27 de abril de 2014

Calurosa Semana Santa

Se me pasan los días y no pongo fotos de la Semana Santa que hemos pasado en el pueblo, unas vacaciones atípicas porque en vez de ir todos embozados y abrigados, hemos tenido que revolver en los armarios para buscar la manga corta. Sol, calorcito, buen tiempo... han sido la característica más comentada en estos días. Primavera en el pueblo, flores, verde, mucha gente, paseos, procesiones... Feria de abril en Ayoó.

Uno de los tres nidos de cigüeña que había este año en el pueblo. Aguzando la vista se observa a la pareja en el nido.

Piedras divisoras en Peñacabras.



Peñacabras.


Tobi, el perrito de Rafa, fotografiado por Oier.
Vuelo en parapente con motor por encima de Ayoó. Seguro que para él era un espectáculo pero para los que mirábamos desde abajo, también.

Por la Chana.

Pedazo bicho que nos encontramos en el camino, había muchísimos y eran grandes, de entre dos y tres centímetros de largo. Mi madre lo identificó como "coca de San Antonio". Yo nunca los había visto.

Disfrutando de la fuente del Caño.

Ante su mal estado, tiraron la casa en la que vivió Santiago Jalones.

Letras en una madera que hay en forma de mesa bajo la caseta del Guarda de los montes.

Casa de Daniel El Mudo. Tiraron todo y dejaron la fachada. Bonita rehabilitación.

Reflejos en Requeijo.

Por fin hicimos nuestra excursión a los barrancos de Congosta.

Colmenas en el camino de acceso a los barrancos.

Escarabajos en Santibáñez.
Romanticismo sobre el adobe en Santibáñez.

Mi padre, Antonio y su cuñado, Manolo, marido de mi tía Paulina.

Continúan los trabajos de acondicionamiento de la Huerta del Cura... pero como no pongan árboles...
Todas estas fotos y alguna más las podéis ver en el álbum de fotos de esta Semana Santa, aquí.

13 de abril de 2014

Ramos

Hoy, domingo de ramos. Foto de Gaby.
Hoy es el domingo de ramos, el día que da inicio a las celebraciones de Semana Santa tras el fin de la Cuaresma. En el pueblo viene haciéndose la entrada de Jesús en Jerusalem a lomos de un borriquillo, al menos en los últimos años, aunque de todo ello ya hablamos hace un tiempo, aquí: Domingo de ramos.

Hoy solo quería recordar este día en el que los vecinos portarán sus ramos hasta la Iglesia, donde los bendecirá el cura y alguno de ellos los colgarán después en las ventanas y puertas de sus casas, para ampliar esa bendición a su hogar. Otra más de las tradiciones católicas que se convierte en costumbre popular.

Foto E.P. Mencía. Año 2007.
Foto Paulina Prieto. Año 2007.
Foto Paulina Prieto. Año 2011.

La señora Guadalupe, la de Vicente, madre de Inés, si no me equivoco... Foto E.P. Mencia. Año 2007.
Ramo en mi casa. Mi madre siempre lo pone. Tomillo y laurel.

Ramo en la casa de Antonio Garcia Cano, el fontanero.


12 de abril de 2014

Máquinas de coser

Por fin me decidí a aprender a coser. Tantos años viendo a mi madre dándole a la máquina, sacando de sus manos prendas de vestir, toallas decoradas, sábanas, reparaciones en bajos, rotos y enganchones, por fin, ya digo, cogí la máquina y voy descubriendo sus secretos. Y como yo, parece que mucha gente ha vuelto a darle al pedal (eléctrico) y a la aguja para hacerse ropa, bolsos, adornos para la casa. Y no necesariamente se hace porque salga más barato si no por el gusto de hacer, de usar tus manos y tu cabeza para convertir una tela en algo usable. Ahí está quizás la diferencia con las costureras de antes, cuando tener una máquina de coser era más cosa de la necesidad.




En mi casa siempre ha habido máquina, una Singer puesta en una mesa de Sigma que mis padres compraron al poco tiempo de llegar a Santurtzi. Mi madre siempre ha sido mañosa y ya en el pueblo se hacía, a mano, su propia ropa, sin que nadie la enseñara, con su intuición. 



Al llegar, decidió comprar una máquina y aprendió de forma autodidacta, con la puntual ayuda del comercial de la Singer, que te daba las primeras nociones de cómo usarla. Con ella se ganó un dinerillo, cosiendo delantales para Quico, un vecino de Congosta que estaba aquí instalado y que fue también el que les prestó el dinero para comprar el piso. Durante años cosió delantales y los llevó en pesados fardos, andando, desde Santurtzi a Sestao.


Máquina de coser Wertheim, la de mi abuela, aún en uso. Se la compró mi abuelo y cose estupendamente. Ahora la tiene mi tía Paulina.






En las casas de Ayoó, las mujeres también han cosido a máquina. En muchas, muchísimas casas hay una máquina. Comprar ropa no siempre quedaba a mano y tener máquina facilitaba tener a la familia surtida de prendas. Incluso algunas mujeres cosían por encargo.

Esta foto la colgó en la página de Facebook de Santibáñez Marise Rey Majado. Es de un curso que la casa Singer dio en Santibáñez, en el comedor de la casa de su abuelo. No estaba fechada, pero por el aspecto, yo diría que es de los años 40, aunque me dice la persona que puso la foto que puede ser incluso anterior.
La máquina de coser era una oportunidad de trabajo para las mujeres y las marcas más conocidas organizaban cursos para que se aprendiera a usarlas y, claro, se compraran una. De ahí viene esta foto de mujeres cosiendo en un curso en Santibáñez. 


También mi padre me indicó que en este solar antes estaba la casa del Ti Valentín (el mismo que tenía la panera en la Audiencia) y que aquí venían a aprender a coser jóvenes como Elisa, Angélica, Aurea, mi tía Paulina. Les enseñaba Rosa, la hija mayor del Ti Valentín, que era modista.



Esta Singer no está en Ayoó, está en Donosti, en la casa de Loli, la madre de mi amiga Yosune. Ella, costurera avezada, apartó su máquina nueva y sigue cosiendo con su vieja Singer de cabeza negra, toda una joya.



Preciosa máquina Singer, original, con la que cose ¡¡a pedal!!  Marian, la hija de Matías y Eufemia.

10 de abril de 2014

La primavera la sangre altera

La primavera la sangre altera, dice el refrán... a estos perrillos de los barrios de abajo les da un poco lo mismo la época, porque esta efusión afectiva la registré en verano...



Ante la presión mediática, deciden seguir con lo suyo un poco más abajo...


8 de abril de 2014

La Iglesia por dentro: asientos

¿Alguien se imagina lo que sería entrar en la Iglesia del pueblo y verla sin bancos? Se vería enorme pero vacía, extraña... Para escuchar a los sacerdotes, sus homilías, sermones, lecturas, tenemos los bancos en los que nos sentamos... aunque a veces aquello parece una clase de gimnasia, ahora de pie, ahora sentados y ahora, de rodillas (esto, cada vez menos).


La iglesia en la Semana Santa de 1995, cuando estaba en obras. Se ven las paredes en piedra.

Los bancos de la iglesia se han ido renovando, yo todavía recuerdo cuando había bancos toscos, sin respaldo, alguno de los cuales se llevaron después a la ermita de San Mamés. 


También había un espacio más amplio para los reclinatorios, pero ahora apenas si quedan un par de ellos junto al confesionario y ya no van los feligreses con él hasta el templo.





Ahora tenemos un buen número de filas de asientos con respaldo y con reposapies (o bien para arrodillarse), barnizados, de calidad.




También me he fijado que hay alguno (no muchos) donados, en los que aparece una chapa con el nombre del donante.



En el altar también hay un par de bancos, alguno ya necesitado de una reparación.




En esta foto y en las siguientes, detalle del banco. Tambien se aprecia cómo la chapa de la madera está levantada.