23 de mayo de 2019

12 meses, 12 pueblos: Santibáñez (1)

Santibáñez ha salido en muchas ocasiones en este blog, no en vano es el pueblo cabeza del valle, el pueblo "grande", donde bajamos al banco, al super y, años ha, a la discoteca. 

Santibañez es uno de esos pueblos venidos a menos, lejos quedan sus tiempos de la fábrica de mantas, de la alcoholera, de la fábrica de harinas, su cine, sus bares, sus bailes, su mercado... cosas todas ellas que hemos ido desgranando en otros artículos en este blog. Hoy vamos a hacer un paseo por sus calles y sus casas, de esos que me gustan a mi, fijándome en detalles, en puertas, placas, nombres...


Calle Mayor.
Calle Mediavilla. En esa lonja estaba uno de los comercios emblemáticos de Santibáñez, el de Pepe, que iba hasta hace poco por los pueblos vendiendo su mercancía.
Calle Mayor.



Plaza de España.

Calle Mayor.

Calle Mayor.

Calle Mayor.

La fragua de Manolo en la calle Fraguas. Aquí su paso por el blog.

Calle Rinconada.

Calle Juan Ramón Jiménez.

La alcoholera.

Camino Benavente (el paseo que va hasta las escuelas).

Las bodegas.

La alcoholera desde las bodegas.


Esto es un solar en la zona de las bodegas, el mejor ejemplo de un cutrecierre.


Viejo depósito de agua

Parte trasera del viejo depósito del agua.

Este es un miliario (imagino que reproducción) ubicado en la carretera que va de Santibáñez hacia Brime.  En este otro pueblo hay otro que hace un par de años rompieron y en la información que sobre este hecho publicaron en La Opinión de Zamora, explicaban perfectamente el origen de esta señalización, así que paso a transcribirla (la información original, aquí): 
El miliario (...) señala a los viajeros que se encuentran en una de las más importantes rutas de comunicación romana de la antigua Hispania. Se trata de la Vía XVII, una calzada mandada construir por el emperador Augusto, desde Astorga (Asturica Augusta) hasta la ciudad portuguesa de Braga (Bracara Augusta). Este itinerario ha sido reconocido por la Unión Europea como Sendero de Gran Recorrido con el número común a los dos países de GR-117-Vía romana XVII, según el itinerario del emperador Antonino Caracalla.
Fue hace una docena de años cuando se presentaba públicamente el proyecto de Vías Augustas que afectaba a la señalización de las calzadas y su difusión, dentro del programa europeo INTERREG.
Poco más tarde y a lo largo del trazado de la calzada se instalaron, con financiación de la Junta, Diputación y del Fondo Europeo Interreg III-A (España-Portugal), los hitos de señalización y miliarios con la leyenda grabada en la piedra: Vía Romana XVII. Estas señalizaciones o miliarios servían para marcar las distancias en millas (milia passuum) y en algunos se dejaba constancia del pretor, cónsul o emperador bajo cuyo mandato se había construido el tramo de la vía. Así es el caso de los dos miliarios descubiertos a la entrada del actual casco urbano de Fuente Encalada señalando que en ese punto se cumplía una milla fija, en este caso la milla 38 de la Vía XVII contando desde Asturica Augusta. Uno de los miliarios estaba dedicado al emperador Caracalla (211 al 217) y el otro a Maximino (235-238).
(...)
Todo el trazado del itinerario desde Astorga hasta Braga a través de la provincia de Zamora tiene una longitud de 60 kilómetros y afecta a los municipios desde la parte lusa: Riomanzanas, Gallegos del Campo; Flechas, Moldones, Figueruela de Abajo y de Arriba, Mahide, San Pedro de las Herrerías, Boya, Villanueva del Valrojo, Villardeciervos, Calzadilla y Calzada de Tera, San Juanico, Brime de Sog, Santibáñez de Vidriales, Rosinos y FuenteEncalada. Todo el recorrido constituye un espacio de innegable valor patrimonial, ambiental y cultural, y cuenta con esa declaración de itinerario Gran Recorrido.
La Vía XVII que atraviesa el término de Brime de Sog forma parte junto a la Vía XVIII o Vía Nova que une Astorga (Asturica Augusta) y Lugo (Lucus Augusti) de los más importantes caminos romanos ya que el noroeste peninsular fue dividido en tres conventus jurídicos con capitales en Braga, Astorga y Lugo, unidas por una red viaria.

14 de mayo de 2019

Edificios singulares de Carracedo

Carracedo ha sido el protagonista del blog en artículos anteriores, pero aún nos queda alguna cosa que mostrar, algunos de sus edificios singulares: palomares, transformador, antigua escuela y panera comunal.

Empezamos con esta última, la panera que, como recoge el profesor Pérez Mencía en su blog Patrimonio Popular, era un edificio independiente que servía para guardar el pan, el grano o la harina de forma comunal.




La de Carracedo está, efectivamente, en medio del pueblo, tocando casi con una casa al lado y en bastante buen estado de conservación.




Otro de los edificios singulares que encontramos, es el transformador de la luz. En este caso, un edificio con la base de piedra y las paredes de barro que está a las afueras del pueblo, cerca de la carretera.




Junto a la puerta está el nuevo transformador, situado sobre dos pilotes metálicos. Dentro del edificio hay unas maderas y en la parte de arriba, parte de la antigua instalación y una zona de ventilación que por fuera está cubierta por una celosía de madera. 




Ya hablamos de cómo y cuándo llegó la luz a Ayoó, aquí, y recordamos que allí también aparecía Carracedo: La luz llegó primero a Santibáñez, de donde la cogieron San Pedro y Carracedo. Congosta la tomó desde Carracedo, pero el servicio se les iba continuamente. En Ayoó se decidió engancharla desde Cubo. El resto de los pueblos del valle, desde Rosinos hacía abajo, tuvieron luz mucho más tarde.







El tercer edificio peculiar de nuestros vecinos, son dos en realidad: dos palomares. De uno no queda más que un resto de pared donde aún se pueden ver los nidales en la pared de barro. Está muy cerca del transformador, entre el casco del pueblo y la carretera.




 En el blog de Patrimonio Popular se citaba a un vecino que contaba como era el palomar cuando estaba en pie: Estaba construido de tapial y no era muy grande. De forma cuadrada y con un solo tejado, orientado hacia el este, como casi todos los de la zona. Sobre el tejado unas ventanas pequeñas, a modo de troneras, por donde entraban y salían las palomas, que no eran pocas, cuando el edificio se encontraba en buen estado.



Al otro lado del pueblo hay otro palomar, este no sé si en uso pero al menos en pie y en buen estado. Está revocado y pintado de blanco y tiene una pequeña entrada encima de la puerta.







El último edificio peculiar en pasar por este desfile, es el de la antigua escuela del pueblo, que ya hace bastantes años que está fuera de uso. Está en el camino que va hasta la Iglesia y es una construcción de un solo piso, con su chapa de Escuela Nacional aún encima de la puerta.







11 de mayo de 2019

La Ceres de Ovidio

Después de hacer la entrada sobre la segadora Trepat de Carracedo (e información que tengo sobre las Ajuria), decidí buscar algo más sobre una de las aventadoras que más me han gustado siempre: la que está junto a la panera en el pilo de Peñacabras. 




Tengo bastantes fotos de esta máquina, que lleva años y años ahí, inmóvil, marchitándose poquito a poco, pero siempre tan hermosa. 

Año 2008.
Verano 2008-
Verano de 2010.
Año 2011.
Año 2013.

Año 2016.
Año 2017.
Año 2018.

Tiene varias inscripciones: arriba, en la entrimoja o tolva, aparece el nombre Baladron, La Bañeza. Quiero pensar que era algún comerciante de la ciudad, quizás el que vendió la máquina. 

En la panza del tamboR hay dos inscripciones: La Ceres, Mca. (marca) Registrada y Ovidio de Abajo, Tiedra. 


Rebuscando en internet encontré una fotografía de un señor llamado así, Ovidio de Abajo, con un grupo de amigos en el pueblo de Tiedra (Valladolid). 

Revista El Tayo nº6-9

Todo coincidía así que pregunté a través del Facebook y me contestó un nieto suyo, Mariano Martín. Él, amablemente, me desgranó la historia que paso a relatar: 

Mi bisabuelo, Marino de Abajo, empezó fabricando carros en Tiedra, creo que a comienzos de siglo. Tras ellos empezaron con las aventadoras, creo que a partir de 1930, mi bisabuelo Marino y su hermano Cipriano.

Mi abuelo nació en 1914 y murió en 1989. Aprendió el oficio desde niño y en 1951, cuando falleció mi bisabuelo Marino, se quedó él con los talleres. Tenían uno de fabricación y otro de pintura. Durante el invierno fabricaban las máquinas y cuando llegaba la primavera, mi abuelo cogía su moto y viajaba a Castilla La Mancha y Castilla León para hacer clientes.

Las máquinas las llevaban a Toro en camión y ya en Toro las subían al tren donde las transportaban.

El nombre de Ceres era cosa de mi abuelo, es la diosa de la agricultura y le parecía que quedaba bien.

Con la llegada de la cosechadora, sobre 1961, todo se acabó. Mis abuelos, mi madre y sus hermanos se marcharon a Madrid, donde se afincaron. Otro hermano de mi abuelo que también estaba en el taller se fue a Medina del Campo y empezó a hacer muebles de cocina y acabó montando una fábrica.
Eran personas con espíritu emprendedor, trabajadores y con don de gentes para poder venderse.
Ovidio estaba vendiendo máquinas por Murcia cuando estalló la Guerra Civil y le llevaron a Rusia. Acababa de nacer su primera hija y le tuvieron allí tres años para ser piloto de aviones. Cuando acabó la guerra, pudo volver. Al llegar a Valladolid, la primera persona con la que se encontró fue con su padre, algo muy emocionante. Por fin pudo conocer a su hija. El abuelo Ovidio nos contaba unas historias fascinantes de todas sus andanzas por la vida. Un abuelo genial y un magnífico constructor.

La aventadora de Ovidio está en Ayoó, como digo, junto a una panera que está al lado del pilo de Peñacabras. 



No sabía de quién era hasta que me entró la curiosidad tras conocer toda esta historia. Pregunté en casa y mi padre me comentó que creía que era de la familia del Ti Emiliano. Una de sus nietas, Adela, es amiga mía y ella le ha preguntado a su madre, Martina, quien nos ha cerrado el círculo de la historia de la máquina: la compraron su abuelo, el ya mencionado Ti Emiliano y su cuñado, el Ti Eulogio (abuelo de nuestro también común amigo, Eulogio) que a la sazón, eran cuñados, estaban casados con dos hermanas Luzdivina y Celestina. 

Entonces era muy habitual hacer eso, comprar una máquina entre dos personas, familiares o vecinos (en muchas ocasiones, vecinos de era, para sacarle mayor provecho) para compartir gastos y ayudarse en la faena. La máquina es ahora de unos de sus hijos, al que le tocó también la panera junto a la que está. 


Y esta es la historia de la Ceres.

Antes de terminar y ya que, de alguna manera, hemos terminado en Tiedra, dar unos datos sobre este pueblo: Apenas tiene ya 300 habitantes pero una gran historia tras él: ya había un núcleo habitado antes de los romanos y fue una próspera ciudad en tiempos medievales. Tiene un castillo del S.XII, un centro astronómico, muralla, plaza mayor porticada, Iglesias, ermitas, casas de barro. No lo conozco, pero me han entrado unas ganas…. Aquí, el enlace con la información de lo que nos podemos encontrar en el pueblo.
Como curiosidad, su alcalde, de IU, se apellida Gato Pérez, como el rumbero catalán.