Otro caso de médicos que recuerdan en mi casa fue el de una vecina de mis abuelos llamada Avelina. La mujer se puso de parto, pero el proceso se paró y el niño no salía. El médico la examinó y dijo que el niño estaba ahí pero que no bajaba y que él no podía hacer nada, que había que llevarla a Zamora.
La pobreza de medios de la época se hizo dramática en aquel caso: Los vecinos tuvieron que ir en caballería hasta Santibáñez a pedir un camión para trasladar a la mujer. En él, mi abuela y otras mujeres instalaron un somier y le hicieron una improvisada cama para el camino. Así llevaron a la parturienta hasta Zamora. El bebé no aguantó, murió. Años después, la mujer tuvo otro hijo, una niña.
El pago de la iguala daba derecho no solo a la asistencia, también a tramitar, llegado el caso, el Certificado de Defunción. Un papel que tuvo que ser peleado en un dramático caso, muy presente en mi casa porque fue la muerte de una hermana de mi abuela Menta.
Dorotea era la penúltima de los hermanos Carbajo Aldonza (mi abuela era la hija más pequeña), estaba casada con Domingo y tenía tres hijos pequeños, Vicente, Florentina y Delfín. Un día, cuando estaba en el monte trabajando, cayó muerta, de repente. El marido tuvo que volver al pueblo a dar aviso, ir a buscar la vacada, coger las vacas y volver con un carro a por el cuerpo.
Mi tía Paulina me dio más detalles del suceso: "Cuando murió, tía tenía 42 años, primo Delfín 10 y yo tenía 6 años. Recuerdo que fue en la Chana. Estaba segando, se sentó en la morena, fue a atar los chancros y cayó. Todavía recuerdo cuando la ti Matilde Castaño le dio la noticia a abuela: Menta, Menta, no sabes que murió tu hermana en La Chana...", me contó mi tía casi con lágrimas en los ojos porque aquello fue un drama que nunca se olvidó en la familia. Mi abuelo Teófilo fue a casa del médico, Don Teodoro, a Santibáñez a pedirle que le diera el Certificado de Defunción y este le dijo que, con la ley en la mano, deberían hacerle la autopsia para saber la causa de la muerte. Mi abuelo rogó y pidió, por favor, que lo hiciera por los hijos, unos críos que acababan de quedarse huérfanos y que no dilatase los trámites en un momento tan doloroso. Le dijo "apiádese de sus hijos y de mi mujer, que es su hermana”. Don Teodoro accedió y firmó el Acta de Defunción.
6 de julio de 2010
3 de julio de 2010
Médicos y enfermos (1)
Tras muchos años de servicio en Ayoó, hace unos meses dejó su puesto Violeta, la doctora del pueblo que ha sido sustituida por un joven profesional de Salamanca, llamado Enrique y que parece haber superado con nota el primer contacto: amable, atento y diligente. Su nombre es el último de la lista de médicos de Ayoó: Don Angel, Don Alberto, Don Etelvino, Don Alvaro, Don Luis, María Angeles, Violeta y el actual, Enrique.
Mucho ha cambiado la práctica de la medicina en un pueblo como Ayoó en esos cincuenta-sesenta años y aún más, el papel del doctor en la vida social del pueblo. Del Don y del respeto temeroso a una relación mucho más cordial, relajada y cercana.
En los años cuarenta-cincuenta no había Seguridad Social y se pagaba una iguala. (1)
Con este pago se tenía asegurada la atención médico cuando fuera necesaria o poder obtener un Certificado de Defunción, si la cosa no había tenido arreglo.
Los doctores, tanto los de los humanos como el de los animales, el veterinario, estaban en Santibáñez: Don Dionisio, Don Teodoro y Don Pedro. Tenían una caballería muy buena y cuando alguien les daba un aviso iban en él, en el caballo grande, bonito, de buen porte y con una manta hermosa... era el equivalente al Mercedes de hoy.
Si uno no se encontraba demasiado mal, iba el enfermo hasta la consulta.
En la atención sanitaria de aquellos años, en mi casa recuerdan la labor no de un médico si no de un cura. Se llamaba Don Fermín y era de la familia de los Ferreras. Estaba destinado en Zamora y cuando alguien estaba tan mal que debía desplazarse hasta allí, se le atendía “como pobre”, sin recursos, por medio de la beneficiencia. Don Fermín intercedía por la gente de Ayoó. Le decía al médico de turno, “atiéndele bien que es de mi familia”. Hubo uno que le mencionó, con cierta sorna, “cuánto primo tiene usted en el pueblo, don Fermín...”, lo que el susodicho zanjó con un “mira, hijo, es que mi madre tenía muchos hermanos...”.
Don Fermín, que estaba atendido por una señora llamada Francisca (más conocida como “la Quica”), procuraba que la gente del pueblo tuviera buen trato. A una entonces niña, Conce, hija de la Ti Leonor, vecina de mi familia, le salvó la pierna. Tenía seis o siete años cuando se cayó jugando en el prado. Se hizo una herida muy fea, fue al médico y se la vendaron. Se quedaba en la casa con mi abuela Menta, para no estar ella sola en casa y la pierna le dolía y olía mal... Cuando le quitaron la venda, la herida estaba casi gangrenada. La llevaron a Zamora y los médicos querían cortar la pierna de lo mal que estaba. Don Fermín estuvo a su lado y pidió que hicieron lo posible por salvársela, que era un niña, de familia humilde, que esa no sería vida para ella... y lo consiguió, Conce salvó su pierna.
(1) Iguala: Convenio entre médico y cliente por el que aquel presta a este sus servicios mediante una cantidad fija anual en metálico o en especie. Definición del Diccionario de la Academia.
Mucho ha cambiado la práctica de la medicina en un pueblo como Ayoó en esos cincuenta-sesenta años y aún más, el papel del doctor en la vida social del pueblo. Del Don y del respeto temeroso a una relación mucho más cordial, relajada y cercana.
En los años cuarenta-cincuenta no había Seguridad Social y se pagaba una iguala. (1)
Con este pago se tenía asegurada la atención médico cuando fuera necesaria o poder obtener un Certificado de Defunción, si la cosa no había tenido arreglo.
Los doctores, tanto los de los humanos como el de los animales, el veterinario, estaban en Santibáñez: Don Dionisio, Don Teodoro y Don Pedro. Tenían una caballería muy buena y cuando alguien les daba un aviso iban en él, en el caballo grande, bonito, de buen porte y con una manta hermosa... era el equivalente al Mercedes de hoy.
Si uno no se encontraba demasiado mal, iba el enfermo hasta la consulta.
En la atención sanitaria de aquellos años, en mi casa recuerdan la labor no de un médico si no de un cura. Se llamaba Don Fermín y era de la familia de los Ferreras. Estaba destinado en Zamora y cuando alguien estaba tan mal que debía desplazarse hasta allí, se le atendía “como pobre”, sin recursos, por medio de la beneficiencia. Don Fermín intercedía por la gente de Ayoó. Le decía al médico de turno, “atiéndele bien que es de mi familia”. Hubo uno que le mencionó, con cierta sorna, “cuánto primo tiene usted en el pueblo, don Fermín...”, lo que el susodicho zanjó con un “mira, hijo, es que mi madre tenía muchos hermanos...”.
Don Fermín, que estaba atendido por una señora llamada Francisca (más conocida como “la Quica”), procuraba que la gente del pueblo tuviera buen trato. A una entonces niña, Conce, hija de la Ti Leonor, vecina de mi familia, le salvó la pierna. Tenía seis o siete años cuando se cayó jugando en el prado. Se hizo una herida muy fea, fue al médico y se la vendaron. Se quedaba en la casa con mi abuela Menta, para no estar ella sola en casa y la pierna le dolía y olía mal... Cuando le quitaron la venda, la herida estaba casi gangrenada. La llevaron a Zamora y los médicos querían cortar la pierna de lo mal que estaba. Don Fermín estuvo a su lado y pidió que hicieron lo posible por salvársela, que era un niña, de familia humilde, que esa no sería vida para ella... y lo consiguió, Conce salvó su pierna.
(1) Iguala: Convenio entre médico y cliente por el que aquel presta a este sus servicios mediante una cantidad fija anual en metálico o en especie. Definición del Diccionario de la Academia.
1 de julio de 2010
Dentistas
Acabo de perder una de mis muelas del juicio, que por puñetera y por llevar tiempo dándome guerra, ha sido extraída por la dentista. La verdad que ha sido cosa fácil (con el miedo que yo llevaba), sin dolor y sin apenas molestias. Nada que ver con cómo eran antes estas cosas de la boca. En mi familia siempre han tenido problemas con los dientes. Mi abuela lo pasó muy mal con su dentadura y la misma herencia le ha quedado a mi padre, así que se conocen bien las consultas de los dentistas (nada de odontólogos, que eso es cosa moderna) de los alrededores de Ayoó.
De antes, se recuerda en casa al dentista de Benavente, que pasaba cada miércoles por Santibáñez. “La consulta -cuenta mi padre- la tenía en el bar de Domingo y Felipa. Ibas hasta allí si te dolía algo, te lo miraba y si estaba mal, fuera diente (entonces, ni empastar ni nada, claro). También me acuerdo que tío Dionisio y tía Anastasia (ambos hermanos de mi abuela Menta) tenían problemas con la boca. Fueron hasta Astorga a ponerse la dentadura, que ya entonces costó lo suyo y al final nada, no les quedó bien y acabaron sin dientes”.
De antes, se recuerda en casa al dentista de Benavente, que pasaba cada miércoles por Santibáñez. “La consulta -cuenta mi padre- la tenía en el bar de Domingo y Felipa. Ibas hasta allí si te dolía algo, te lo miraba y si estaba mal, fuera diente (entonces, ni empastar ni nada, claro). También me acuerdo que tío Dionisio y tía Anastasia (ambos hermanos de mi abuela Menta) tenían problemas con la boca. Fueron hasta Astorga a ponerse la dentadura, que ya entonces costó lo suyo y al final nada, no les quedó bien y acabaron sin dientes”.
29 de junio de 2010
El ramo de San Pedro
Antaño, era costumbre que el día de San Pedro los novios pusieran un ramo en la puerta de las novias. Esta tradición se hace en otros pueblos el día de San Juan, pero en Ayoó no es así y este cambio se recoje incluso en un refrán:
“El día de San Pedro te puse el ramo que el día de San Juan no pude, que estuve malo”.
Novio colocando un ramo en la casa de la pretendida.
Fotografía de la página Cuadernos de Campoó (Palencia)
27 de junio de 2010
La Iglesia por dentro: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Hoy se celebra la Virgen del Perpetuo Socorro, una imagen que también se encuentra en las paredes de la Iglesia del pueblo, en un cuadro colgado en la pared de la derecha (vista desde la entrada), cerca de la zona del confesionario, a continuación de la Cruz de las Misiones.
La lámina de la Iglesia de Ayoó es uno de los cientos de miles de reproducciones que pueblan el mundo, ya que se le tiene una gran devoción a esta imagen bizantina. El icono original está en la Iglesia de San Alfonso, en Roma, regida por los padres redentoristas, grandes misioneros que han propagado la imagen por todo el mundo. Esta Virgen es, por ejemplo, la patrona de Haití y hay santuarios bajo su patronazgo, muy visitados, en la India, Singapur, Filipinas o Brasil.
El cuadro en si es una pintura al temple sobre madera. La Virgen y el Niño ocupan el plano principal y los arcángeles con los instrumentos de la pasión en la mano, les flanquean. El niño mira asustado lo que será su futuro y se aferra a la mano de su madre. Pintado en estilo bizantino, las letras que aparecen están en griego y como curiosidad, se señala que en la época en la que se pintó no se estilaban las aureolas de santidad que fueron añadidas al cuadro muchos años después. No se conoce la fecha de realización del icono, que se data desde el siglo X hasta el XV.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es la patrona de las aseguradoras.
Texto realizado con las aportaciones de los artículos de Wikipedia y en la página de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, donde se puede encontrar también más información sobre el origen del icono, su historia y su interpretación artística y teológica.
La lámina de la Iglesia de Ayoó es uno de los cientos de miles de reproducciones que pueblan el mundo, ya que se le tiene una gran devoción a esta imagen bizantina. El icono original está en la Iglesia de San Alfonso, en Roma, regida por los padres redentoristas, grandes misioneros que han propagado la imagen por todo el mundo. Esta Virgen es, por ejemplo, la patrona de Haití y hay santuarios bajo su patronazgo, muy visitados, en la India, Singapur, Filipinas o Brasil.
Icono original de la Virgen del Perpetuo Socorro que se encuentra en la Iglesia de los Padres Agustinos de San Alfonso, en Roma.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es la patrona de las aseguradoras.
Texto realizado con las aportaciones de los artículos de Wikipedia y en la página de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, donde se puede encontrar también más información sobre el origen del icono, su historia y su interpretación artística y teológica.
25 de junio de 2010
Retratos
Una nueva imagen de La Audiencia que refleja el antes y ahora de este destacado lugar del pueblo. La foto antigua es de mi tía Paulina y aparece ella, bien jovencita, con uno de sus sobrinos. Están junto a la panera del Ti Valentín Ferreras, edificio que ahí sigue, bastante destartalado y deteriorado por el paso del tiempo, mientras las casas de alrededor han dejado paso a buenas y renovadas construcciones. Echando cuentas, supongo que serán 50 años o más los que separan ambas instantáneas.
Curiosamente, en este mismo lugar tenemos una imagen familiar muy querida: la de mi madre y mi hermano, un rubiales de apenas dos o tres años, posando para una foto que querían enviarle a mi padre, que se había ido a trabajar fuera del pueblo para buscarse el jornal. Ambos tienen aspecto de auténticos “cuitadicos”.
La foto está hecha en el mismo lugar, pero lo que no se ve es lo que ha cambiado lo de alrededor. La panera citada y todas las casas de ese lado quedaban en una calleja cerrada al otro lado por el edificio de las antiguas escuelas, que quedaban en lo que ahora es el centro de la plaza. La casa de Flora y la de Antonio El Andaluz y Teresa, quedaban en un rincón y después, donde ahora está la casa de Arcadio, estaba la casa de una tía de mi madre, la Ti Odosia, una señora ciega.
22 de junio de 2010
Gateras
Hace una semanas me encontré con un precioso artículo en un blog que suelo frecuentar (cosas de la deriva de esto del internet...): es el Blog de Ibias (Asturias), “El lejano oeste”. Allí María hacía un repaso repaso fotográfico por las gateras de Ibias, bien variadas y artísticas. ¡Anda, gateras, si en Ayoó hay un montón! Busqué y rebusqué entre mis archivos y he encontrado un puñado de puertas con gatera en Ayoó que paso a enseñar a continuación.
Lo habitual es dejarle un agujero en la puerta, como en estas que siguen
Todas estas puertas pueden verse en esta colección de fotos, aquí
A veces, es un hueco en la pared, como ocurría en la casa de mis abuelos. Nuestras gatas, la blanca y negra zalamera y cariñosa, traída por mi tía Paulina, la blanca y la gris, más huidizas, todas ellas pasaban por el hueco que se ve en esta preciosa foto: el que está a la izquierda de mi abuela Menta, casi escondido por el tronco que sustituyó a la piedra-banco que había en ese lado y que quitaron cuando llegó el cemento. La piedra se calentaba con el sol del día y a las gatas les encantaba salir por el buraco y tumbarse allí, en la piedra templada.
También entraban por un hueco en la pared en esta casa de la Calle de la Iglesia. A la derecha, abajo, vemos una piedra que tapa ahora la gatera que hubo, junto a la puerta.
Pero a veces, no les hace falta mucho... estas gatas que fotografié junto a una casa de la calle de la Iglesia, se metieron rápidamente en casa por el vano que queda entre la piedra y la madera que cierra por debajo las puertas grandes. En cuando di un paso más de lo que ellas consideraban seguro, por allá se escaparon.
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