Foto 1: Tapa del alumbrado en una calle peatonal en las Callejuelas cercanas
a la Calle del Motín de la Trucha
Foto 2: Placa de la calle Traviesa. El apelativo travieso viene del toponímico del latín transversus
‘transversal, atravesado’ (Ver toda la explicación en el post de Topónimos donde venía El Reguero Travieso de Ayoó, aquí).
Foto 3: Antigua placa indicadora del teléfono publico en la calle Benavente.
Foto 4: Pared con sombras en la calle de las Chimeneas
Foto 5: Esquina entre la calle de las Doncellas (¡qué precioso nombre!)
y la Rua de los Francos.
Foto 6: Placa de la calle de Peñasbrinques (otro precioso nombre que no sé
de dónde viene, ¿alguien conoce web o libros sobre el orígen de los nombres
de las calles de Zamora?)
Foto 7: Conjunción de las calles de Santa María la Nueva (¿habrán robado la placa?) y de la calle del Motín de la Trucha, revuelta urbana del siglo XII de la que se pueden leer más datos en la web de Conocer Zamora, en un texto elaborado por Iciar Laguna.
Foto 8: Puerta en el Castillo.
Foto 9: Curioso comunicado municipal sobre una pared.
Semilleros (con cebollas en primer término) en nuestro huerto del Caño.
Nueva tanda de plantas que encontramos en nuestros huertos de Ayoó:
Cebollas: Allium cepa. Es uno de los frutos más conocidos y consumidos en todo el mundo, una de las primera plantas cultivadas. Se supone que su origen se situa en Asia Central y que fue introducida en Europa por griegos y romanos. Es un fruto barato y fácil de producir y sus beneficios son muchísimos: Mejora los síntomas de reumatismo, disuelve el ácido úrico, lucha contra las infecciones gracias a sus sales de sosa y su potasa, ayuda a prevenir la osteoporosis, protege el sistema cardiovascular y tiene vitaminas A, B, C, azufre, hierro, yodo, potasio, silicio y fósforo, entre otros... Vamos, una joya al alcance de nuestra mano.
- Babosilla,
la que se planta en primavera, y que sirve sobretodo para ensalada.
(Foto del catálogo de cebollas de la empresa agrícola Ferrago2007)
También se comen
los porretos, los ruchos que salen de la cebolla.
En los huertos, algunas veces vemos unas plantas largas, con una cabeza redonda llena de flores. Son las cebollas que se han dejado "subirse" para sacar la grana. Es la que se ve en esta foto, delante de mi padre, en el huerto de Perafondo:
Calabacines: Su nombre científico es Curcubita pepo y es una planta curcubitacea que, como otras muchas, llegó de América. Se cultiva en toda Europa como calabazas de verano, cuyos frutos se consumen inmaduros. Es fuente de betacarotenos y de vitamina C y se puede comer tanto crudo, en ensaladas, como cocido (el puré de calabacín con quesitos es uno de los platos que más gusta a mis padres, yo lo prefiero como fondo de un revuelto de verduras).
- Verde
- Blanquecino
- Jaspeado
Las hojas de los calabacines tapizan el suelo de los huertos.
La fuente de la Iglesia no echa agua. Ni gota. En los últimos años ha ido decayendo por dentro y por fuera. Sus cuatro caños echaban cada vez menos agua a la par que su aspecto externo iba deteriorándose.
Una pena ver cómo se estropeaba uno de los símbolos de Ayoó, la fuente admirada por todos aquellos que llegaban a uno de los rincones más bonitos del pueblo, la fuente de mi infancia y de la de tantos, la que ha saciado la sed de los que iban a la huerta, a segar, a acarrear, a abonar, a regar, a las viñas, a llevar el caballo, a lavar en el pilo... la sed de niños, ciclistas, paseantes, vecinos, jóvenes de hormonas revueltas, de los que descansaban del baile... la sed de mi familia, que allí ha llenado botijos, barrilas, botellas, calderos y herradas...
La fuente de la Iglesia la hizo el Ti Arturo, que fue alcalde de Ayoó en los años 30. Entonces tenía un tejadillo y 4 caños "y a la punta, un piricueto en el que jugábamos de críos", recuerda mi padre.
Fotografía tomada del blog Patrimonio Popular y posiblemente de alrededor de finales de los 60.
"El pilo estaba
igual que ahora pero delante, en la zona donde ahora está el
abrevadero, había un pilón que se usaba para meter a ablandar la
paja o para que bebiese la hacienda y que de este modo no se
ensuciase el agua de lavar la ropa. El pilo tendrá como 80 años", rememora mi padre. "Por bajo los
caños donde bajaba el agua, habían hecho un cañal para aprovechar el
agua que se iba y se desviaba a las huertas que están por allí. Se
le metió cemento pero no fraguaba. Le metieron barro, muy fuerte,
con el mayo de hacer las tapias y aguantó mucho tiempo".
Mi abuela Menta limpia la lechuga a la vez que llena el botijo.
Hace más de dos años escribía sobre el deterioro de la fuente de la Iglesia y ahora no puedo si no repetir lo de entonces:
Estéticamente está tocada, pero lo peor es que cada vez le llega menos agua. Se habla de pozos privados que se han hecho sobre el acuífero de que se sirve, tal vez la sequía que periódicamente afecta a Ayoó y quizás también sea una mezcla de todo, combinado con el cambio de estructura de la fuente. Esta es una teoría que me comentó un amigo este verano y no la veo tan descabellada: la fuente anterior era del estilo de la del Caño, una construcción con, creo recordar, tres caños bajos. En 1975 la fuente fue arreglada y se hizo un cuerpo muy bonito, con piedras de cuarzo incrustadas y cuatro caños, altos, elevados al menos un metro sobre la antigua. Mientras ha habido agua de sobra en el acuífero de que se nutre la fuente, ha seguido saliendo como estábamos acostumbrados, pero tal vez lo que mencionábamos antes, la sequía, los pozos, han cambiado la reserva de agua y la fuerza con la que puede salir ahora es más limitada y sencillamente no llega.
Y así estamos, por lo que dicen los que la han echado un vistazo, por dentro está hecha fosfatina y por ahí deberíamos empezar para recuperar nuestra fuente. Ojalá volvamos a poder echar un rico trago de agua en la fuente de la Iglesia.
Ayoó es famoso por sus fuentes y
manantiales. Unas nacen de forma natural y las personas las han
ayudado facilitándoles un lecho de piedras o encañando el agua en
fuentes más formales. Pero en ocasiones ha sido necesario buscar el
agua y sacarla a través de los pozos que pueblan las tierras
circundantes a Ayoó. Hay muchos pozos, como el de las Fontanas, el
del Coito, el del Robedillo... “Las obras para hacer los pozos
-recuerda mi padre- las pagaban los de las fincas de alrededor, el
que más metros tenía, más pagaba”.
El Pozo del Robedillo es el que está
entre las viñas, antes de llegar a las cuevas y del que mana un buen
chorro de agua, buenísima. Mi padre rememora cómo se hizo: “Tendría
yo como 13 o 14 años. Se empezó el trabajo en un piquín de tierra
de la madre de tío Ismael, que la dieron para hacerlo. Ponían
cuatro maderas y se iban apoyando allí, profundizando con un palo,
le dábamos a la bomba e iba la broca metiéndose. Todo se hacía a
base de maña”.
Lavando lechuga para la merienda en la cueva...
...bebiendo agua...
... y llenar el botijo.
“También vi como se hacía el pozo
del Coito. Se iba metiendo agua por un lado y por otro un tubo sacaba
la tierra. Con una punta de acero el palo profundizador y otro tubo
sacaba la tierra y la bomba iba desalojando el agua que salía, todo
a pura fuerza. El pozo del coito lo abrió Germán, el pocero de
Villamontán de la Valduerna”.
Mucho jugué yo de pequeña en los
alrededores del pozo, que estaba cerca de las eras de Pedro Simonín
y yo estaba por allí con sus nietos. Siempre me decían en casa que
cuidado con él porque salía el agua tan fría que luego daba dolor
de tripa. Ahora queda escondido junto al caño hecho durante la
concentración, a los pies de una finca, entre arbustos y zarzas,
roto el tubo, remendado pero con un chorro de gran fuerza que lanza
litros y litros de agua potable cada día.
Junto al pozo del Coito había un pilo
de piedras y por detrás tenía una seve (una muralla de leña
sujetada con tierra, que servía de parapeto para protegerse del
frío) para que quedara más abrigado. “Iban allí porque no había
sitio en los demás pilos del pueblo, se llevaba la ropa en talegas a
cuestas o en caballerías. Allí se sabían todas las noticias, todos
los cuentos”.
A pesar de los acuíferos que pueblan
el subsuelo de Ayoó, también hubo algún fracaso, como en La
Carvica, donde intentaron hacer un pozo y no salió agua.
El pueblo es aquel lugar en el que acaba toda la ropa que nos da pena tirar porque "para allí vale" aunque luego te des cuenta de que ir vestida de los setenta... ¡ni para subir a Peñacabras!. De la misma forma, las cuestas ayoínas son las últimas pistas que pisan algunos coches históricos, con décadas de rodaje en sus neumáticos. Estos son algunos de los que se han visto o aún pueden verse por las calles del pueblo:
El primero ya solo está en la memoria de mi familia, el 124 blanco de mi tía Paulina en el que yo me hice mis primeros larguísimos (así me lo parecía) viajes a La Bañeza. Mi tía vino de sus años de trabajo en Francia y Suiza y se afincó primero en La Bañeza y más tarde en el pueblo y lo primero que hizo fue sacarse el carnet de conducir y comprarse su independencia en forma de coche. No hace muchos años que lo cambió por el que tiene ahora, pero en casa se sigue recordando, y mucho este coche.
Mi tía posando a la puerta de la casa de mis abuelos junto a su sobrino Samuel.
Este era el Renault 4 de Celso que, si no estoy equivocada, se quemó en el incendio de la casa de los padres de Geno, la que se ve en la foto...
El Renault 6 TL de Jose el Guarda... ¿cuántos años tendrá?
Otro Renault 6 TL, el "tractor amarillo" de Nides.
Este también tiene un buen montón de años, un Renault 9 GTD de Jose, Ferrero (es que yo siempre le ha llamado por el apellido!!), el hijo de Jose el Guarda.
Este es un curioso coche que encontramos en el pueblo una Semana Santa (en 2008): un Volvo matriculado en Gran Canaria, con pestillos sujetando el capó, cortinillas y toda una curiosa parafernalia de adornos en el interior.
Y este Lada también nos (a Oier, que se hizo la foto al lado, y a mi) llamó la atención, ¡con limpias en los faros!
El que cierra esta curiosa colección no es del pueblo, lo encontré en Zamora y lo tuve que fotografiar... ¡una cirila, coche de pueblo donde los haya!
Aborrecer: Cuando una madre
renuncia a su cría. Suele pasar con los conejos, que a veces las
conejas pasaban de sus hijos hasta que estos morían. De pequeños
nos decían que no los cogiéramos, cuando eran muy chiquitines,
porque si no la coneja “los aborrecía”. En el Diccionario de la Rae aparece la
palabra con esta misma acepción: aborrecer.(Del lat. abhorrescĕre). Dicho de algunos animales, y especialmente de las aves:
Dejar o abandonar el nido, los huevos o las crías.
Chivitera: Pequeñas cuadras para
meter a los chivos.
En la zona de Sayago hay unas construcciones
tradicionales de piedra que también reciben ese nombre. Así la
describen en la revista digital Argi: “Es un corral de
cabritos al estilo tradicional en el que, hasta hace muy poco tiempo,
se encerraba al rebaño para el ordeño, el amamantado o el encierro
nocturno. Son pequeñas cabañas de piedra cubiertas con techos de
escobas que se construían antiguamente dentro de los corrales para
evitar daños por pisoteo de la manada o para proteger a los chivitos
de posibles depredadores como el zorro. Pero, además, constituyen el
lugar en el que el cabrero realizaba un gran número de actividades a
lo largo del año, como ordeñar, amamantar, podar las encinas o
elaborar quesos. Se llaman chiviteras, chiviteros o chiqueros”.
Desbarruncar: Caer la tierra
cuando haces una zanja.
Esmundar: Mondar, pelar patatas o
una fruta. Los niños, a la hora del recreo, corrían a casa a
esmundar patatas y a atizar el pote... niños como mi madre, o
Andrés Conejo o Feliciano, a los que recuerda muy bien mi padre. Si
al volver quedaba tiempo, jugaban.
Farrapo: Cacho de trapo.
Curiosamente es una palabra recogida en el Diccionario de la
Academia. Si buscas Farrapo
te lleva la definición a Harrapo
y de aquí te envían a Arrapo,
y aquí llega otro enlace, con Harapo
y aquí estamos en la última palabra, andrajo, ya con definición completa:
Pedazo o jirón de tela roto, viejo o sucio
.
En la historia de Brasil queda registrada una Guerra de los
Farrapos, en el siglo XIX en la provincia de Río Grande del Sur.
Guarar: Cuando las gallinas se
ponen encima de los huevos para que salgan los pollitos.
Repostero: El repostero es una
tela de lino que se hacía para poner en el carro, por si caía
grano y para evitar que se rompieran los sacos o también para
recoger las habas. Había veces que se usaba como improvisada manta.
En el Diccionario de la Academia no aparece repostero con esta
acepción, pero si con otra en la que también se refiere a un paño,
la tercera: Paño cuadrado o rectangular, con emblemas heráldicos.
También se llama así a las telas con las que se engalan los
balcones para ciertas celebraciones, como las procesiones de Semana
Santa (ver aquí).
Aquí tenéis otro precioso carro "adaptado" que puede verse por Ayoó. Es el carro de Guillermo y Genoveva, arreglado para poder llevarlo con el tractor, como otros muchos. Es un carro muy bello, en el que aún pueden observarse los restos de pintura de colores que adornaba su estructura así como los dibujos estarcidos de los cuarterones de sus costanas.
Las fotografías están tomadas este verano pasado e incluso le cogí a Guillermo Alonso (primo de mi padre, hijo de tía Anastasia y tío Guillermo) unos días después trabajando con él en las Suertes. Ahora me han comentado que está algo pachucho, de médicos, tras un susto que tuvo hace unos días. Espero que pueda reponerse y poder hacerle alguna fotografía más con su tractor y el viejo carro detrás.
Aquí el carro reutilizado como remolque del tractor y cargado de hierba.
Chapa del Impuesto de Rodaje del año 1973.
Matriculación del carro en San Pedro de Ceque, año 1951.
Otra parte de la matrícula
Supongo que José Alvárez habrá sido el primer propietario de este carro.
Una de las costanas del carro.
El otro lado.
Los dibujos de cada cuadro están casi borrados, pero aún se pueden intuir. Flores, motivos geométricos, hechos con una plantilla.
Las maderas están decoradas con motivos geométricos y pintadas en colores rojizos. Los hierros de las costanas eran azulados.
Otro detalle de los dibujos.
El cañizo ya está bastante estropeado, aunque ahí sigue haciendo su labor.
La costana por el interior.
Transformación de la bracera para poder enganchar el carro al tractor.