21 de diciembre de 2009

Invierno



Comienza el invierno y Ayoó lo ha hecho vestido de blanco... la nieve se ha acercado al pueblo unos días antes de llegar a la estación del frío y ha dejado el pueblo bajo cero pero precioso...

Antes, hace ya unos años, la nieve no era algo excepcional. Nevaba y lo hacía con ganas... los niños, como ahora, jugaban a tirarse bolas, a hacer muñecos y, al igual que los mayores, tenían que doblar el esfuerzo para mantener el trabajo del día a día y cuidar a los animales, que no podían salir a pastar al campo.



Recuerdo que mi abuelo me contaba de nevadas que pasaban del metro y que tenían que abrir caminos a paladas para poder salir de casa. También mi padre tiene en su cabeza las grandes nevadas de antaño: “Antes nevaba mucho más... en el año 59 creo que sería, cayó una nevada de dos metros que cuando abuelo se levantó de la cama estaba todo lleno de nieve, también el corral y el sitio donde estaban las palas que necesitaba para despejar la entrada. Como pudo fue a pedir una pala a un vecino para hacer trincheras para poder ir a la fuente, a las ovejas. Desde entonces siempre que veía que amenazaba nieve se ponía una pala al lado de la cama...”

“Una vez iba yo con abuelo a llevar un carro de harina a Castro, a la fábrica de cocholate de Castrocontrigo y había nevado mucho, el pueblo aún estaba con nieve, pero abuelo se arriesgó y cuando estábamos cerca de la carretera a Nogarejas tuvimos que dar media vuelta porque no eramos capaces a pasar.”

“También recuerdo que sobre el 54 cayó una gran nevada y tuvimos que bajar a limpiar la carretera hasta Carracedo y ellos hasta San Pedro y ellos hasta el Campo... con la pala y a quitar, por si pasaba algo que se pudiera llegar hasta el pueblo.”



“Recuerdo una vez que había nevado mucho y estaba todo igual y no se veían ni regueros ni nada. Un chaval que era vecino nuestro estaba de criado y no conocía las tierras y habían hecho una regatera en Valdecalas. Vio una pista de perdiz y fue a seguirla y cayó en la regatera. No podía salir, hasta los hombros de nieve.. al final, arrastrándose, lo consiguió, llegó a casa todo mojado... abuelo le dio aguardiente, le puso una buena lumbre para que entrase en calor y se recuperase del susto...”

“La nieve era buena, alimentaba las fuentes, los manantiales, salían los cañales por todos los sitios... Yo creo que en los sesenta, cuando nos vinimos nosotros aquí, dejó de nevar tanto en el pueblo y ahora no es como antes para nada...”



Gracias a la autora de las fotografías que ilustran este artículo y a Ayoíno 100x100 que me las ha hecho llegar. Son de la nevada que ha habido estos días en Ayoó, un poco antes de comenzar, oficialmente, el invierno.

2 comentarios:

Manuel-Santos dijo...

Yo viví la nevada de los dos metros o quizás mas, Ayoo se comunicaba por zanjas hechas en medio de las calles, estas comunicaban unas casas con otras y estas con la fuente,de los tejados había que bajar la nieve por miedo a que se hundieran,aquello era nevar y no esto,tenias que buscar las berzas, nabos y remolachas debajo de la nieve, aveces dudabas hasta en la finca de la nevada caída, pensando si era tuya.

Anónimo dijo...

Como pise mucha nieve, podía contar muchas anecdotas de mi tierra, Aliste. Reurdo la última nevada que viví alli´, fue en el año 71 estando en la mili en Zamora. Habia ido de sabado a lunes a casa, y claro el domingo por la tarde había que volver, pero lo tenía qie hacer a "dedo" y hasta llegar a la N122 habá 14 kilometros, en aquellos años por allí no pasaba ni un coche. Me pasé esos 14 kilometros nevando, y llegé a la N122(Ceadea) que me llegaba la nieve por encima de las botas. Allí ya me cojio un taxista. ¡¡¡Esto si es tener amor a la Patria. le comentaba yo al taxista!!!

Gumaro