29 de febrero de 2012

La Iglesia por dentro: el púlpito




El púlpito es uno de los elementos que encontramos en toda Iglesia. La palabra viene del latín, de “pulpitum”, que significa tribuna. Se llama así al lugar elevado, colocado en una columna o una pared lateral del templo desde el que se predicaba en las celebraciones.



Los púlpitos comenzaron a construirse en el siglo XVI. En las Iglesias primitivas no existían, se predicaba desde la sede o cátedra, en el altar. Hasta la reforma del Vaticano II el púlpito fue uno de los puntos más destacados de la Iglesia, al usarlos los curas para predicar el Evangelio desde ellos y para dirigir la forma de vida de los fieles, lo que se podía o no se podía hacer, amenazar con castigos, criticar actitudes y marcar, en definitiva, la vida de los pueblos con lo que se decía desde este lugar.


El púlpito del pueblo es de madera y ahora está situado a la izquierda del altar (visto desde la puerta).


La Iglesia en la Semana Santa de 2008




Antes, era el mismo (si no estoy equivocada) y estaba situado a la izquierda, entre los bancos y la zona del altar, con una pequeña escalerilla para acceder a él.
La Iglesia en la Semana Santa de 1995

Y aún antes, como nos explican en un comentario publicado en esta entrada, el púlpito tenía otra forma, con tornavoz (el techito que lo coronaba): "Originariamente estaba más pegado a la columna.  Lo que quiero añadir es que tenía un "sombrero", es decir, como una tapadera de madera colgada sobre él (en muy mal estado, por cierto). Si no me equivoco era de forma octogonal, faltandole dos de los lados que era por donde se entraba. Se ha restaurado, limpiándolo,lijándolo y poniendo pan de oro en unas pequeñas tiras labradas que tenía. Con él se han hecho los dos ambones (Evangelio y Epistola) que podemos ver ahora".

Púlpitos de todo el Valle de Vidriales y la historia de este elemento del templo, pueden verse y leerse en esa página del blog del profesor Emiliano Mencía, Patrimonio Popular.


27 de febrero de 2012

Mi despensa ayoína

Esta es una pequeña parte de mi despensa, la parte de condimentos, directamente llegada desde Ayoó:


De izquierda a derecha: maíces para hacer palomitas al viejo estilo, con sartén; orégano, perejil, te y unos ajos que aún me quedan de la última remesa que me trajeron, todo made in los huertos de mis padres!!!!!

22 de febrero de 2012

Palabrero ayoino (19)

Grama: Hierba de césped que se pega al suelo, muy espesa y tupida. Mi madre me dice que era malísima, que se te metía en una finca y no había forma de terminar con ella.

Nombre botánico: Cynodon dactylon. En el trabajo de Yolanda Cano Lobato, el Estudio Etnobotánico del Municipio de Ayoó de Vidriales, se recoge que esta planta tenía usos veterinarios: se cocía y se le daba de beber a los animales el agua de este cocimiento para los “trozones” para que orinen. Efectivamente, en los tratados de botánica, está recogida la propiedad diurética de esta planta, en las raíces y las partes subterráneas o bien tomado en tisana.

Patalobo: Es una hierba que crece en las tierras labradas. Era muy mala y no la comían ni los animales, les hacía daño.
Foto: http://www.testudines.org

Patalobo parece corresponder al Ranunculus Sardous, una planta pelosa, anual, de flores amarillo pálido que florece de primavera y hasta el otoño. También hay otra Ranunculus, este de apellido Rapens, con tallos rastreros, hojas verde oscuro manchadas de blanco, con tallos velludos. Todas las plantas de esta especie son venenosas (por eso decían en mi casa que los animales no las comían... qué no son tontos ellos!!!). El sabor del ranúnculo es acre, así que el ganado evita comerlo. El contacto con la savia puede producir irritación en la piel.



Nabiza: La nabiza (Raphanus raphanistrum), es el nabo silvestre, con una flor blanquecina. Era una mala hierba que había que quitar porque se tendía y aplastaba el trigo, no lo dejaba crecer.

Foto: Wikipedia


Gordoncillo: Es una planta de tallo muy delgadín y como una espiguina al final también muy delgadina. Se le daba para comer a la hacienda, pero no sacaban mucho de ella, valía poco.


Cachapego: Es una planta silvestre, alta, con flores amarillas. En algunos libros aparece que el cachapego es uno de los nombres con el que se conoce al Hipérico o hierba de San Juan. Pero aquí, aunque una no es experta en plantas, voy a decir que son cosas diferentes.





La planta que me señaló claramente mi madre como cachapego tiene las flores con los pétalos separados, como se ve en las fotos. Y el hipérico, Hypericum perforato, es similar, pero no como el que me señalaba mi madre. Viendo las imágenes yo creo que estas flores amarillas que encontré paseando por el camino a Requeijo, si es Hipérico:


Foto: Wikipedia


Así que al cachapego lo que es de él!!!

Avena brava: Avena que nace en los alrededores de la tierra, sin grano, no es la que se cultiva. Se conoce en botánica como Avena Fatua.



Ballico: El ballico es una hierba forrajera que se plantaba en los huertos para dar a la hacienda. El ballico (Lolium temulentum) es una gramínea buena para pasto y para formar céspedes (se le llama también césped inglés). Es originario de Sudamérica y suele crecer en las mismas zonas donde nace el trigo. Esta planta es la que también se conoce con el nombre de cizaña.

Foto: Agroterra



Jolio: Es una hierba que crece entre el trigo y que alimentaba muy bien al ganado, sobretodo a las ovejas. Por ello se iba a escoger el jolio, es decir, arrancarlo entre el trigo para que este creciera más limpio y fuerte. Cuando el trigo echaba la espiga ya no se iba para no estropear la planta, que se doblase y que no diera fruto.


19 de febrero de 2012

Nuestros arcos

Al publicar el artículo anterior sobre la vieja cocina de arcos, recordé que también nosotros descubrimos una construcción similar en la casa de mis abuelos. Fue a mediados de los años 80, hace casi ya treinta años (¡¡madre mía!!), cuando mi tía Paulina arregló la parte de arriba de la casa, donde estaban las cuadras. Al tirar eso, en la medianera con la casa de Tina Ferrero apareció una construcción con arcos. Y allí estábamos todos posando (yo sacaba la foto):

De izquierda a derecha, mi abuela Menta, mi madre Emilia, un Jesi veinteañero, Manolo, marido de mi tía, mi tía Pulina y mi padre, Antonio.

15 de febrero de 2012

La cocina de arcos






Mi fama de rebuscacosasviejas ya empieza a extenderse por el pueblo, así que esta cocina que hoy presento es fruto del aviso que me dieron Avelina y Antonio. Estaban ellos arreglando un muro de su casa y recordaron que allí mismo había unos restos, en la vieja casa de una mujer llamada María, conocida como “La Chinguera”. Y así llegué a esta joya, los restos de una cocina de arcos.




Cuatro arcos que aún se mantienen en pie, un horno derruido, una alacena excavada en la pared, los restos de la chimenea... Lo cierto es que con los muchos años que lleva caída la casa es casi milagroso que la cocina conserve su esqueleto en relativo buen estado. ¡¡La de panes que se habrán hecho allí, la de calderos de los cochos que habrán colgado en su lumbre, la de veces que los habitantes de la casa se habrán acercado a las brasas para quitar el frío!!

En este arco se ha aprovechado un lado para hacer una alacena y debajo se observa la entrada de una boca de horno
Detalle del arco, donde se observa el encaje de las piezas de adobe que forman el arco y que fueron después cubiertas por un baño de barro.

Detalle de la alacena situada bajo el arco.

Otro de los arcos, el que estaba situado sobre la pared medianera de la casa.

Por encima del arco aún asoma una vara de madera de las que cruzaban la chimenea.

Tercer arco de la cocina.
Detalle de la piedra que sirve de cimiento sobre elque se asenta el arco.


Cuarto arco de la cocina.

La chimenea, ahora abierta al cielo.

El horno de pan del que ahora apenas unas ruinas, también tenía su presencia en esta cocina. La boca, como hemos visto, estaba en la parte baja de unos de los arcos (posiblemente el suelo estuviera bastante más bajo que como aparece ahora, con todos los restos y cascotes de la ruina) y lo que es el horno en si mismo, en la parte de fuera.





En el blog del Ti Joaquín, sabio, como siempre, se hablaba de estas cocinas de arcos y como más sabe él que yo de ellas, transcribo lo él puso:


Cocina de arcos, máxima categoría de las cocinas “viejas”, o “de masar”, en las que la lumbre se hace en el suelo y los arcos dan amplitud y soporte a la enorme y pesada chimenea de adobes, con tejadillos o “faldas” para evitar la erosión de la lluvia, y con un acceso en una de sus paredes al horno, pieza fundamental en las casas por la necesidad de cocinar el pan. Otras funciones son el curado de “la matanza”, calentar agua o cocinar alimentos, generalmente para el ganado, y cómo no, dar un “calentón” cundo se llega a casa en los húmedos y fríos días de invierno.


13 de febrero de 2012

Cuando salí de Ayoó: Concepción Quiroga


Ya dije que en el repaso de aquellos que cruzaron el océano en la primera gran emigración del siglo XX, seguro que se me quedaban muchas personas. Una de ellas ha sido Concepción Quiroga, de la que me ha hablado su bisnieta, Conchi Riesco. Ella ha llenado con sus recuerdos aquello que yo no había puesto así que aquí va la pequeña referencia a Concepción y su familia en palabras de su bisnieta:
Mi bisabuela Concepción emigró para Brasil, entonces decían El Brasil, y allí nació mi abuela Josefa. Se llamaba Mª Concepción Quiroga y el bisabuelo Andrés Pontejo. Tuvieron dos hijos, Bernabé y Josefa Pontejo Quiroga. Él murió en Brasil, siempre oí que trabajó en el campo, en la caña de azúcar, no sé si mi imaginación ha ayudado, pero creo que así fue.La bisabuela volvió viuda y ya en el pueblo, se casó con su cuñado, hermano del fallecido, Domingo Pontejo, supongo que en un claro intento de mantener las fincas y demás dentro de la familia. El también era viudo, y aportó 4 hijos má: Teresa, Rosa, Ramiro y Manuela. El nuevo matrimonio tuvo a Cándida, a Cleofé, otra de mis tías preferidas, cariñosa, trabajadora y con humor, madre de Pilarín-Concha, la de Antonio, a Ludivina, madre de Ventura, y a Emiliana, que se casó con un gallego, Darío, y aún viven y la veo por las fotos de mi prima Mª Cristina Alonso en Argentina, y esta guapisima.

Y todo esto lo sabe Conchi porque ha sabido escuchar: Tengo estos datos anotados gracias a mi Tio Andrés Cano, actor de comedias y eterno enamorado de mi tia Cándida. Son los padres de Domingo Cano, que tiene la casa frente a Ceferino y Amelia, en la calle Castillo. Andrés murió hará unos 3 años, no sabría decirte, y Cándida esta para Asturias con su familia. Todos los días en el verano o en cualquier puente, nos sentabamos en su cocina, sobre el hule con el mapa de España, y mi tío nos recitaba aquello que le decía a Doña Inés, en sus comedias de mozo, o la tía contaba como estuvo él enfermo, pero aún así se casaron..en fin, son sin duda dos de las personas que más quiero y extraño al volver al pueblo.



11 de febrero de 2012

Un emigrante: Joaquín Alonso Barrio

En el artículo anterior dedicado a la emigración hacia América, hablábamos de Joaquín Alonso Barrio. Como su hijo Carlos Alberto es un buen amigo con el que contacté a partir de nuestros mensajes en la web de Ayoó, a él le he pedido una semblanza de su padre y de su relación con Ayoó, desde la distancia. Estas son sus palabras:


Mi padre, Joaquín Alonso Barrio, hijo de Narciso Alonso Blanco (ayoíno, Carpintero, Agricultor...) y de Matilde Barrio (ayoína, ama de casa), nació en Ayoó de Vidriales el 21 de Septiembre de 1918 y fue inscrito por el cura del pueblo en los registros de Astorga (como correspondía en esa época) fue uno de siete hermanos, Antonia, Joaquin, Lorenzo, Narciso, Maria, Emiliana y Teresa. Su niñez y parte de su juventud las dedicó a las faenas del campo en el pueblo.


A los 18 años (Año 1936) se enlistó en el ejército y peleó en la guerra civil, en la octava división del ejército de Franco, luego pasó a la Guardia Civil e intentó otros emprendimientos empresariales hasta el año 1949 en que emigró a la Argentina invitado por dos tíos (Basilio y Domingo Alonso Blanco, ayoínos también) que radicaban en la provincia de Salta, Argentina donde se dedicó al transporte en camiones hasta su fallecimiento en el año 1997 a los 79 años de edad.


En Argentina, el día 5 de Diciembre de 1953 se casó con Rosa Benavides Ortiz, argentina de nacimiento, hija de Natalio Benavides Bohorquez (andaluz) y Josefina Ortiz (valenciana) y tuvieron 5 hijos: Ricardo, Carlos, Joaquín, Matilde y Maria de los Angeles y 11 nietos.


Volvió al pueblo en innumerables oportunidades, pero solo de turismo a visitar su entrañable Ayoó y a sus hermanos y sobrinos. El respeto y orgullo por su origen y linaje ayoíno fue su estandarte de vida. No hay que olvidar que el migrante, en la tierra que fuere y sea cual fuere la razón de su migranza, nunca es visto con igualdad social sino con cierto dejo despectivo, mas allá de la aparente receptividad que se hacía de los migrantes europeos en Argentina, en fin... el migrante, siempre es migrante y sufre marginación y menosprecio, así que el lugar en la sociedad que lo "acoge" se lo tiene que ganar con esfuerzo y años de muy buen comportamiento como vecino, porque nunca le llega como simple añadidura, siempre es visto como un extraño, aun en su familia, que como en nuestro caso, eramos seis argentinos (5 hermanos y mi madre) que nos identificábamos perfectamente como argentinos y mi padre el "extranjero" con quien nadie hacía causa común. El nunca dejó de ser español, jamás se interesó por la nacionalidad argentina.


Esto es algo que también me sucede a mi como migrante argentino en Bolivia y tampoco nunca me interesó la nacionalidad boliviana. La nacionalidad es algo que casi nadie abandona, siempre tratas de morir con la identidad que traes de nacimiento.


En Salta, Argentina llego a tener unas parcelas de tierras en la localidad de Atocha (Municipio de San Lorenzo, Provincia de Salta, Argentina) a las que puso de nombre "Finca Ayoó de Vidriales" y una parte de ella todavía esta en poder de su hijo homónimo y junto a esta finca, hay una calle que lleva su nombre, JOAQUIN ALONSO BARRIO a gestión mia ante las autoridades del municipio de San Lorenzo.



Esta foto es del año 1995, cuando Joaquín tenía 77 años de edad.

El ave que está en su hombro es un pájaro salvaje llamado "Chasca" que difícilmente se acerca a los humanos, pero ese se acostumbró con mi padre y lo acompañaba a todos lados, inclusive daba unos gritos muy fuertes cuando alguna mujer se acercaba a mi padre, incluidas mis hermanas, eso fue hasta que mi padre murió y el pájaro desapareció.

De este ave, dice alguna leyenda Quechua de la zona, que es algún espíritu errante que viene a buscar a sus seres queridos y les acompañan en sus últimos tiempos y en esa época, decían que el ave era el espíritu de mi madre (que había muerto 10 años antes) que le hacía compañía. Como quiera que sea el ave no se separó de mi padre hasta que murió y luego al pájaro no se le vio mas por allí.


Mis padres recuerdan perfectamente a Joaquín, tanto antes de irse como después, cuando visitaba el pueblo, una vez instalado en Argentina.

Mi madre tiene en su memoria una anécdota de Joaquín: estaban unas cuantas mujeres lavando en el pilo que había en el reguero del Canto, por donde están ahora los contenedores del reciclaje, cuando pasó por allí Joaquín y coincidió con un vendedor ambulante, de los muchos que por entonces iban por el pueblo, que llevaba cerezas. “Aún como si fuera hoy, recuerdo, dice mi madre, como compró un cesto de cerezas y se lo llevó a las lavanderas para que comieran”.

Mi padre cuenta como siendo él mozo, estaba con otros compinches durmiendo en un pajar, tras la boda de Elvira y Juan José. Pasaban por la calle unos cuantos, entre otros Joaquín, y le preguntaron la hora. Y este, en broma, les contestó: “aún me faltan cinco duros para un reloj” y así, sin darles la hora se quedaron los mozos.

También recuerda mi padre cómo tenía una perra a la que llamó Vasca, porque se la trajo de Pamplona. La llevaba a cazar y un día, cuando estaba por el monto con varios vecinos del pueblo, entre ellos mi abuelo, iban a conejos. Joaquín tiró a uno y dijo, “dejad, que ya va la perra, que le he dado, le he dado” pero el conejo corrió y corrió hasta que la perra lo pudo atrapar. Mi abuelo se mofaba diciéndole, “Joaquín, menos mal que le habías dado, que si no te hace atravesar todo el monte!” Y él, “que si no lo veo no lo creo, ¡si dio la vuelta y todo!”.

Joaquín, como cuenta su hijo, volvió muchas veces al pueblo y compartió numerosas visitas a la bodega o meriendas en Requeijo con mis padres, generalmente de la mano de Antonia, la única de los hermanos que sigue con vida. Curiosamente, en la foto anterior ue me ha facilitado Carlos Alberto, me decía que los cuchillos que tenía su padre delante eran para un asadoque estaba preparando. Y mis padres también me dicen que eso se le daba muy bien y que en muchas de esas reuniones, era él quien se ponía en los fogones a controlar la comida. En esta foto le reconocieron sus hijos y fue el primer contacto que yo tuve con ellos, por esta imagen de la merienda en Requeijo.

Merienda en Requeijo, verano de 1995