Hace mucho tiempo que no sacaba a pasear a mis tabanitos y aquí están mis bichos, a ver si asustan a alguien y no nos encontramos con ciertas partes del pueblo llenas de porquería este verano. Hablo, por ejemplo, de Requeijo, donde está muy bien instalar dos o tres papeleras, pero hay que recordar que se deben recoger y vaciar.
La verdad que ver toda la porquería extendida en los alrededores daba pena y mala imagen, tanto para los que somos habituales como para los que nos visitan, nuestros “turistas” que, pocos, pero haberlos haylos. Como decía uno de los fijos del banco a la sombra “para eso, que las quiten, al menos así alguno tendrá vergüenza torera y se llevará sus desperdicios en vez de dejarlos ahí”. Por que esa es otra... no cuesta nada llevarse lo que has traído, el papel de plata de la merienda, el brick del batido o la bolsa de gusanitos del niño... todo se puede volver a meter en una bolsa y tirarlo en un contenedor ya en el pueblo, donde sabes, fijo, que lo van a recoger.
Y ya de paso, enseñar a los niños a hacer lo mismo (es difícil eh? lo sé en carne propia) que da pena ver la zona del campo de juego del Coito, uno de los lugares más visitados por la chavalería en verano y cuyo rastro queda en forma de decenas y decenas de bolsas de chuches volando por las antiguas eras.
Así que deberes para todos (empezando por mi misma): a recoger todo lo que uno lleva, que no dejemos nuestra huella de plástico en los paisajes de Ayoó.
Y para que no se me diga que solo pongo lo malo, aquí está la foto del bidón-papelera que se instaló en San Mamés el día de la procesión.
De este modo, cualquier pañuelo, papel o envase de chicle que en ese par de horas tuviera riesgo de terminar en los pinos, tenía su sitio donde ser recogido. Así, sí.