12 de febrero de 2013

Los aperos de Jose

En las paneras de Ayoó hay muchos aperos e instrumentos que hasta hace unos años hicieron su servicio y que ahora ya no hace falta. Si hay sitio, se guardan, y eso es lo que ha hecho Jose Carbajo, El Marroquí, que en una de sus paneras  tiene recogidos bastantes objetos que han sido de su familia: el carro de su tío Anselmo, este otro de caballería y también estos otros aperos que presentamos hoy.

Un arado de reja para caballería que va montado en una especie de carretilla con ruedas que se usaba para llevarlo desde casa hasta el lugar de la faena.

 
 


El arrodadero. Este apero se usaba para moler, destripar, los terrones e igualar la tierra después de arar. También se usaba para echar tierra sobre la semilla cuando se había sembrado.
Es una madera bastante pesada con pinchos metálicos en la parte inferior. Se guiaba con caballería o vacas, uniendo el arrodadero con el collarón o el yugo con unas cadenas. Sobre la madera se ponían hasta dos personas para hacer más fuerza y que tuviera mayor efectividad "destripaterrones" el apero.

 
 
 
La sembradora. Cuando se sembraba, la típica imagen que tenemos es la del labrador caminando por la tierra y esparciendo las semillas a mano. Pero antes de la llegada de los tractores, comenzaron a aparecer algunas máquinas que ayudaban en este trabajo, como esta sembradora, creo que recordar que de garbanzos y alubias. Tenía una rueda y tiraba de ella la caballería y la persona iba detrás, guiándola. Tenía una vertedera que abría el surco y luego otra que lo tapaba una vez echada la semilla. Realmente no sé si sería muy práctica tirar de ella por las fincas, con las ruedas quedándose enganchadas en los terrones y piedras... pero ahí está, bastante bien conservada.




Gracias a Jose por guardar todos estos aperos y por acordarse de mi y avisarme para que fuera a hacer fotos.

10 de febrero de 2013

Cestería (2)

 
Cestero en una fotografía recogida en la Web de Calzada de la Valdería.

Todo este texto está extraído de la página web del Museo de Arqueología y Etnografía de Castrocalbón, escrito por Ramona María Carbajo García, aquí.

Zona de la exposición dedicada a la cestería en el Museo de Castrocalbón.


La cestería es anterior al telar y, posiblemente, fue el primer paso hacia la cerámica. También es una de las labores que menos herramienta precisa para su elaboración pues solo se emplean las manos y los dientes del hombre que hace la cesta.

Cada tipo de cesta, lógicamente, estaba destinada a un uso específico por lo que ni el material empleado ni el proceso de elaboración eran iguales en todos los casos.





Talegas, talegones y cestos de arroba

Talega vista desde arriba. Deza, Soria.
 
Vieja talega. Página web de Malva (Zamora).
 
Las talegas, los talegones, los cestos de arroba (medida de peso equivalente a unos once kilos y medio), etc., se realizaban entretejiendo varas de palera sin pelar, siguiendo un proceso que comienza cuando se cortan las varas en otoño, que es el tiempo en que comenzaba el frío y no se podía dedicar a otras labores sino a tejer cestos. Esta labor era realizada por los hombres.

La paja de centeno y la zarza no servían para soportar grandes pesos ni para llevar ropa mojada, porque la paja con la humedad se deteriora. Es por eso que para tales menesteres se emplean las talegas de vara de palera. Para transportar la ropa se utilizaba la cesta de vara pelada, pués así se evitaba que la parte externa de la vara tiñese el tejido. En el caso de la recolección del fruto como la patata, la fruta, etc se podía, perfectamente, utilizar la vara sin pelar. Los cestos hechos con centeno y zarza eran, sin embargo, muy útiles para guardar el grano de cereal y la harina.

Talegones. Web del pueblo zamorano de San Pedro de Zamudia.

En primer lugar se ordenan las varas en haces que luego se deberán enriar para conservar la flexibilidad. Después se dejan un tiempo a la sombra. El proceso comienza en la base con el “cuadrillo” preparando una cruz griega en el suelo con 4 ó 8 varas en cada brazo. Se dividen en parejas, que se entretejen con varas simples. Se añaden más varas con un extremo afilado, introducidas en esa trama de la base para aumentar el número de ellas y que, junto con el “cuadrillo” y las varas dobladas hacia arriba, van a construir las “costillas” o paredes de la cesta y el cuerpo. A partir de ellas y con varas trenzadas horizontalmente se podrá tejer la pared del cesto.

Cestero haciendo un talegón.
Foto del Museo de Castrocalbón.
El inicio más frecuente de la trama es circular de varas cruzadas, en cuadro y dobles hileras colocadas alternativamente entre ellas. Para soportar grandes pesos o mucho uso, el borde se realzaba con un trenzado, y así evitar que la base apoyara directamente en el suelo y se desgastase. Hecha la base , las varas verticales se ataban en la parte superior para realizar mejor el trenzado de cruzadillo. Cuando está terminada se hacen las asas a partir de las varas de las costillas, cruzándolas dos veces.



Cestas de varas de palera pelada
Costurero, como el que tenía mi abuela.
Web de Malva (Zamora).
Cesta de mimbre que se usaba para llevar la comida.
Web de Malva (Zamora).


Para la elaboración de cestas de cocina, costura y labores más delicadas se empleaba la vara de palera pelada, cortadas entre enero y abril, cuando la savia está arriba y se pela mejor. También se podían trabajar en verde, quitándole las hojas y cociéndolas durante 1 hora para que blanqueasen.

Cestera. Foto de La Opinión de Zamora - Chany Sebastián.

El proceso de elaboración de las cestas con varas peladas era similar en su comienzo al de cualquier cesta de vara de palera, pero variaba en su desarrollo, ya que las “costillas” o paredes eran tejidas con más delicadeza, detalle y en ocasiones se le añadían varas de otras especies vegetales para realizar cenefas de adorno.


Mujeres de Torneros de la Valdería enseñan a hacer cestas en
una jornada de recuperación de este arte.
Diario de León.
El tejido de este tipo de cesta era además más apretada para que la cesta quedase muy tupida. También se solían hacer dobles trenzados hacia la mitad de la cesta para realzar el dibujo. El asa también solía ser diferente, pues en este tipo de cestas se acostumbraba a realizar una sola asa que iba de un extremo a otro. Se comenzaba con el cruce inicial de un grupo de varas de un lado a otro y se iban añadiendo más varas metidas entre la trama del cuerpo y trenzándose después por toda la parte por la que había de cogerse.

Barriles de vino


Museo de Castrocalbón.
Barril para el vino. Web de Malva.

Los barriles del vino se solían llevar al campo en el tiempo de la siega. Los barriles del vino se podían tejer con varios materiales: paja de centeno, varas jóvenes de palera o con tiras de zarza.


Para tejer un barril de vino con varas de palera se necesita cortar las varas a finales de abril o durante todo el mes de mayo, cuando la savia sube y se puede desprender fácilmente la corteza.

En primer lugar se pelan las varas y cada una se abre en tres, primero con una navaja y luego con un palo de negrillo con tres muescas y abierto en la punta. Se raspan las varas con una navaja y se las deja en agua. Todavía húmedas se las afina de nuevo y se empieza a tejer utilizando la antiquísima técnica del cosido en espiral y que consiste básicamente en una espiral cosida constituida por dos elementos : Una, la armadura que forma la espiral, en este caso la vara fina y flexible de palera. Y dos, el cosido, elemento activo que fija la forma seguida por la espiral.

El cosido o tejido se hace a mano, pasando la tira entre los ramales de la espiral, por un claro o agujero hecho con la lezna. Cuando el barril está terminado se cubre la parte exterior con barro húmedo y el interior con pez caliente, agitándolo para cubrir bien todo. Se deja hasta el día siguiente y se lava con agua fría para eliminar la arcilla. Finalmente, se le ponía un tapón de madera y una correa de cuero.
Vasijas de vino en Riofrío de Aliste (Zamora).


Los barriles del vino hechos con zarza, lógicamente, llevaban otro proceso y era el siguiente: En primer lugar se cortaban los tallos de zarza, se le quitaban las espinas y se abrían a la mitad para extraerles la médula.

Después, cada mitad se volvía a abrir nuevamente, quedando así cuatro partes. Éstas se ponían en remojo y posteriormente se comenzaba el tejido. Cada cara o “plato” se tejía por separado.
El tejido se iniciaba enrollando en espiral una tira de zarza para formar la estrella, pasando la hebra sucesivamente por el orificio central. Después se hace el picado que en realidad es un cosido realizado con un punzón, creando un trenzado de hebras alternativas sobre varas de zarza o mimbre. Esta labor se realizaba en ambas caras y una vez terminadas se comenzaba la parte lateral o “faja” donde se hacía la boca del barril. La “faja” se hacía con un trenzado igual al resto del barril y se unía a los “platos” con un ribete.

Después se cubría con el mismo método que el barril de centeno, con arcilla y se recubría el interior con pez. Habitualmente solía mezclarse con anís para eliminar el sabor y evitar que pasase posteriormente al vino. Al final, como en todos los barriles, se le ponía el tapón y la correa de cuero.


Escriños, escriñas y gronas

Escriño de Olleros de Tera
Los escriños son cestas hechas con tallos escogidos de centeno, agrupados paralelamente, no trenzados, asegurados entre sí con un hilo muy fino y resistente de zarza.

El escriño se empieza haciendo una base plana doblando en espiral la encañadura de centeno hasta que tenga el diámetro elegido. Después se continúa elevando las paredes y atado a tramos cortos, de forma muy apretada y bien rematada para que soportase bien el peso. En otros lugares se emplea el mimbre o el cáñamo en lugar de la zarza para coserlo.

Su función principal era la de servir de recipiente para la recolección del fruto. Este tipo de cesta también servía para transportar el grano hasta la tierra en el momento de la siembra.

Al igual que el escriño, la escriña se empleaba para transportar frutos recolectados, pero también tenía la utilidad de servir de recipiente para llevar la comida al ganado. El proceso de elaboración era igual al de los escriños, la diferencia entre unos y otros estriba en el tamaño, ya que la escriña es más pequeña que el escriño.

Se solían hacer escriñas por encargo o en invierno cuando no se salía al campo y se disponía de mucho tiempo libre, por lo que en ocasiones era una forma de entretenimiento.

Las gronas se elaboraban con el mismo proceso que las escriñas y los escriños . Se diferencian de éstos por su tamaño, ya que las gronas eran normalmente de un tamaño muy superior y se empleaban para guardar la harina y el grano.

La cestería y otros útiles relacionados

El entrecruzado de fibras no sólo se ha empleado para la fabricación de cestas, sino que ha tenido otras múltiples utilidades. El proceso de tejer tallos ha servido para la fabricación también de :
Esteras para las bases de las sillas, sombreros de paja o paízos, trampas para animales y nasas, tamices, filtros, sogas, queseras,...

Costurero de paja de centeno. Web de Recuerdos de la Abuela.
 
Sombrero campesino de paja.
Cincho para queso. Web de Malva.
También se usaba la paja de centeno para dar forma a la base de la albarda o la silla de montar, como se explica en esta web sobre equitación.



El paízo

El paízo es un entretejido en forma de anillo que era empleado en las cocinas para apoyar la caldera de cobre cuando se retiraba del fuego y con ello evitar que el cambio brusco de temperatura la deformase por la base.
El paízo (en la foto el que aparece en el Museo de Castrocalbón) se realizaba habitualmente a partir de usados “vencejos”(atados de pajas largas de centeno sin grano unidos por las espigas que se destinaban a atar grandes haces de otros cultivos). También se empleaban los paízos elaborados con la misma técnica que se aplicaba para tejer los escriños, es decir, con grupos de paja de centeno atada con tiras de zarza. Existían varios tamaños de paízos, aunque lo corriente era que tuvieran un diámetro de entre cuarenta y cincuenta centímetros.


Garrafas de vidrio
Tinaja y garrafa. Web de Pedrosa del Rey (Valladolid).
También en tiempos más modernos se comenzó a elaborar cestos empleando no sólo la fibra natural, sino también otro tipo de material, es el caso de las garrafas y garrafones de vidrio. Estas garrafas se recubrían con un entretejido de similares características al empleado en la cesta tradicional.

La cesta de la garrafa se realiza en dos partes separadas que más tarde se unirán. El primer paso consiste en la elaboración de una cesta trabajada con la misma técnica de las talegas y ajustada al recipiente de vidrio. Se le agregan las asas y se trenza el borde.

En segundo lugar se teje un segundo cuerpo que se ajusta a la forma de la garrafa y que habitualmente se realiza con fibras más finas unidas en manojos. El cuello se trabaja de manera más ceñida.

Finalmente, la garrafa está terminada en el momento en que se alcanza la boca, donde un borde más grueso sella el proceso, dejando unos dos centímetros de vidrio a la vista.




Buscando información para hacer este artículo di con un documental en el que se recoge cómo las mujeres de un pueblecito de Huesca, San Juan de Plan, trabajaban la paja para la cestería. No he encontrado un acceso directo al documental entero, pero en esta página, aquí, podeis ver un trailer del mismo en el que se observa un trabajo similar a todo lo que aquí se ha explicado.

8 de febrero de 2013

Cestería (1)


Antes de que el práctico y generalmente feo plástico lo llenara todo, los pueblos conseguían fabricar sus propios recipientes a través de la cestería. Con materiales recogidos entre las plantas que crecían en su territorio, con unas técnicas sencillas y efectivas y unos vecinos hábiles, los cestos llenaban todos los huecos: se usaban para llevar mieses, recoger cosechas, acercar las uvas a la bodega, guardar la costura, transportar la comida o almacenar la harina, entre otros usos.


Vendimiadores.Web de La Puebla de Montalbán (Toledo).


Dando de comer al caballo en un cesto.
Web de La Puebla de Montalbán (Toledo).


Comida durante la trilla en la era donde se observa un cesto para llevar la comida
y un garrafón de vino con cesto exterior.
 Web de Sordillos de Treviño (Burgos)

Mas telogones en la vendimia.
Web de Pedrosa del Rey (Valladolid).

Esta otra imagen de una vendimia, con los talegones en el carro, es del pueblo
de Vegas del Condado (Valladolid). Aquí su web.

En Ayoó había varias personas que se encargaron durante años de abastecer a los vecinos de cestos: el Ti Indalecio, el Ti Felipe Lobo o el Ti Pedro Alonso.

Septiembre era el mes en el que se preparaba “la mimbre”: Primero había que cortar las varas y para ello, para tener una “buena corta” había que hacerlo en luna menguante. En creciente se apalillaba y si se esperaba a primeros de octubre, se estropeaba la madera.

Después se metía a ablandar, a “enriar” en pozos de agua y en regueros, como el del Ti Carbajo o el Punte la Flora. Se ponían los ataos de mimbre con piedras y se dejaban como 20 días.

“A los que los hacían -recuerda mi padre- se les pagaba unas 6 o 7 pesetas por talegón que servían para llevar las uvas, las patatas...”

En Ayoó ya no queda nadie que trabajo en este campo, pero la cestería es un arte que aún se conserva en algunos pueblos. En el Museo de Castrocalbón, que ya dije que me pareció muy interesante, tenía un destacado apartado a la cestería y también se puede consultar a través de su página web. De allí he sacado los siguientes textos, en los que se explican las plantas que se usaban, cómo se trabaja y para qué servían los objetos que salían de las manos de los artesanos.

Talegas. Web de Malva (Zamora).


Las plantas de las que se sacaban las varas que se trabajan eran el sauce, la palera, la zarza y el centeno.


El sauce del Coito.
El sauce. El mimbre es una fibra natural que procede de las varas jóvenes del sauce. Es una de las fibras vegetales más empleadas en cestería, por varias razones. La primera por lo sencillo que resulta obtener sus varas, dado que el cultivo del sauce se extiende con mucha facilidad. La segunda, por lo fácil que resulta de trabajar su madera, ya que es especialmente flexible y a la vez resistente.





Palera en el camino a la Viña del Lomo, cerca de Requeijo.
La palera es un árbol de la familia del sauce que crece especialmente en las orillas de los ríos o en zonas pantanosas, dado que necesita humedad permanente. De ella se emplean en la cestería las ramas más jóvenes, de tono rojizo, por su flexibilidad y ligereza.


Yolanda Cano, en su Estudio Etnobotánico de Ayoó señalaba que los brotes nuevos de la palera se utilizaban antaño para hacer “cañizos” para los carros y para fabricar tornaderas.

Detalle de la hoja  de palera
 
Zarza envolviendo el antiguo molino de Congosta, cercano a la presa.
La zarza. Su nombre científico es Rubus Ulmifolius derivado del latín “ruber” (rojo) en alusión a su fruto (la mora) y del parecido de sus hojas a las del olmo (olmilolius). Es una planta muy invasiva que crece rápidamente, en especial en las laderas de los ríos, en monte bajo o en los bosques.

Para cestería se emplean las cortezas de sus tallos, cubriendo atados de paja de centeno y tejiendo la propia corteza.

 


Centeno. Imagen de Wikipedia.

El centeno. El centeno como uso doméstico se remonta al Paleolítico tardío y se cultiva por su grano como planta forrajera.

Ha sido un elemento muy importante para la arquitectura tradicional de nuestra comarca, ya que era parte fundamental para la elaboración del adobe (mezcla de arcilla, agua y paja de centeno).

En cestería se ha empleado la paja de centeno para la elaboración de escriños, escriñas, gronas, etc... especialmente el centeno de ciclo corto (sirvendo o tardío). Las pajas gruesas servirán para la base y las más largas para las “paredes” de la cesta.
 
 
 
 
De botánica sé poco, así que me fio de los que conocen más que yo y mi madre, en los paseos que damos por el pueblo, me hizo distinción de varios tipos de árboles, todos relacionados con el sauce: La mimbrera, la palera, la salguera y la salguera negra. Son plantas diferentes y todas ellas se usaban en cestería y en otros usos como hacer los mangos, partes del arado, del carro, etc.
 
La palera es esta:
 
 
 
 
La mimbrera, esta:
 
 
 
La salguera, aquí:
 
 
Y aquí las tres plantas juntas (que es muy posible que yo haya confundido una por otra en las fotos...), junto al Almucera, junto al Puente la Flora:
 
 
 
Además está la mimbrera negra, que era muy apreciada para la cestería pero que ya casi no quedan ejemplares en Ayoó. Este se encuentra cerca de nuestro huerto, en Perafondo:
 

 





5 de febrero de 2013

Carro con junquillos

Entre los carros que aún sobreviven en Ayoó, este es uno de los más peculiares que he visto. Es un carro de caballería, con ruedas modernas de remolque y con un curioso trabajo de junquillos en toda su caja. Lo tiene guardado Jose El Marroquí, el hijo de Antonio y Avelina, que fue quien me lo enseñó, y era propiedad de Miguel Tostón, conocido como "Miguistas". Estas son las fotos del carro rojo de junquillos:

Aquí se intuye, más que se ve, el carro entre la luz que entraba por la puerta de la panera.
Aquí se ven mejor las costanas rojas con los junquillos de adorno.
En esta foto y en la de abajo, las chapas del impuesto de carruaje, años 1963-64.


La "matrícula", Nº82 de Fuentencalada de Vidriales.


2 de febrero de 2013

Labores del campo: Febrero


Ralvar, que es la primera vuelta que se le da a la tierra que estaba en rastrojo. Esto se hace todo el mes de febrero y el de marzo.


Ralvar como tal no aparece en el diccionario de la Academia, nos remite a “relvar” que quiere decir lo que me explicaban mis padres, levantar el barbecho.


Entre febrero y marzo se hacían también los semilleros, con la remolacha, las berzas, los pimientos...
 
Semillero en el huerto del Caño de mis padres.
 
Pradera en Ayoó Pequeñino.
Desde mediados de junio se segaba la hierba de los praos, pero antes había que preparar el terreno. Para ello, en invierno se le echaba el mineral para que saliera fuerte y cuando se podía se le metía el agua. Los lugares con más pradera en el pueblo eran El Rejo, Los Praos del cura, en Ayoó pequeñino...