21 de abril de 2011

El Calvario

En la semana Santa de Ayoó, uno de los momentos más intensos y fervorosos se vive en la noche del Jueves Santo, cuando el sacerdote y los feligreses procesionan por el Via Crucis recordando las catorce estaciones o pasos de Jesús rumbo al monte Calvario, donde sería crucificado. Este camino está señalizado en Ayoó con esas catorce cruces que van desde la calle de la Iglesia hasta Peñacabras y que son estas que ahora os presentamos.

Primera Cruz en la vieja casa de Juan Manuel, justo en la trasera de la Iglesia, donde se hace El Encuentro del Domingo de Resurrección.


Segunda Cruz en la casa de la familia Barrio, junto a la de María la de Niso.


Tercera Cruz en la vieja casa que ahora es de Antonia, la de Justi.



Cuarta Cruz que está en la pared de la casa de Arsenio, junto a la medianera con la de mi tío Rogelio.



Quinta Cruz en la panera de Nichi, al final de la calle de la Iglesia.


Sexta Cruz, la de la Verónica, en la curva del camino que comunica la Calle de la Iglesia con la de Peñacabras.



Séptima Cruz en la vieja casa que era de María Barrio y ahora pertenece a Andrés, el hijo de mi tío Rogelio.




Octava Cruz en la vieja casa que está frente a la de Antonio y Tita.



Novena Cruz al otro lado del descampado.


Décima cruz del recorrido. Se la ha cambiado de sitio y ahora está en la casa de Paco Quiroga, el padre de Tita.




Décimoprimera cruz del Via Crucis. Esta es una nueva cruz de madera, sin numeración, en las puertas grandes de la casa de Andrés Cano.



 
Decimosegunda cruz. Esta es una pequeña cruz de madera, nueva, porque la número 12, que antes estaba en un corral, había desaparecido.





Decimotercera cruz. Esta también se ha cambiado de lugar, antes estaba en un corral saliendo de la calle y ahora en esta vieja panera de la calle Peñacabras.





Decimocuarta y última de las cruces, fin del Via Crucis. La cruz es la misma de siempre, pero el lugar lo han cambiado, antes estaba en un corral de las ovejas y ahora en esta vieja casa, en la calle Peñacabras.


19 de abril de 2011

La Iglesia por dentro: El retablo del sagrario

La figura de San Fructuoso y de la Virgen del Sagrado Corazón están ahora en un pequeño retablo muy curioso. Bajo la hornacina en la que está el santo hay un pequeño sagrario muy disimulado y por fuera tiene un extracto en latín de las palabras que el sacerdote pronuncia en la Consagración del vino. En los laterales, también hay un texto, este en castellano, con los nombres de los responsables de la parroquia en el tiempo en el que se hizo el retablo, fechado en el siglo XVII.







El sagrario está perfectamente disimulado en el cuerpo central. Por supuesto, yo no tenía idea de que ahí había un departamento escondido, me lo indicó Matías, para mi sorpresa. En la foto se ve el pequeño sagrario con la puerta abierta, forrado por dentro con un papel azul con estrellas blancas.


 Este es el texto que encontramos a la izquierda del Sagrario:




Esta o
bra se
iço si
endo
cura
el r.Dº
Don
Pedro
Alon
so de
Cifu
entes



(Es decir, "Esta obra se hizo siendo cura el reverendo Don Pedro Alonso de Cifuentes". Como se observa, dos apellidos que aún hoy siguen estando presentes en familias del pueblo, Alonso y Cifuentes)






Texto del cuerpo central de la zona central del retablo, un extracto de la Consagración del vino:






Hac est enim
corpus meum,
hic est enim ca
lix sanguinis me
inoui et eternites
tametimisteriu fi
dei qui prouobis et pi
multis effun detur in
remillionem pecatto
rum

Tomad y bebed todos de él,
porque este es el cáliz de mi sangre,
sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros
y por todos los hombres
para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.




Texto del cuerpo derecho de la zona baja del retablo:



ima
iord
omo
juan
testo
n,ijua
nfre
ile,
ano
de
16 6

"Y mayordomo Juan Teston y Juan Freile ano de 16 6". Entre un 6 y el otro hay un hueco y no sabría decir que número figuraba ahí.



Hay que agradecer a Matías su dedicación por conservar los objetos de la Iglesia. Este retablo estaba en muy mal estado y él lo ha reparado y afianzado y ha arreglado la puertecita del sagrario.




Por cierto, y aunque esto no es un blog de doctrina católica, aprovecho para comentar que en 2008 se cambió la fórmula de la consagración tal y como aquí se ha traducido: se permitió usar la fórmula “ustedes” en aquellos países que suelan usarla, como en Latinoamérica, de tal forma que se diga “Coman y beban” en vez de “Tomad y bebed”. También, y esto ha tenido más repercusión e incluso polémica, que se diga “Derramada por todos y por muchos” en vez de “derramada por vosotros y por todos los hombres”.
(Capax mundi, blog sobre asuntos de la Iglesia y documento de la Diócesis de San Fernando de Apure, Venezuela)

16 de abril de 2011

La Iglesia por dentro: San Fructuoso

San Fructuoso es el santo del día y también aparece en la Iglesia de Ayoó y, al parecer, por partida doble. La figura que se encuentra en el pequeño retablo de la derecha en San Fructuoso o, como se decía en Ayoó, San Frutugoso.



El caso es que poco más que el nombre sabía de él (nombre, por cierto, que conocía porque aunque extraño, un vecino mío se llama así) y al buscar información me encontraba con dos Fructuosos santos y obispos, el de Tarragona y el de Braga. Tras consultar a los expertos en el tema, me han guiado hasta el santo de la ciudad portuguesa así que su vida es la que presento a continuación:



San Fructuoso se cree que nació entre los siglos VI y VII en el seno de una familia goda de la nobleza. Tras quedar huérfano a edad temprana, se retiró a El Bierzo, a unas tierras de su familia, aunque antes estuvo en Palencia, en la escuela episcopal. En el valle de Compludo, en León, vive como un eremita, en una cueva, haciendo grandes penitencias y tras haber entregado sus bienes a los pobres y liberado a sus esclavos. Pero su persona tenía tal magnetismo que le sigue una multitud que trata de imitar su vida hasta el punto de que en la zona se instala una especie de comuna de eremitas, hombres por un lado, mujeres y niños por otro. El Rey godo Chindasvinto y la Reina Reciberga (no podía dejar este artículo sin poner estos nombres, jeje) llegaron a dar una donación a este grupo en lo que se convirtió en la primera donación real de la historia española.


Tras abandonar Cumplido busca otros lugares retirados y va fundando diversos monasterios desde El Bierzo y Galicia hasta Cádiz, pasando por toda Portugal. Intentó peregrinar a Jersusalén, pero el citado Rey Recesvinto se lo impidió y además, ya como Obispo, le hizo acudir al Concilio de Toledo donde tuvo una destacada participación. En ese concilio se le elige como Arzobispo de Braga, ante la renuncia del titular, Potamio, que había confesado haber quebrantado el celibato. El arzobispado de Braga constaba entonces no solo del territorio portugues, sino también de otros que pertenecían a Galicia y León.

Lo curioso es que a pesar de lo conocido que era en su época, apenas se conoce nada de su actividad pastoral en Braga. Una biografía atribuida falsamente a San Valerio, discípulo suyo, asegura que vivió como monje aunque fuera arzobispo. Y aquí, en este detalle entra en juego otro elemento de la Iglesia de Ayoó.





En el lado izquierdo, en el retablo con varios santos pintados que hemos ido identificando en artículos pasados, hay una imagen que los expertos en iconografía religiosa me han señalado que puede ser también San Fructuoso. La mitra está en el suelo y según ellos, ello puede ser por ese desapego que San Fructuoso tenía de los cargos y del reconocimiento. Así que tenemos San Fructuoso por un lado y por el otro en la Iglesia de Ayoó.









San Fructuoso no descansó ni después de muerto. En el s.XII el arzobispo compostelano robó su cuerpo y se lo llevó a Santiago de Compostela donde fue enterrado en la cripta de la catedral. Hace unos años, los huesos (en la foto) fueron devueltos y hoy se encuentran en la Sala de Reliquias de la catedral de Braga.

Fotografía de Pregunta Santoral
La figura de San Fructuoso se considera clave ya que sus Reglas de vida monástica fueron las más difundidas por la Península aunque después quedaron eclipsadas por otras provenientes de europa, como la Regla Benedictina. Alguno de sus monasterios se han mantenido con actividad hasta fecha reciente.



Artículo realizado con la ayuda de Pregunta Santoral, Wikipedia y Cuaderno de los ingenieros de Icai (Escuela Técnica Superior de Ingenieria de la Universidad Pontificia de Comillas)

13 de abril de 2011

Memoria de Santibáñez: el atraco

En los años cuarenta, cincuenta, sesenta... el poder en los pueblos tenía una triple corona: el alcalde, el médico y el guardia civil. Y de todo había en el Santibáñez de entonces. Tenían su alcalde, claro. Tenían sus médicos, de los que ya hablamos en “Médicos y enfermos (1)” : Los doctores, tanto los de los humanos como el de los animales, el veterinario, estaban en Santibáñez: Don Dionisio, Don Teodoro y Don Pedro. Tenían una caballería muy buena y cuando alguien les daba un aviso iban en él, en el caballo grande, bonito, de buen porte y con una manta hermosa... era el equivalente al Mercedes de hoy.



Guardias civiles en Santibáñez. Foto de Juan Antonio Prieto.

El mismo lugar, hoy. Foto de Rosa Acedo.

También había cuartel de la Guardia Civil, en la Calle Mayor, por donde aún quedan un grupo de casas antiguas con unas preciosas balconadas (personalmente, de lo que más me gusta en Santibáñez), cerca de la entrada del camino viniendo del Conventico. Aquí hay una foto del lugar, aunque no se ve el cuartel en sí:


Foto de Juan Antonio Prieto


En el grupo de Santibáñez en Facebok, leí esta anécdota que es muy aclaratoria de cómo eran las relaciones sociales entre los que creían estar más arriba que otros en la escala social:


Una historia de la fuente romana: Todos conocen a Miguel Uña, verdad? Pués bien, a su abuelo,llamado Pedro, le ocurrió un día que se encontró, creo que a un teniente del Ejército o de la Guardia Civil, lavando los cascos del caballo en la fuente. Le llamó la atención y este le contestó que hacía lo que le salía de los cojones. Y claro, para cojones no los había como los de Pedro. Hizo que se volvía para casa y dio la vuelta por detrás de la barbería de Saturnino, le dio una patada en el culo y lo tiró dentro de la fuente, volviendo de nuevo por el otro lado para ayudarle a salir.




De todos modos, ni la presencia de la Guardia Civil evitó uno de los hechos más curiosos que me han contado de la historia de Santibáñez: el robo del banco.
Agustín Martínez, uno de los ricos del pueblo, tenía un banco. En realidad era más bien una especie de sucursal del Banco de Benavente. En los años cuarenta fue objeto de un atraco. Le robaron la caja fuerte, se la sacaron por una pared por detrás, haciéndole un butrón, y se la llevaron en un carro viejo que le robaron también al que los hacía. Llevaron la caja al Campo y allí le dieron golpes hasta que consiguieron abrirla y se llevaron como 50.000 pesetas de la época. “La mujer de Agustín -recuerda mi padre- se lo contó a abuelo, llorando, y le decía que al menos no había sido aún peor, que acababan de pagar sueldos y habían llegado a tener hasta 200.000 pesetas unos días antes”.

8 de abril de 2011

Memoria de Santibáñez: la industria (03)

Cerca de la alcoholera estaba el almacén de trigo, que ahora usan de almacén de trastos del Ayuntamiento. Allí se guardaba el trigo y los vecinos de todos los pueblos tenían que ir a llevar su parte. “No tenían ni elevador, había que subir con sacos de hasta 100 kilos por una rampa de madera estrecha para volcar allí el grano. Llevabas el trigo que te sobraba, lo declarabas y te lo abonaba el Servicio Nacional del Trigo (1). Había un Jefe de Panera que era el encargado de pesarlo y de pagar”.



“Dabas el trigo, con los kilos e ibas a la oficina. Allí te desquitaban tanto de espolvoreo, tanto de salvado, tanto para pagar la maquila... total, que ibas con 1000 kilos de trigo y te venías con 900 de harina”.



Documentos del Servicio Nacional del Trigo (Todocolección.net)



Los Jefes de Panera no tenían muy buena fama, precisamente. “Siempre que te iban a pesar te enrollaban y quitaban un kilo a este, un kilo al otro y todo iba para ellos”. Hasta tenían chistes a su costa:


Unos europeos mandaron una cabra a ver qué tal se vivía en España. Al cabo de unos meses, regresaron a por la cabra y le preguntaron a ver qué tal. Y la pobre cabra venía desmejorada, triste, pálida y decía “a darme de comer nadie venía, pero ordeñarme, todos”.


Después, decidieron mandar un burro, y cuando volvieron a buscarlo estaba grande y hermoso, como nunca. Al preguntarte que qué tal, respondió que muy bien “a los quince días me hicieron Jefe de Panera de la Comarcal y no he tenido ningún problema!!!!”.



(1) En 1937, en plena Guerra Civil, se crea en Burgos el Servicio Nacional del Trigo, un organismo que se encargaba de controlar la producción agrícola, la producción, compra y distribución de los cereales. Obligaba a los labradores a declarar y venderle a él, a precios fijados por la Administración unos cupos fijos de la cosecha. (Llucena, una historia de L'Alcalatén.Sociedad, poblamiento y territorio, de Joaquím Escrig Fortanete, pag. 562)

5 de abril de 2011

Memoria de Santibáñez: la industria (02)



El otro gran punto de industria en Santibáñez estaba en la fábrica de harinas: “Siempre había como 15 o 20 carros y mulas de todos los pueblos. Se molía centeno para pienso y trigo para consumo humano, allí lo cernían y todo. Tenían dos camiones, uno de 5.000 kg y otro de 10.000 kg para repartir a los panaderos y comprar trigo. Iban de Galicia incluso”, recuerda mi padre.



Iba a escribir que la fábrica de harinas estaba cayéndose, y lo ilustraba con estas fotos que colgaron en el grupo de Santibáñez en Facebook,

Fotos de Alberto Zapatero en el grupo de Santibáñez en Facebook.



Pero me dan aviso desde La voz de Vidriales, que la cosa está peor, que ya ha entrado la máquina para derribar uno de los edificios, como dan cuenta en su página web, con esta imagen:


Foto de La Voz de Vidriales


Mi padre destacaba la construcción “con las vigas a pendulón, sujetando el tejado para que no se apande (1). Da verla así ahora...”


Junto a la fábrica de harinas, al otro lado de la calle está la casa La casa de la Fábrica de Harinas. “Por la puerta pequeña delantera era por donde íbamos a hacer los vales del salvado y a hacer la maquila, rememora mi padre- La ventana lateral, a la derecha era donde estaba el contable. La casa era de la señora Celia y el señor Miguel Delgado, los amos de la harinera”.

En este precioso edificio se dijo que se iba a instalar un Museo Etnográfico (La Opinión de Zamora, 16 de Octubre de 2008), pero la noticia data ya de hace tres años y de momento, nada de nada. No sería un mal fin para un edificio de gran singularidad arquitectónica y de tan importante en el pasado del pueblo.

Foto de Alberto Zapatero.

Maquila era el porcentaje de trigo que el molinero, en este caso la Fábrica, se llevaba de lo que había molido. El término maquilero implica que la forma de cobro era en especia. La maquila era una medida de capacidad preestablecida por el gobierno que constituía el porcentaje de cereal que cobraba el molino a cambio del préstamo de sus servicios. Este porcentaje era aproximadamente el 10% del producto que se molía. (Molino de Losacio)


Molineros y maquilas no tenían buena fama y así lo atestiguan una buena cantidad de refranes que tienen que ver con esta ocupación, como se recoge en la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz, en el artículo “El molino y el molinero en el refranero”, de Germán Díez Barrio:


La maquila es el grano o harina que le dan al molinero por moler, pero a veces se toma otra parte que no le corresponde:


-Quien dijo maquilar, quiso decir robar.
-Quien te maquila, ése te esquila.

En Ayoó se decía lo de "cambiarás de molinero, pero no de ladrón".


(2) Apandar, sinónimo de pandear: Dicho especialmente de una pared o de una viga: Torcerse encorvándose, especialmente en el medio. RAE



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Con motivo del derribo de uno de los edificios que formaron parte de la fábrica de harinas de Santibáñez, en La Opinión de Zamora se ha publicado este artículo M.A. Casquero que recuerda lo que fue esta empresa para el pueblo y la comarca. Aprovechando la coincidencia con nuestro propio post, lo reproducimos. Se puede consultar aquí, en la versión online del periódico.

“La caída del gigante blanco”



Derriban el almacén de la fábrica de harinas «La Vidrialesa» de Santibáñez, motor de desarrollo de la zona durante 70 años


M. A. CASQUERO
«Si mi abuelo levantara la cabeza». La expresión, espontánea, brotó ayer de los labios de un vecino al ver cómo era derribado el almacén de la antigua fábrica de harinas de Santibáñez de Vidriales. El propietario optó por el derribo de las antiguas instalaciones que albergaron las grandes pilas de sacas de harina de 100 kilogramos, después de que a finales de año se produjese el derrumbe de una de las paredes de esta gran nave de donde se aprovisionaban de carga, primeramente carros y carretas y posteriormente camiones y tractores.

 

Sin embargo, el edificio que constituyó la frenética actividad fabril permanece en pie con sus «candongas», chimeneas por donde salía al exterior el polvo de los molinos, señalando la dirección del viento sin titubeos debido a la buena disposición de sus rodamientos.




Fue hace 20 años cuando cesó la actividad industrial en la fábrica construida en el año 1929 por la familia Delgado Muelas, de Santibáñez y de Cional, en la entonces floreciente villa vidrialesa. Su contribución a la economía local comenzó a marcar un hito en Santibáñez de Vidriales. La fábrica de harinas «La Vidrialesa» llegó a contar con más de una docena de empleados. La calidad de la harina producida en esta factoría comenzó a cobrar fama no sólo en la provincia, sino incluso en la Región al transcurrir los años. Carros tirados por seis mulas se dirigían a la vecina ciudad de La Bañeza transportando su pesada carga de sacas de harina de 100 kilos. El ascenso por el sinuoso y elevado camino del cerro del «Real» en Fuente Encalada lo realizaba Felipe «El Carrero». Felipe Casquero, azuzaba a las caballerías con su tralla provocando que el sonido del restralle llegase a los oídos de los vecinos de Fuente Encalada. Precisamente en el almacén ahora derribado falleció Felipe «El Carrero» al caer sobre su cuerpo una buena cantidad de sacas de harina que tanto él como sus compañeros consiguieron apilar.




Eran años de pujanza económica en Santibáñez donde hasta los pajares se convertían en viviendas debido a la gran demanda de gente que llegaba hasta la villa vidrialesa. Precisamente a este pueblo había llegado la luz eléctrica desde La Milla de Tera no hacía muchos años antes. Durante los primeros años de actividad de la factoría, la energía eléctrica se producía a base del gas pobre, la biomasa actualmente en boga. Esos primeros años coincidieron con la construcción del edificio de la Casa Consistorial (1927) donde hoy se encuentra la pequeña plaza del Ayuntamiento, las fuentes como la de la plaza del Barrero, más tarde de Arriba , de José Antonio, y ahora de Rosalía de Castro, también en ese año; cuatro años antes, en el 1923, el arco del ferial.




Ya en los años 40, los vecinos veían cómo a las once de la noche se ponía rojo el filamento de las escasas bombillas de las casas debido a que a partir de esa hora se comenzaba la molienda en «La Vidrialesa». Era a partir de esas horas cuando el tendido de Eléctricas Leonesas desde Alija del Infantado, entonces de los melones, que había sustituido al procedente de La Milla, permitía la febril actividad industrial en la factoría harinera. Las noches eran propicias para esa finalidad, ya que en aquella época la gente se acostaba antes y no había televisión. «La Vidrialesa» precisó en esa época de ampliar las instalaciones agrandando el almacén hasta la pequeña tienda de la señora Marcelina. Hasta el cargue junto a la recién construida carretera llegaban carros y más carros para recoger la blanca y apreciada harina y el salvado, el producto que sale al refinar el grano del trigo y servía para alimento de los animales, asi como la harinilla o tercerilla para las gallinas y la sémola con la que se alimentaron no pocos niños de la comarca. La actividad fabril de «La Vidrialesa» seguía en consonancia con la pujanza de la villa. Sus cuatro renombradas ferias y mercados durante todos los miércoles del año. Las primeras, el 19 de marzo, 5 de mayo, 7 de junio y 4 de septiembre. Los mercados, «medio año arriba, con transacciones de vacas y de cerdos, y el otro medio abajo» como reseñan las crónicas de la época. La gran actividad comercial de la villa con numerosos establecimientos comerciales de todo tipo provocaron que la empresa bañezana «Martínez» estableciese una línea de autobús desde La Bañeza a Santibáñez para acudir expresamente a los mercados de los miércoles. Ya entonces, Santibáñez tenía coche diario a La Bañeza y a Zamora, aunque este último menos los lunes y los jueves, ya que acudía a los mercados de El Puente de Sanabria y a Benavente.

Foto de La Opinión de Zamora - M.A.C.

3 de abril de 2011

Térmanos

La pasada semana comenzaban los trabajos de la segunda fase de la concentración parcelaria en el pueblo, con aquellas tierras de monte y viñedo que quedaron al margen de la primera fase, hace ya 30 años. La noticia de La Opinión de Zamora estaba ilustrada con una curiosa fotografía de dos operarios cargando en un remolque los nuevos mojones que marcarán los límites de las fincas.


La Opinión de Zamora. Foto M.A.C.
 Mojones o, en esa preciosa palabra que se usa en Ayoó, térmanos o termaneros. La palabra deriva del latín terminus y significa hito separador (1), es decir, piedra que se coloca en la linde entre dos fincas.

Estos son algunos de los térmanos de Ayoó:



Térmano de cemento en Perafondo


Otro de cemento, esta vez en la zona de Las Escuelas


Precioso térmano en la huerta que hay en la casa de Laudelino, en la trasera de la calle Guapín.


Térmano caído en una finca ya abandonada en Ayoó Pequeñino.


Un poste metálico refuerza este térmano en El Ramajal

Térmano con líquenes en La Cuesta la Pedrera


Térmano en Perafondo, entre el huerto de mi padre y el de Ricardo.






(1) Recogido de Palabreru Lliones de la Asociación Furmientu