31 de diciembre de 2010

¡¡¡Feliz 2011!!!


Feliz Año Nuevo a todos los habituales de este blog
(y a los que llegan de rebote, que también los hay).
Os felicito el año con una foto de Liso, nuestro nuevo gatito ayoíno,
hermano de la desaparecida Lisa, hijo de Princesa
y un alocado bicho listo y divertido que hace las delicias de mis padres.
Liso ha sido nuestro protagonista casero del año
y con él os deseo un feliz 2011 :)

29 de diciembre de 2010

26 de diciembre de 2010

La piedra

Cuando hablé del cultivo del lino, esa planta que fue tan importante para la economía de Ayoó a mediados del siglo pasado, me dejé un detalle muy importante y que me recordó este verano un amigo seguidor del blog:



En el artículo contaba cómo las plantas de lino se tenían metidas en el agua del río Eria, en Felechares y otros pueblos de la Valdería, y después se ponían al sol, se majaban y se espadaban. Lo que no había contado (no lo sabía) es que toda esta labor se hacía en aquellas piedras que llenaban nuestras calles hace no tanto tiempo, piedras que como dólmenes caseros acompañaban cada vivienda de Ayoó y que desaparecieron sin ninguna consideración cuando se comenzó a encementar las calles del pueblo. En las piedras se ponía el lino al sol para que fuera secando y después era golpeado (majado) con unas piezas de madera como esta que aún usa mi padre para los garbanzos y las alubias.




En mis recuerdos de Ayoó siempre estará la piedra que se encontraba junto a la puerta de la casa de mis abuelos y sobre la que mi abuelo se apoyaba trabajosamente para subirse al macho, su famoso macho con callo en el cuello de darle con la cachava. Allí jugaba yo, secaba pipas de calabaza, leía y mataba incautas hormigas. Y que disgusto me llevé cuando volví un verano y la calle estaba más “urbanizada” pero me habían robado mi piedra. Recuerdo también la que había en la casa de mi tío Agustín, hermano de mi abuelo, donde ahora está el Ayuntamiento, por donde pasaba el reguero. Y no recuerdo muchas más, la verdad, aunque me cuenta mi madre que antaño había una casi por cada casa.




Este verano, fijándome, encontré esta piedra que ha sobrevivido en las huertas de San Fructuoso, junto a la calle Palomares, en los barrios de abajo. Está junto a una casa ya derrumbada y casi cubierta de zarzas y hierbas, pero es la única que ha resistido la modernidad. Me cuenta mi amigo que en la zona de La Cabrera aún se pueden encontrar bastantes piedras de espadar lino. Espero que allí sean capaces de cuidarlas más de lo que fuimos nosotros.

24 de diciembre de 2010

¡Feliz día! ¡Feliz noche!



Foto de Ayoó tuneada con el Photofunia

22 de diciembre de 2010

Los cuadros

La casa de mis abuelos era práctica: los objetos justos para cumplir su función y ni un adorno de más, ni un cachivache de aderezo. Solo había dos excepciones, dos cuadros, uno en el dormitorio de mis abuelos y otra en el dormitorio de mis padres.



En el primer cuadro se recoge una imagen de la última cena de Jesús y sus apóstoles, con un marco con formas ovaladas adornado con pequeñas rosas. Ahora está colgado en una pared de la casa de mi tía y al volver a verlo, recordé las veces que me había quedado mirando, observando a esos hombres dibujados con pelos perfectos, la figura de Jesús con su aura... todo me causaba curiosidad.



El otro lienzo representa a un ángel de la guarda velando por un niño que está a punto de caer en un pozo mientras juega a la gallinita ciega. Aquí me llamaba la atención el ángel, claro, con esas alas tan enormes y esos ropajes, pero también los niños, tan repipis, tan parecidos a Shirley Temple, la niña actriz cuyas pelis dieron en algún ciclo de pelis de la sobremesa... Este cuadro lo tenía en la cabeza y no encontraba su imagen en el amplio mundo googlero ni, por supuesto, arrinconado en algún rincón de nuestros trasteros del pueblo. Al final lo localicé entre los objetos de la casa del Museo Virtual de Arrabalde, que, como siempre que lo he citado, recomiendo visitar (aquí accedes a su página).



Estos son los dos cuadros de mis abuelos, populares, seguramente repetidos en casi todas las casas del pueblo porque los habían comprado todos a un vendedor ambulante o los habría traído mi abuelo de uno de sus viajes a La Bañeza. Los cuadros de mis años de cría en la casa de los abuelos.

20 de diciembre de 2010

Las coplas de ciego de Vasallo y María



María y Vasallo, Vasallo y María. Esta era una pareja del vecino pueblo leonés de San Esteban de Nogales. El, ciego; ella, su hija, que no esposa, como en mi casa recordaban y como me corrigen desde su familia (ver los comentarios de este texto). El venía con la mano en el hombro de ella y ella le guiaba. Y como en los cantares de ciego conocidos desde el Lazarillo de Tormes, iban por los pueblos de la comarca contando historias reales de las que hacían canciones, ya fuera de un asesinato en un pueblo o cualquier otra historia truculenta que hubiera. Cuando llegaban a un pueblo, se les daba de comer en las casas y luego pedían unas monedas a cambio de sus historias.



Hay una larga recopilación de estos cantares de ciego, desde la Edad Media hasta mediados del siglo pasado. La fotografía que acompaña este artículo es de una página que recoge la vida y costumbres de las tierras altas de Galicia (se puede ver aquí). En este artículo de la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz, se recogen otros cantares de la localidad ciudad realeña de Alcázar de San Juan y en el blog de Albino Suárez se habla de las coplas de ciego en un tiempo similar a esta historia de Ayoó.

17 de diciembre de 2010

Objetos

Cuando se mira hacia abajo, a una pared, a un rincón... se pueden encontrar objetos que un día fueron algo y hoy, en unos más, otros menos, se adivina su pasado...