En el artículo anterior dedicado a la emigración hacia América, hablábamos de Joaquín Alonso Barrio. Como su hijo Carlos Alberto es un buen amigo con el que contacté a partir de nuestros mensajes en la web de Ayoó, a él le he pedido una semblanza de su padre y de su relación con Ayoó, desde la distancia. Estas son sus palabras:
Mi padre, Joaquín Alonso Barrio, hijo
de Narciso Alonso Blanco (ayoíno, Carpintero, Agricultor...) y de
Matilde Barrio (ayoína, ama de casa), nació en Ayoó de Vidriales
el 21 de Septiembre de 1918 y fue inscrito por el cura del pueblo en
los registros de Astorga (como correspondía en esa época) fue uno
de siete hermanos, Antonia, Joaquin, Lorenzo, Narciso, Maria,
Emiliana y Teresa. Su niñez y parte de su juventud las dedicó a las
faenas del campo en el pueblo.
A los 18 años (Año 1936) se enlistó
en el ejército y peleó en la guerra civil, en la octava división
del ejército de Franco, luego pasó a la Guardia Civil e intentó
otros emprendimientos empresariales hasta el año 1949 en que emigró
a la Argentina invitado por dos tíos (Basilio y Domingo Alonso
Blanco, ayoínos también) que radicaban en la provincia de Salta,
Argentina donde se dedicó al transporte en camiones hasta su
fallecimiento en el año 1997 a los 79 años de edad.
En Argentina, el día 5 de Diciembre de
1953 se casó con Rosa Benavides Ortiz, argentina de nacimiento, hija
de Natalio Benavides Bohorquez (andaluz) y Josefina Ortiz
(valenciana) y tuvieron 5 hijos: Ricardo, Carlos, Joaquín, Matilde y
Maria de los Angeles y 11 nietos.
Volvió al pueblo en innumerables
oportunidades, pero solo de turismo a visitar su entrañable Ayoó y
a sus hermanos y sobrinos. El respeto y orgullo por su origen y
linaje ayoíno fue su estandarte de vida. No hay que olvidar que el
migrante, en la tierra que fuere y sea cual fuere la razón de su
migranza, nunca es visto con igualdad social sino con cierto dejo
despectivo, mas allá de la aparente receptividad que se hacía de
los migrantes europeos en Argentina, en fin... el migrante, siempre
es migrante y sufre marginación y menosprecio, así que el lugar en
la sociedad que lo "acoge" se lo tiene que ganar con
esfuerzo y años de muy buen comportamiento como vecino, porque nunca
le llega como simple añadidura, siempre es visto como un extraño,
aun en su familia, que como en nuestro caso, eramos seis argentinos
(5 hermanos y mi madre) que nos identificábamos perfectamente como
argentinos y mi padre el "extranjero" con quien nadie hacía
causa común. El nunca dejó de ser español, jamás se interesó por
la nacionalidad argentina.
Esto es algo que también me sucede a
mi como migrante argentino en Bolivia y tampoco nunca me interesó la
nacionalidad boliviana. La nacionalidad es algo que casi nadie
abandona, siempre tratas de morir con la identidad que traes de
nacimiento.
En Salta, Argentina llego a tener unas
parcelas de tierras en la localidad de Atocha (Municipio de San
Lorenzo, Provincia de Salta, Argentina) a las que puso de nombre
"Finca Ayoó de Vidriales" y una parte de ella todavía
esta en poder de su hijo homónimo y junto a esta finca, hay una
calle que lleva su nombre, JOAQUIN ALONSO BARRIO a gestión mia ante
las autoridades del municipio de San Lorenzo.
Esta foto es del año 1995, cuando
Joaquín tenía 77 años de edad.
El ave que está en su hombro es un
pájaro salvaje llamado "Chasca" que difícilmente se
acerca a los humanos, pero ese se acostumbró con mi padre y lo
acompañaba a todos lados, inclusive daba unos gritos muy fuertes
cuando alguna mujer se acercaba a mi padre, incluidas mis hermanas,
eso fue hasta que mi padre murió y el pájaro desapareció.
De este ave, dice alguna leyenda
Quechua de la zona, que es algún espíritu errante que viene a
buscar a sus seres queridos y les acompañan en sus últimos tiempos
y en esa época, decían que el ave era el espíritu de mi madre (que
había muerto 10 años antes) que le hacía compañía. Como quiera
que sea el ave no se separó de mi padre hasta que murió y luego al
pájaro no se le vio mas por allí.
Mis padres recuerdan perfectamente a
Joaquín, tanto antes de irse como después, cuando visitaba el
pueblo, una vez instalado en Argentina.
Mi madre tiene en su memoria una anécdota de
Joaquín: estaban unas cuantas mujeres lavando en el pilo que había
en el reguero del Canto, por donde están ahora los contenedores del
reciclaje, cuando pasó por allí Joaquín y coincidió con un
vendedor ambulante, de los muchos que por entonces iban por el
pueblo, que llevaba cerezas. “Aún como si fuera hoy, recuerdo,
dice mi madre, como compró un cesto de cerezas y se lo llevó a las
lavanderas para que comieran”.
Mi padre cuenta como siendo él mozo,
estaba con otros compinches durmiendo en un pajar, tras la boda de
Elvira y Juan José. Pasaban por la calle unos cuantos, entre otros
Joaquín, y le preguntaron la hora. Y este, en broma, les contestó:
“aún me faltan cinco duros para un reloj” y así, sin darles la
hora se quedaron los mozos.
También recuerda mi padre cómo tenía
una perra a la que llamó Vasca, porque se la trajo de Pamplona. La
llevaba a cazar y un día, cuando estaba por el monto con varios
vecinos del pueblo, entre ellos mi abuelo, iban a conejos. Joaquín
tiró a uno y dijo, “dejad, que ya va la perra, que le he dado, le
he dado” pero el conejo corrió y corrió hasta que la perra lo
pudo atrapar. Mi abuelo se mofaba diciéndole, “Joaquín, menos mal
que le habías dado, que si no te hace atravesar todo el monte!” Y
él, “que si no lo veo no lo creo, ¡si dio la vuelta y todo!”.
Joaquín, como cuenta su hijo, volvió
muchas veces al pueblo y compartió numerosas visitas a la bodega o
meriendas en Requeijo con mis padres, generalmente de la mano de
Antonia, la única de los hermanos que sigue con vida.
Curiosamente, en la foto anterior ue me ha facilitado Carlos Alberto, me decía que los cuchillos que tenía su padre delante eran para un asadoque estaba preparando. Y mis padres también me dicen que eso se le daba muy bien y que en muchas de esas reuniones, era él quien se ponía en los fogones a controlar la comida. En esta foto le reconocieron sus hijos y fue el primer contacto que yo tuve con ellos, por esta imagen de la merienda en Requeijo.
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| Merienda en Requeijo, verano de 1995 |