27 de octubre de 2019

Tiempo de calabazas


Con el otoño llega el tiempo de las calabazas. Su color anaranjado llena los huertos con ejemplares de variados tamaños, todos tirando a grandes... La calabaza es un fruto del que se puede aprovechar todo: su carne, sus semillas (las pipas) y sus flores. 






Sí, sus flores son muy apreciadas en la cocina, aunque yo nunca las he hecho, la verdad. Las he visto cocinar en diversos programas y siempre se suele decir que son bastante difíciles de conseguir. Debe ser cierto, yo nunca las he visto en las fruterías habituales. Así que ya que en los huertos del pueblo las tenemos bien a mano, limpias y dispuestas, podemos prepararlas. La forma más habitual de cocinarlas es rebozadas sin más, pero también se pueden rellenar con queso, jamón, bechamel. Dicen que, al igual que el fruto, que la calabaza, son dulzonas y suaves. En este blog, Una italiana en la cocina, lo explican perfectamente.



La calabaza (Cucurbita maxima) forma parte de la familia de las cucurbitáceas, es decir la misma que los pepinos, los calabacines, los melones... Tienen hasta un 90% de agua. Tiene vitaminas B2, B5 y B6 y B9, tiene fibra, cobre, manganeso... un montón de beneficios desde un punto de vista nutricional.




En el pueblo se usan en la cocina sobretodo para hacer purés, pero también es muy apreciada asada, en diferentes platos. En esta página, Naturarla, se puede encontrar todos estos datos nutricionales que antes he recogido y un montón de consejos para aprovechar la calabaza en la cocina.





La calabaza, por cierto, aguanta bien, sobretodo si no se abre, pero si se estropea, a los cerdos, que les encanta.

En el pueblo se usaban unas curiosas calabazas que nacen colgadas de su planta, que trepa y se engancha y el fruto nace hacia abajo. Es la variedad Lagenaria siceraria, que se dejaba secar, se le hacía un pequeño agujero en la parte superior  y con una aguja de punto se sacaba el interior y se usaba después para conservar la semilla de berzas o de nabos. (Información sacada del trabajo de etnobotánico de Ayoó de Yolanda Cano)
Yo encontré unos ejemplares de estas calabazas en el jardín que Amelia tiene siempre florido en la puerta de su granja:



Ahora las calabazas se han puesto de moda con el Halloween americano. Pero nosotros tenemos las genuinas. Los que aún tengan en sus huertos, que aprovechen este fruto de oro naranja, la calabaza.



3 de octubre de 2019

Las melenas

Este verano estuvimos (por fin) haciendo un poco de limpiea en el sótano de casa. De allí sacamos, entre otras cosas, unas melenas de las vacas que mi padre echó en el lado de “para tirar”. Nooooooo, le dije, que eso lo arreglo yo. Las pobres estaban manchadas, resecas, rotas…. Pero estaban, que era lo importante, es decir, no habían desaparecido a lo largo de los años, las tenemos y hay que conservarlas. 


Así que manos a la obra, paciencia, ir raspando la mierdilla que se le había pegado por todos lados y nivea, muuuuucha nivea para devolver al cuero algo de su antiguo esplendor. Yo le eché nivea porque era lo que tenía a mano, también me han dicho que le va muy bien la grasa de caballo, esa sustancia grasosa que se usaba hace años para lustrar las botas camperas. 


Mis melenas volvieron a la vida, parecían otro objeto, nada que ver con los colgajos que sacamos del sótano. El cuero se flexibilizó, apareció la belleza de la composicion de tachuelas y descubrimos un objeto cotidiano que se hacía con gran gusto. 


Según me contó mi padre, estas piezas se las había hecho a mis abuelos un artesano de Santibáñez llamado Goyo y apodado El Gordil, como su padre. Este señor trabajó de guarnicionero (el que trabaja el cuero). También repartió petróleo, luego tuvo un autobús que andaba por la zona y me cuentan que tuvo casa y tienda frente al super, llamada Electrovidriales. Ahora, ya mayor, debe estar con su hijo viviendo en Benavente. 

Pues él fue quien hizo estas joyitas, con el cuero, la zona baja adornada de tachuelas alrededor y con florecillas metálicas decoradas. Iban rematadas con unas trenzas de cuero que debían caer sobre los ojos de las vacas, para evitarles las molestias de moscas y otros insectos. Esta parte está ya muy estropeada, una de ellas ya no tiene nada y a la otra apenas le quedan unos colgajos. 


En la casa de mi amiga Adela, donde Martina y Gerardo, han recogido y arreglado otras melenas en mucho mejor estado que las mías. Su hermano Javi las limpió con esmero y ahora lucen así de chulas en el portal de casa:







A esto yo le llamo melenas, pero realmente, la melena es esa parte que digo que iba delante de los ojos de los animales, parece ser que la pieza total recibe el nombre de mullidas o frontiles. Es un almohadilla que se ponía debajo del yugo para evitar que este hiciera daño en el cuello de la vaca cuando iba uñida al carro. El arreo es una pieza de cuero rellena. En el caso de las mías, como están rotas y se ve el interior, yo diría que el relleno es como pelo, supongo que de vaca o de cabra, porque es corto y duro. Va cosido con tiras de cuero y adornada con tachuelas alrededor y también en la parte baja, en la parte que va justo encima de los ojos. Luego irían las melenas propiamente dichas hechas como las mías con tiras de cuero o bien con cordones de lana. 


En esta foto que Delibes colgó hace años en la antigua página web de Ayoó, se ve al vecino de Ayoó Sergio posando con su carro y su pareja y ahí se observan bien sus melenas.





En esta foto del pueblo de Cuadros también se ven bien:




Como en los arreos de los caballos, los de las vacas iban más allá de su mero uso instrumental y se convertían en ornamento para alardear y engalanar animales y carros. En la foto del libro Avileños (se puede consultar aquí), vemos una pareja usada en el arrastre de piedra, ataviada con unas melenas de gala.


En un artículo que he leído del Museo Etnográfico de Camargo (Cantabria) dedicado a las melenas se hacía mención a un artículo de un periódico y se leía esto: "Llegando el segundo domingo del mes todos teníamos la misma intención: el ferial. Unos para llevar el ganado previsto, andando desde sus cuadras, llevando del ramal la vaca con la ubre bien henchida, la novilla lustrosa y rellena de carnes, el jato con la prisión o cebilla, la pareja de tudancas bien apretada al yugo con las coyundas y luciendo los frontiles "de feria" (de gala), arreando el dueño con la aguijada su cansino andar…".


En un artículo que he encontrado colgado en unas páginas oficiales del Ministerio de Cultura, titulado Animalario, visiones humanas sobre mundos animales, se explica así todo esto de lo que estoy hablando: Un elemento fundamental de protección de las cabezas del ganado vacuno que lleva yugos de tipo cornal -atado a los cuernos- son los frontiles, muchas veces asociados a las melenas. Mientras los primeros evitan el rozamiento de yugo o de la correa que lo ata, la coyunda, las segundas tienen como misión espantar las moscas de la cara del animal. Normalmente suelen ser de cuero y están rellenos de paja, lana o borra, para amortiguar la presión. No obstante, también pueden estar hechos en esparto, como ocurre en el sur del país. Las melenas pueden ser una parte de ese cuero, hecho tiras o, como en este caso (el de la fotografía) de lana. En determinadas zonas hay un gusto decorativo que, como en otros trabajos de curtido del cuero, recurre a tachuelas de latón para formar motivos geométricos. En este caso, además, el elemento decorativo se une al funcional en las melenas de lana de color rojo trenzadas y acabadas en una borla.



23 de septiembre de 2019

Anoceas, la quitameriendas

Cuando vamos a la merienda de Requeijo el día de la víspera de la fiesta, el suelo ya está tapizado de unas florecillas que nacen al ras y que mi madre me enseñó que se llaman anoceas, “cuando salen te están diciendo que ya se acaba el verano, nos echan las anoceas se decía en el pueblo cuando empezaban a florecer en las eras, ya se acababa el trabajo allí”.


Las anoceas son una flor prima del famoso azafrán. Su nombre científico es Colchicum montanum y es una flor endémica de la península ibérica, es decir, que no hay otro lugar en el que se encuentre esta flor (excepto en alguna pequeña zona del Pirineo francés, las flores no entienden de fronteras) y suele salir en praderas y lugares de pasto de los ganados. Es una bulbosa que contiene colchicina, un alcaloide que puede ser venenoso si se ingiere, lo que evita que las ovejas se las coman. Por dentro, por debajo de la tierra, no es venenosa y los niños se entrenían sacando las flores y buscando una pequeña cebolleta que lleva dentro y que luego se comían.

Mira que no las he visto veces y solo tengo esta imagen en la que están tan chuchurrillas...
Anocea es un nombre que no he encontrado en otro lugar, pero esta flor sí tiene otra curiosa denominación, o mejor dicho, varias, similares, que varían de un lugar a otro pero que tienen una línea común: quitameriendas, comemeriendas, alzameriendas, echapastores... Y aún tiene más nombres: azafrán de monte, lirio de otoño, perezosas... no sé si habrá alguna flor con tanta diversidad de nombre.


He encontrado una explicación de lo quitameriendas que me ha gustado mucho. Está en la página del parque Lacuniacha, en el Pirineo de Huesca:  Antaño era muy habitual quedarse a merendar en el campo después de las labores o mientras se cuidaba del ganado, así que su nombre viene dado por  el momento en que florece, en los primeros días en que empieza a acortar la luz solar, como sí su misma aparición determinara el final de la época estival, de sus trabajos y entretenimientos.


En una de nuestra visitas a una zona muy bonita que está cerca de nuestra casa de Santurtzi, en Punta Lucero, Zierbena, encontramos otra flor que a mi me recordó mucho a la anocea y que luego, buscando, efectivamente, es de la familia. Se llama Crocus Nudiflorus y es similar, pero con tallo, no sale a ras de tierra. 



Ambas, como digo, son primas de la Crocus sativus que es la flor del azafrán (el azafrán son sus tres estigmas secos del pistilo, los palitos naranjas que salen del centro de la flor).

Crocus sativus plant, Peißnitzinsel, Germany. Foto cogida de Wikipedia.
Así que, azafrán no tenemos, pero su prima la anocea si que llena nuestras praderas.

11 de septiembre de 2019

El huevo y la gallina, la gallina y el huevo...




Las gallinas están de moda. Las gallinas y sus huevos. Un grupo de activistes veganes (la e es adrede, así escriben elles todos sus textos, con e, que las as Y las os son capitalistas y heteropatriarcales!!!) del grupo Almas Veganas han publicado un video en el que estrellan huevos contra el suelo y afirman que son productos de la explotación de las gallinas y de la violación por parte de los gallos. Aquí el video: 


En fin, cada loco con su tema, pero esto ha vuelto a hacernos hablar del huevo, uno de los alimentos más completos (y ricos) que hay y también de los más desconocidos, porque no sabemos apenas cómo salen del cuerpo de las gallinas.

Como muy bien dice un amigo del pueblo, así un poco a lo burro, el huevo es la menstruación de la gallina. Ya, ya, suena un poco burro, pero así es. El huevo se forma a partir de un óvulo del animal que se recubre de material nutritivo y de protección (clara y cáscara) antes de la puesta.


La gallina ovula cada 20-26 horas aproximadamente, es decir, casi un huevo al día, aunque varía de unas gallinas a otras, claro.

Y una cosa importante: la gallina no necesita ser fecundada para producir huevos. Si el gallo la monta y la fecunda y entonces en ese huevo sí se empezaría formar un pollito. Es decir, y siguiendo con el lenguaje así un poco a lo burro, el huevo no es, como mucha gente piensa, un aborto de pollito. El huevo es el óvulo que no ha sido fecundado y sale del cuerpo de la gallina. Para que haya pollito, el gallo debe gallar (así se dice en el pueblo) a la gallina. Y sí, es un poco burro al hacerlo, como en otros muchos animales, la agarra por la cresta o las plumas del cuello, la inmoviliza y le introduce el pene y el saco con su espermas. Es así, no hay que verlo con los ojos de los humanos, son animales y así llevan haciéndolo años y años y años y siglos.




La gallina es ponedora desde más o menos las 20 semanas de vida. Normalmente en el pueblo se compran jóvenes, lo que se llama “pollas”. Al principio ponen huevos de vez en cuando y pequeñitos, hasta que ya van madurando.




Junto a las gallinas solían tenerse algunos gallos pero su función no era tanto la reproductora como la cría para carne. Es decir, cebar los gallos para después matarlos y comer un buen pollo casero. En mi casa, por cierto, también tienen mucho éxito las crestas de gallo, una delicatessen de casquería que tienen una similitud a los callos (mi madre las hace con una salsa similar y son también gelatinosas).

Estas crestas tan ricas no son de casa, las comimos de tapa en el Bar El Canto, de la mano de Antonia, muy buena cocinera.

Este si es un pollo casero guisado en mi casa, por mi madre.

Sigamos con las pitas. Cuando la gallina es fecundada supongo que se despierta su instinto maternal y tras poner el huevo, se pone encima de él para incubarlo. El huevo no será viable si no está con una temperatura adecuada durante cierto tiempo y para lograrlo, se sienta encima. Es lo que en Ayoó se llama “güarar”.

Si se tenían en la casa las gallinas suficientes, no se las dejaba hacerlo y había que andar detrás de ellas para que no incubasen. A veces se las metía durante unos días en un talegón puesto del revés (y me cuenta mi madre que alguna, pobre, murió de hambre porque se olvidaron que estaba allí!!!!) o se las mojaba.




Y aquí aprovecho para contar una anécdota que aún sigue provocando las carcajadas en casa cuando se cuenta: Mis abuelos tenían varias gallinas güaronas y les dijeron a mis primos y hermano, Domingo, Manolo y Jesi, entonces niños, que las llevasen al pilo y las remojasen, para que se les pasaran las ganas de incubar. ¡¡Para que quieres más, niños, gallinas y agua!!! Mi hermano recuerda la juerga que se llevaron tirando a las gallinas al agua a ver si sabían nadar y  pero se les fue la mano cuando probaron cuánto tiempo aguantaba una gallina bajo el agua. Murió. Murió esa que a la ahogaron, pobre, y murió alguna otra que debió coger frío con tanto remojón. Dudo que mi abuela volviera a hacerles el encargo de mojar a las güaronas.



En la casa de mis abuelos las gallinas ponían los huevos en unos talegones que estaban arriba, en un corredor encima de la cuadra. Teníamos que subir por unas escaleras de piedra para llegar allí, era uno de mis trabajos cuando estaba en el pueblo. 

En general, las gallinas suelen respetar los lugares que se le habilitan para la puesta, siempre un poquito apartados del alboroto general del corral, aunque alguna que otra se acostumbraba a poner fuera de estos lugares y hay que andar buscando los huevos. Eso le pasaba a mi padre en el gallinero de nuestra casa del pueblo, que una le ponía entre las urces que estaban al lado.

Este verano ha sido el primero en el que estábamos en casa sin gallinas ¡y vaya si se ha notado! Producíamos muchísima basura que tenía que ir al contenedor, claro, y que antes dábamos a las gallinas. Todos los restos de comida, de fruta y de verduras, los apartábamos, los troceábamos si eran muy grandes y se las dábamos a las pitas, que daban buena cuenta de ellos.



Información sobre el huevo y su formación, cogida en la web elhuevo.org (y como el enlace a esta no funcionaba, lo tomé directamente de esta otra, Transformando el infierno).

Los datos sobre la cría de gallina, además de lo que he visto en casa, claro, los saqué de la web Experto animal.







21 de julio de 2019

A la peña San Mamés

Este pasado verano hicimos un paseo hasta la Peña San Mamés, hasta el punto geodésico. Desde allí hay vistas alrededor todo lo que dan los ojos y es hasta recomendable llevarse prismáticos porque se ve muuuuuuucho, una gozada, vaya.

Ya os he hablado en otra ocasión sobre vértices geodésicos, aquí la entrada. Allí ponía la indicación de cómo llegar que venía en la información oficial de los Vértices, pero ahora os voy a poner otra forma de llegar más sencilla, al menos en la explicación.


Para ir se sale por el camino del cementerio y se coge para la derecha, hacia el Requejino creo que se llama esa zona. Se toma el primer camino que sale a la derecha, tiras para adelante y vuelta a coger el primer camino que sale a la derecha.






Otra vez tiras para adelante, cuesta arriba, hasta coger un cortafuegos que va a la derecha (antes ha salido un camino a la izquierda que obviamos). 




Se pueden coger otros muchos caminos similares, si veis el mapa hay un montón y nos lleva al mismo sitio, al cortafuego de la peña. 

Llegamos hasta arriba. A un lado tenemos la zona de pinos de la peña, al otro el monte bajo y ya veremos el vértice. 



Ahora hay mucho pino nuevo saliendo y hay que ir un poco a rompemata, mejor llevar pantalón largo, pero vamos, sin problema.



Ya digo que la vista es espectacular, se ve toda la contorna, San Pedro, Carracedo, Santibáñez, los molinos de Villajeriz... Una pasada auténtica. Os dejo unas fotos y un pequeño video y os animo a dar un paseo hasta allí.












Para bajar, las opciones, de más sencilla a más complicada es o dar la vuelta por alguno de estos caminos o tirar desde el vértice hacia abajo y encontrar el cortafuegos que rodea la peña y que nos llevará hasta la carretera (cuidado, antes de la última bajada hay colmenas, pasar con mucho cuidado, dos veces he pasado, dos veces nos han picado). También queda la opción de bajar por la zona más cercana a los pinos. LLegamos a una zona de peñas y por allí está el dolmen de Ayoó. Os lo conté aquí.

Para terminar, un pequeño video que grabamos desde arriba, preciosas vistas, ya os digo. Animaos a subir y las veréis en directo :)