16 de julio de 2010

La Iglesia por dentro: La Virgen del Carmen

La Virgen del Carmen, una de las más populares de la iconografía católica, está también representada en la Iglesia de Ayoó. Y además, por partida doble: una figura en el retablo principal y un cuadro en una de las paredes (en la pared de la derecha, desde la puerta, tras pasar el altar).


La figura se encuentra en la calle baja, a la derecha del altar (la izquierda mirando desde la puerta). La Virgen se encuentra vestida con el hábito de los carmelitas, con el niño en el brazo izquierdo y el escapulario de la orden en el derecho.



En el cuadro aparece casi de la misma forma, pero se le añade a la imagen una capa y una persona orando ante ella.




El nombre de Virgen del Carmen es la forma habitual de referirse a Nuestra Señora del Monte Carmelo y lleva ese nombre porque se supone que se le apareció a unos fieles en este lugar, el monte Carmelo, en Israel. El nombre en árabe quiere decir “jardín” y en hebreo “Viñedos de Dios”.


La Virgen del Carmen es especialmente venerada en los pueblos de la costa con tradición marinera, como mi otro pueblo, Santurtzi, de donde es patrona y por la que en julio celebramos unas grandes fiestas.


Artículo elaborado con la ayuda de esta entrada de Wikipedia y esta otra de Las siervas de los corazones traspasados de Jesús y María.

13 de julio de 2010

Basura



Hace mucho tiempo que no sacaba a pasear a mis tabanitos y aquí están mis bichos, a ver si asustan a alguien y no nos encontramos con ciertas partes del pueblo llenas de porquería este verano. Hablo, por ejemplo, de Requeijo, donde está muy bien instalar dos o tres papeleras, pero hay que recordar que se deben recoger y vaciar.


La verdad que ver toda la porquería extendida en los alrededores daba pena y mala imagen, tanto para los que somos habituales como para los que nos visitan, nuestros “turistas” que, pocos, pero haberlos haylos. Como decía uno de los fijos del banco a la sombra “para eso, que las quiten, al menos así alguno tendrá vergüenza torera y se llevará sus desperdicios en vez de dejarlos ahí”. Por que esa es otra... no cuesta nada llevarse lo que has traído, el papel de plata de la merienda, el brick del batido o la bolsa de gusanitos del niño... todo se puede volver a meter en una bolsa y tirarlo en un contenedor ya en el pueblo, donde sabes, fijo, que lo van a recoger.

 Y ya de paso, enseñar a los niños a hacer lo mismo (es difícil eh? lo sé en carne propia) que da pena ver la zona del campo de juego del Coito, uno de los lugares más visitados por la chavalería en verano y cuyo rastro queda en forma de decenas y decenas de bolsas de chuches volando por las antiguas eras.


Así que deberes para todos (empezando por mi misma): a recoger todo lo que uno lleva, que no dejemos nuestra huella de plástico en los paisajes de Ayoó.


Y para que no se me diga que solo pongo lo malo, aquí está la foto del bidón-papelera que se instaló en San Mamés el día de la procesión.



De este modo, cualquier pañuelo, papel o envase de chicle que en ese par de horas tuviera riesgo de terminar en los pinos, tenía su sitio donde ser recogido. Así, sí.

11 de julio de 2010

9 de julio de 2010

Don José, el practicante

Tras hablar de los médicos de Ayoó, alguien me recordaba que contase algo de un hombre que fue muy conocido en su puesto: el practicante don José, más conocido en el pueblo y espero no ofender a nadie, como José Patatrinca (andaba cojo a consecuencia de un accidente de moto). Estaba casado con una mujer del pueblo, Kika (se casó en 1959, lo recordaba mi tía Paulina porque fue un año después que su boda), hermana de Luis, el de Conce y vivió en la casa que ahora es la de Celia y Amancio, en El Canto. Tuvo seis hijos (Luis, Amparito, Manolo, Antonio y César y una niñita que falleció de pequeña) todos nacidos en Ayoó y que siguen manteniendo cierta relación con el pueblo, haciendo alguna visita ahora ya mayores.
Practicante es una persona con conocimientos sanitarios que se encarga de hacer curas, administrar los medicamentos recetados por el médico y poner inyecciones. Tras don José no hubo practicantes fijos en el servicio, hasta llegar Rosa, la actual profesional, que lleva 17 años en Ayoó.

Mi tía Paulina me contó parte de su trabajo: “Asistía a partos como una comadrona y trajo mucho niños al mundo en el pueblo entre ellos a tu primo Domingo que si no es por él, no nace. Venía atravesado y tardó mucho en nacer. Don José estuvo con mi tía, a su lado, 24 horas. Nació negro, lo azotó y se puso a llorar. "Me dijo, Paulina, que ya tenemos niño”.

Don José debía ser un tipo bastante particular y para muestra, una anécdota de su vida personal: Cuando nació Jose, el segundo hijo de Ascensión y Delfín (primo carnal de mi padre), eligieron al practicante como padrino.


En aquellos años, en la Cuaresma había una misa presidida por los curas de Ayoó, San Pedro, Santibáñez y Fuentencalada en la que había que confesarse y donde pasaba lista el sacristán. Para ser padrino se necesitaba la confirmación de que habías ido a esa misa y José no lo había hecho. Don Eleuterio le mandó llamar, “dile a José que si quiere ser padrino tiene que hablar conmigo”. El practicante dijo que no iba y el cura, que no le dejaba ser padrino si no se confesaba. Así que Delfín tuvo que buscar otro padrino para su hijo, responsabilidad que al final recayó en un cuñado suyo, Domingo.

6 de julio de 2010

Médicos y enfermos (2)

Otro caso de médicos que recuerdan en mi casa fue el de una vecina de mis abuelos llamada Avelina. La mujer se puso de parto, pero el proceso se paró y el niño no salía. El médico la examinó y dijo que el niño estaba ahí pero que no bajaba y que él no podía hacer nada, que había que llevarla a Zamora.


La pobreza de medios de la época se hizo dramática en aquel caso: Los vecinos tuvieron que ir en caballería hasta Santibáñez a pedir un camión para trasladar a la mujer. En él, mi abuela y otras mujeres instalaron un somier y le hicieron una improvisada cama para el camino. Así llevaron a la parturienta hasta Zamora. El bebé no aguantó, murió. Años después, la mujer tuvo otro hijo, una niña.


El pago de la iguala daba derecho no solo a la asistencia, también a tramitar, llegado el caso, el Certificado de Defunción. Un papel que tuvo que ser peleado en un dramático caso, muy presente en mi casa porque fue la muerte de una hermana de mi abuela Menta.


Dorotea era la penúltima de los hermanos Carbajo Aldonza (mi abuela era la hija más pequeña), estaba casada con Domingo y tenía tres hijos pequeños, Vicente, Florentina y Delfín. Un día, cuando estaba en el monte trabajando, cayó muerta, de repente. El marido tuvo que volver al pueblo a dar aviso, ir a buscar la vacada, coger las vacas y volver con un carro a por el cuerpo.

Mi tía Paulina me dio más detalles del suceso: "Cuando murió, tía tenía 42 años, primo Delfín 10 y yo tenía 6 años. Recuerdo que fue en la Chana. Estaba segando, se sentó en la morena, fue a atar los chancros y cayó. Todavía recuerdo cuando la ti Matilde Castaño le dio la noticia a abuela: Menta, Menta, no sabes que murió tu hermana en La Chana...", me contó mi tía casi con lágrimas en los ojos porque aquello fue un drama que nunca se olvidó en la familia. Mi abuelo Teófilo fue a casa del médico, Don Teodoro, a Santibáñez a pedirle que le diera el Certificado de Defunción y este le dijo que, con la ley en la mano, deberían hacerle la autopsia para saber la causa de la muerte. Mi abuelo rogó y pidió, por favor, que lo hiciera por los hijos, unos críos que acababan de quedarse huérfanos y que no dilatase los trámites en un momento tan doloroso. Le dijo "apiádese de sus hijos y de mi mujer, que es su hermana”. Don Teodoro accedió y firmó el Acta de Defunción.

3 de julio de 2010

Médicos y enfermos (1)

Tras muchos años de servicio en Ayoó, hace unos meses dejó su puesto Violeta, la doctora del pueblo que ha sido sustituida por un joven profesional de Salamanca, llamado Enrique y que parece haber superado con nota el primer contacto: amable, atento y diligente. Su nombre es el último de la lista de médicos de Ayoó: Don Angel, Don Alberto, Don Etelvino, Don Alvaro, Don Luis, María Angeles, Violeta y el actual, Enrique.


Mucho ha cambiado la práctica de la medicina en un pueblo como Ayoó en esos cincuenta-sesenta años y aún más, el papel del doctor en la vida social del pueblo. Del Don y del respeto temeroso a una relación mucho más cordial, relajada y cercana.


En los años cuarenta-cincuenta no había Seguridad Social y se pagaba una iguala. (1)
Con este pago se tenía asegurada la atención médico cuando fuera necesaria o poder obtener un Certificado de Defunción, si la cosa no había tenido arreglo.


Los doctores, tanto los de los humanos como el de los animales, el veterinario, estaban en Santibáñez: Don Dionisio, Don Teodoro y Don Pedro. Tenían una caballería muy buena y cuando alguien les daba un aviso iban en él, en el caballo grande, bonito, de buen porte y con una manta hermosa... era el equivalente al Mercedes de hoy.
Si uno no se encontraba demasiado mal, iba el enfermo hasta la consulta.


En la atención sanitaria de aquellos años, en mi casa recuerdan la labor no de un médico si no de un cura. Se llamaba Don Fermín y era de la familia de los Ferreras. Estaba destinado en Zamora y cuando alguien estaba tan mal que debía desplazarse hasta allí, se le atendía “como pobre”, sin recursos, por medio de la beneficiencia. Don Fermín intercedía por la gente de Ayoó. Le decía al médico de turno, “atiéndele bien que es de mi familia”. Hubo uno que le mencionó, con cierta sorna, “cuánto primo tiene usted en el pueblo, don Fermín...”, lo que el susodicho zanjó con un “mira, hijo, es que mi madre tenía muchos hermanos...”.


Don Fermín, que estaba atendido por una señora llamada Francisca (más conocida como “la Quica”), procuraba que la gente del pueblo tuviera buen trato. A una entonces niña, Conce, hija de la Ti Leonor, vecina de mi familia, le salvó la pierna.  Tenía seis o siete años cuando se cayó jugando en el prado. Se hizo una herida muy fea, fue al médico y se la vendaron. Se quedaba en la casa con mi abuela Menta, para no estar ella sola en casa y la pierna le dolía y olía mal... Cuando le quitaron la venda, la herida estaba casi gangrenada. La llevaron a Zamora y los médicos querían cortar la pierna de lo mal que estaba. Don Fermín estuvo a su lado y pidió que hicieron lo posible por salvársela, que era un niña, de familia humilde, que esa no sería vida para ella... y lo consiguió, Conce salvó su pierna.




(1) Iguala: Convenio entre médico y cliente por el que aquel presta a este sus servicios mediante una cantidad fija anual en metálico o en especie. Definición del Diccionario de la Academia.

1 de julio de 2010

Dentistas

Acabo de perder una de mis muelas del juicio, que por puñetera y por llevar tiempo dándome guerra, ha sido extraída por la dentista. La verdad que ha sido cosa fácil (con el miedo que yo llevaba), sin dolor y sin apenas molestias. Nada que ver con cómo eran antes estas cosas de la boca. En mi familia siempre han tenido problemas con los dientes. Mi abuela lo pasó muy mal con su dentadura y la misma herencia le ha quedado a mi padre, así que se conocen bien las consultas de los dentistas (nada de odontólogos, que eso es cosa moderna) de los alrededores de Ayoó.




Dentista antiguo. Fotografía tomada de la página web de Deltadent.


De antes, se recuerda en casa al dentista de Benavente, que pasaba cada miércoles por Santibáñez. “La consulta -cuenta mi padre- la tenía en el bar de Domingo y Felipa. Ibas hasta allí si te dolía algo, te lo miraba y si estaba mal, fuera diente (entonces, ni empastar ni nada, claro). También me acuerdo que tío Dionisio y tía Anastasia (ambos hermanos de mi abuela Menta) tenían problemas con la boca. Fueron hasta Astorga a ponerse la dentadura, que ya entonces costó lo suyo y al final nada, no les quedó bien y acabaron sin dientes”.