
En mis paseos cámara en mano por Ayoó, he aprendido a detenerme ante esas puertas de antes que aún quedan por casas, corrales y huertos en el pueblo. Allí hay un pequeño tesoro para los ojos que he ido recogiendo en un pequeño álbum fotográfico que podéis ver aquí, junto a puertas, ventanas, pejos y gateras. Son las aldabas, con sus curiosas formas, su tosca geometría, su belleza sencilla.
Realmente, no sé si la palabra aldaba, tan bonita, es la adecuada para estos viejos ingenios de abrir, cerrar y sujetar las puertas. Según el diccionario de la Academia, aldaba es “la pieza de hierro o bronce que se pone a las puertas para llamar golpeando con ellas”. Es decir, sería más esto

Pero yo recuerdo a mi abuela llamando aldaba a todo el sistema de abrir una de esas grandes puertas de madera y clavos gigantes y aldabeta a la parte que movemos apoyando el dedo pulgar, y aunque no sé si mi recuerdo es gramáticamente correcto, para mi vale y así las sigo llamando.

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