vestida al modo de los apóstoles y se cree que representa
a San Juan Bautista, 
Los capiteles de esta puerta son muy interesantes y
también la decoración geométrica que los circunda.


En el lado Norte la puerta que se suele usar para entrar a la Iglesia. La figura es otro apostol y aunque tiene la cabeza rota, los expertos la identifican como Judas Tadeo.

La tercera puerta, al fondo del templo, por el lado de poniente. Ahora no da a la calle si no al templo renacentista que está adosado a la Iglesia.


La cabecera plana decorada es sencilla y bella. Tiene una moldura
de ajedrezado jaqués y otra que continua los ábacos de los capiteles.

Las pequeñas piezas que hay debajo del tejado se llaman "canecillos". Unos son lisos, otros decorados con bolas y también los hay con personajes sosteniendo un barril, un contorsionista, animales e incluso alguno de temática erótica, con un personaje enseñando el falo.
Web Románico zamorano.
Web románico zamorano.

El palacio renacentista adosado a la Iglesia tiene una portada en la que hay un escudo en medio y dos medallones a los lados, uno del Papa Julio III y el otro del rey Carlos V.
Dentro se situó una residencia para el Obispo de Astorga. Ahora está habilitado como centro de recepción de visitantes y hay un pequeño museo en el piso superior,
Cruz de las misiones.

Custodia.
Piezas de culto en el pequeño museo.


Carracas y matracas. Hay una original y las otras son reproducciones hechas por un vecino.
Pendón de la Iglesia.

Nota que se encuentra en la entrada que se encuentra ahora tapada por el palacio renacentista y que señala una fotografía del relieve de un Cristo sentado, "Maiestas Domini" del siglo XII que fue vendido por 7.000 pesetas en 1926 y que ahora se encuentra en un museo americano.

Imagen del relieve. Fotografía recogida en el blog "Más Vale Volando".
Curioso armario contenedor de reliquias. Hay huesos grandes y otras pequeñísimas muestras del cuerpo o vestimentas de santos. Hay restos de Santa Teresa de Jesús, San Ordoño, San Dictino, San Juan de la Cruz, Santa Flora, San Eugenio y otro buen número de ellos.


Más datos sobre la Iglesia de Santa Marta de Tera:

Datos sobre la Iglesia e imágenes, Arteguías, Románico en Zamora. / En clave de Románico / Más Vale Volando / 

Fotografías detalladas del templo en la galería de Santiago Abella en Flickr

Reliquias de Santa Marta de Tera: Noticia de La Opinión de Zamora

13 de julio de 2018

La Iglesia por dentro: El retablo


Fotografía antigua del retablo de la Iglesia que se expuso
en una de las muestras de fotografías de Perafondo.
El retablo es el elemento arquitectónico que se sitúa detrás del altar. Eso es lo que precisamente significa analizando sus palabras: etimológicamente, retablo viene de la palabra “retro” que significa detrás y de “tabula”, mesa, referida al altar. 




Pueden ser de madera, piedra, metal y sirve para exhibir pinturas, esculturas y otros elementos decorativos.

Los retablos suelen estar divididos en cuerpos que se encuentran separados entre sí, en sentido horizontal, por molduras. De forma vertical tambien se dividen a través de columnas o pilastras.


Estas son las características generales de un retablo, ya sea de una pequeña ermita, ya de una gran y ostentosa catedral. El retablo de la iglesia de Ayoó se ajusta perfectamente a esta caracterización: hecho en madera dorada y policromada, con tres cuerpos horizontales y tres calles verticales, separadas las primeros con molduras y las segundas con pilastras (columnas adosadas). 




El retablo es de 1818, según indica la inscripción que se asienta en la base (aquí el post en el que se detallaba) 





A lo largo de todos los artículos en los que hemos ido presentando a los santos del pueblo, hemos desgranado uno a uno a los protagonistas del retablo, así que hoy es como el día de la presentación en común. 

En el cuerpo inferior del retablo encontramos dos santos custodiando la parte central, una hornacina más grande, en la que está el sagrario que se utiliza en los oficios religiosos, sobre el que está ahora la pequeña figura de El Salvador y un pequeño crucifijo por encima. En la parte derecha está la casa (hueco en el que se coloca una pintura o escultura dentro del retablo) con la figura de San José y al otro lado, la Virgen del Carmen. 





Una de las cosas más curiosas que se ve en este retablo es la fila de adornos que está justo por encima de este primer cuerpo: el sol, la luna y el ojo que todo lo ve. De todo esto, debo decir, me enteré por un interesante artículo del blog “El Ti Joaquín” en el que recogía la presencia de estos tres elementos, muy relacionados los tres con la Masonería. 


En el medio del retablo está el Ojo que todo lo ve u Ojo de la providencia, interpretado como el símbolo de Dios mirando a la humanidad y relacionado con el Ojo de Ra u Ojo de Horus del antiguo Egipto. 


Como indica Joaquín en su blog, este símbolo, unido al sol y a la luna y con el triángulo invertido, con el lado hacia arriba y el vértice hacia abajo, está considerado como relacionado con la masonería. Algunas interpretaciones también señalan que el triángulo hacia abajo representa el agua y lo femenino. 



Según Joaquín, en el ratablo de Ayoó: Si esta figura es recta, apoyada sobre un lado, significa el principio, la omnipresencia, Él que lo ve todo; pero si aparece invertido sobre el vértice, entre el sol y la luna, es la Providencia, “la suprema sabiduría de Dios que rige el mundo y a los hombres y cuida de ellos”, es el Jesús omnipotente que todo lo puede mirando hacia abajo, a sus fieles cuando llenan los bancos de la iglesia. 

Por encima de toda esta simbología encontramos el cuerpo central. A la izquierda, la imagen de San Bernardino, en la hornacina central, El Salvador, el patrón de la Iglesia y a la derecha, San Antonio Abad. 





 El último cuerpo, el llamado ático, tiene la casa central con San Bartolomé, el patrón del pueblo, dos adornos en los laterales y unos ángeles de cuerpo completo. Encima del santo hay un adorno grande, como un escudo con una corona del que sale una cruz. Antes de ella hay un círculo negro que desconozco si alguna vez tuvo algún dibujo o imagen, como en otras partes de la iglesia (el símbolo de la inquisición en uno, una mitra obispal en otro), pero ahora al menos solo se ve negro. 


San Bartolomé con el demonio muerto a sus pies.

Fotografía tomada del Blog del Ti Joaquín, aquí.
Cuando en los años 90 se hizo el arreglo de la iglesia, tanto por dentro como por fuera, se quitó el estuco de las paredes y quedaron al aire unas pinturas detrás del retablo. Supongo que no se considerarían de valor porque se volvió a taparlas. Solo tengo una fotografía no muy buena de ellas, pero al menos queda constancia de ello. 



El retablo está decorado con todo tipo de motivos vegetales, columnas, angeles… es bastante barroco en su ornamentación. No sé si tendrá valor artístico como el de otros templos, pero sí merece la pena observarlo con detenimiento, en todos sus múltiples y pequeños detalles.