Foto 1: cartel en la zona de Las Escuelas. Foto 2: terreno en venta en Trascastillo. Foto 3: casa en Congosta.
10 de marzo de 2011
7 de marzo de 2011
El carro del ferrañal
Paseando una mañana por el pueblo, cámara en mano (los medianamente madrugadores ya me conocen), me encontré con este carro en la parte de arriba del pueblo, cerca de la calle Peñacabras. Me sorprendió ver “aparcado” este ejemplar tan bonito, que no había visto antes (tengo recogidos unos cuantos carros ayoínos en mi colección), con esos dibujos geométricos en las costanas, los nombres de propietario y carpintero, el cañizo...
Días después, me lo volví a encontrar en la zona de los ferrañales y aproveché para hacerle otra sesión de fotos, cogiendo bien todos sus detalles. Me encontré con Leire, la hija de Alfonso y Juncal y ella me dio el dato que me faltaba: el carro era de su abuelo, Luis (es ahora, tras el fallecimiento de su madre, el carro ser ser, era de Adelina y Manolo, sus padres). Agradezco Leire su información y ojalá su familia sepa valorar esta joya que tiene y lo siga cuidando para que luzca tan bonito como está.
| Estas inscripciones eran hechas con una plantilla, tal y como nos lo contaban en el blog El Ti Joaquín: Estaba escrita con los abecedarios que usaban los carpinteros, que eran piezas rectangulares de latón troqueladas, una para cada letra, a las que se aplicaba pintura para marcar o escribir sobre madera o metal, ya fueran carros, máquinas de limpiar, trillos o cualquier otro apero de labranza. |
| La matrícula del carro. |
4 de marzo de 2011
Memoria de Santibáñez: feria y tiendas
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| Fotografía tomada del grupo de Santibáñez en Facebook |
“Cuando voy ahora a Santibáñez me da pena ver lo que hay y pensar en lo que hubo”. Así se expresa mi padre después de haberle obligado a hacer memoria del Santibáñez que conoció en su juventud. El que sigue siendo pueblo cabeza del valle está, como casi todos los pueblos de los alrededores, viviendo ese momento de agonía, de no saber muy bien por donde buscar su sitio, con una generación que vivió el máximo esplendor del pueblo y que ahora descansa llegada al momento de la jubilación y una juventud que no encuentra su sitio, sobretodo laboral.
Los recuerdos de mi padre son de un pueblo dinámico, con una cierta industria, un animado mercado, tiendas, negocios, ocio... un poco de todo. “Nos conocíamos todos, las Varelas, las de Roque, la Pili... había mil habitantes al menos!”. Según los datos recogidos en el Atlas de Reindustrialización, publicado en Octubre de 2008, Santibáñez tenía en 1960 3292 habitantes, que se quedaban en 1.183 en el 2007 (tomados todos los pueblos que comprenden el término municipal, no solo lo que es la localidad que lleva este nombre).
Mi padre recuerda su juventud de los años 50, cuando el trabajo era mucho y la diversión menos, aunque ya se la buscaban ellos. “Para bajar no íbamos en coche, claro, no había, ni siquiera en bici. Se iba y se volvía andando. Se iba por Carracedo, por la fuente Rumicus, y luego, por la cuesta de San Mateo y por El Soto”.
Santibáñez tenía por entonces un importante mercado de ganado todos los miércoles, con la particularidad de que se hacía en dos lugares diferentes del pueblo: “La mitad del año se hacía abajo, por donde la Fuente Romana, y la otra mitad, desde más o menos San Pedro, arriba, por donde el Bar Elías”.
“Desde febrero a marzo e incluso abril, se hacía un ferial de vacas y bueyes, por donde está la lotería. Venían de León, de Navianos, de la Valdería... Cuando era el tiempo, también había cerdos. Y bacillos, las plantas de las viñas”.
Del mercado hablaba también Paulina, natural de Santibáñez pero medio ayoína ya por matrimonio y residencia. Así contaba sus recuerdos de esta feria: “Lo del mercado de los miércoles en la plaza de abajo lo recuerdo como una maravilla, no faltaba la señora Amelia con el pulpo, cociendo en aquellos calderos grandes y ¡¡¡como manejaba las tijeras cortando los rabos al pulpo!!! Yo iba con mi padre todos los miércoles. Allí se encontraba con gente de Ayoó, Congosta y otros pueblos y charlaba con todos. Eran muy animados. En enero y febrero vendian los cerditos casi recien nacidos y la gente los compraba para engordarlos y hacer la matanza por noviembre o diciembre. Eran tiempos de escasez pero yo los recuerdo como felices”.
En el pueblo había tres carnicerías, donde se mataban terneros, castrones, cabritos... Los castrones eran chivos a los que se dejaba crecer y a los que se castraba al año y se hacían grandes, de hasta cincuenta o sesenta kilos. “Se mataba mucho, era carne buena, muy propia, por ejemplo de poner en bodas. Las carnicerías de Santibáñez mandaban carne incluso a La Bañeza por el coche de Camarzana”, recuerda mi padre.
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| Programa de fiestas en Santibáñez, 1931. Es muy curioso ver la relación de anunciantes, con numerosísimos establecimientos y tiendas de la localidad. Recogido en La Voz de Vidriales. |
Había también mucho comercio: Tres ferreterías grandes, la de Agustín Martínez, la de Antoñito Romero y la de los Mateos. Y tiendas en las que se vendían hierros para las cubas, para las llantas de los carros, las rejas de los arados...
Había dos tiendas de confección en grande, la de Gerardo y la de Cándido y algunas otras pero mucho más modestas. Se vendían por ejemplo, las toquillas negras con las que las mujeres iban vestidas el día de la boda.
En Santibáñez encontrábamos asimismo mercerías y una droguería, la de La Carlota. "Allí estuvo trabajando una chica del pueblo, Tina, la de Doroteo el panadero y luego la llamábamos así en el pueblo, La Carlota, para picarla".
También encontrábamos dos sastres buenos, Isaías uno y Castaño el otro, que hacían la ropa más de vestir, los trajes, las chaquetas... “En la de Castaño me hice yo el primer traje, que me costó 400 pesetas”, recuerda mi padre.
También encontrábamos dos sastres buenos, Isaías uno y Castaño el otro, que hacían la ropa más de vestir, los trajes, las chaquetas... “En la de Castaño me hice yo el primer traje, que me costó 400 pesetas”, recuerda mi padre.
1 de marzo de 2011
Lauburu
Este verano tuve un encuentro curioso: en una puerta de Santibáñez me topé con una aldaba adornada con un lauburu. Y el mismo motivo estaba en otra cerradura expuesta en el Museo Etnográfico de Zamora. Para más casualidad, María del Roxo, en su estupendo blog dedicado al concejo de Ibias, presentaba hace unas semanas una antigua panera también decorada con este tema. Yo le he llamado “lauburu” (en euskera, cuatro cabezas), porque así es como se conoce aquí, en Euskadi, al símbolo de cuatro puntas redondeado que no es si no una cruz esvástica, de origen indio (hindú) y que se puede encontrar en representaciones artísticas por todo el mundo y desde los tiempos más antiguos.
La esvástica, origen del lauburu y del resto de motivos similares, es visto con escalofrío dado que fue el símbolo gráfico de los nazis, pero hay que aclarar que ellos se apropiaron de él allá por 1920 pero que es un símbolo que, como decimos, se ha repetido en la iconografía, el arte y el diseño a lo largo de la historia de la humanidad.
En el Museo Etnográfico de Zamora la pieza iba acompañada de este texto: “Cerradura de palanca con motivo simbólico arcaico (svástica). Siglos XVII-XVIII. Hierro forjado. Cabrillas, Salamanca. Colección Arte de Occidente”.
En la panera de Ibias, María presentaba estos magníficos “tetrasqueles” labrados en la madera.
26 de febrero de 2011
El autobús-correo
Hace un par de semanas me topé en ese gran cajón de encuentros que es Facebook con un grupo de gente que hablaba y ponía fotos de Santibáñez. Tanto los comentarios como las imágenes son muy interesantes y allí he encontrado esta joyita que ha salido varias veces mencionada en las historias de este blog: el autobús que hacía la línea Camarzana-Santibáñez-La Bañeza.
El autobús que están ahí empujando, entre esforzados y divertidos, era un duro vehículo de color verde botella, con asientos de madera absolutamente incómodos. “Se llamaba el correo -cuenta Rosa- era el bus de línea a La Bañeza y traía el correo, pasajeros, las cajas de sardinas que mi madre vendía después por Santibáñez y cercanías...”.
Jesús da más datos: “El color de este entrañable correo era verde botella, los asientos de listones en madera semejantes a los que hay en algunas plazas. La gente que solía viajar en ella era la de los pueblos por donde hacía su ruta. El tiempo que tardaba en recorrer la distancia a La Bañeza venía siendo de dos a tres horas algunas veces más, hay que tener en cuenta el enorme número de paradas que hacía. Las mercancías viajaban en el techo junto con algunos equipajes, pero debemos recordar que no eran muchos, mas bien algún que otro paquete y lo que mas se usaba en ese tiempo, el capacho. Bueno esto es lo que yo recuerdo de un par de veces que hice el camino. También diré que la parada (de Santibáñez) la tenía junto al ayuntamiento. También junto al café de Abilio, antes la guarnicionera, en la casa del señor Polo, estaba si no recuerdo mal la cochera del Auto Res, blanco con una línea roja. Era mas lujoso y hacía la ruta a Zamora por el valle del Tera”.
Muchas gracias a Rosa y Jesús por sus aportaciones y a Juan Antonio Prieto, que me ha prestado su foto para hacer este post.
Hemos hablado de este autobús aquí y de otros similares en este otro artículo.
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| Foto cedida por Juan Antonio Prieto. |
El autobús que están ahí empujando, entre esforzados y divertidos, era un duro vehículo de color verde botella, con asientos de madera absolutamente incómodos. “Se llamaba el correo -cuenta Rosa- era el bus de línea a La Bañeza y traía el correo, pasajeros, las cajas de sardinas que mi madre vendía después por Santibáñez y cercanías...”.
Jesús da más datos: “El color de este entrañable correo era verde botella, los asientos de listones en madera semejantes a los que hay en algunas plazas. La gente que solía viajar en ella era la de los pueblos por donde hacía su ruta. El tiempo que tardaba en recorrer la distancia a La Bañeza venía siendo de dos a tres horas algunas veces más, hay que tener en cuenta el enorme número de paradas que hacía. Las mercancías viajaban en el techo junto con algunos equipajes, pero debemos recordar que no eran muchos, mas bien algún que otro paquete y lo que mas se usaba en ese tiempo, el capacho. Bueno esto es lo que yo recuerdo de un par de veces que hice el camino. También diré que la parada (de Santibáñez) la tenía junto al ayuntamiento. También junto al café de Abilio, antes la guarnicionera, en la casa del señor Polo, estaba si no recuerdo mal la cochera del Auto Res, blanco con una línea roja. Era mas lujoso y hacía la ruta a Zamora por el valle del Tera”.
Muchas gracias a Rosa y Jesús por sus aportaciones y a Juan Antonio Prieto, que me ha prestado su foto para hacer este post.
Hemos hablado de este autobús aquí y de otros similares en este otro artículo.
23 de febrero de 2011
Carros
Si hay un elemento que define a un pueblo este es el carro.
Los carros de vacas convivieron en Ayoó con los tractores durante largo tiempo. En los últimos años, aún se veían varios carros: el de mi tío Rogelio, el de mis vecinos Lucas y Emilia, el de Arsenio, el de Sergio, el de Ventura... y aunque aún pueden encontrarse algunos en bastante buen estado, solo nos queda la memoria para recordar aquel movimiento lento, pausado, con el chirriar de la llanta metálica en el suelo, el suave vaivén del paso del animal...
¡Me encantaba ir en el carro con mi abuela! Claro que yo solo he disfrutado del carro casi como juguete, no me ha tocado ir a acarrear a fincas que distaban un montón de kilómetros de casa, salir aún sin amanecer e intentar echar una cabezada venciendo al frío de la madrugada con una manta o ir hasta La Bañeza a por mineral para las fincas.
El carro lo era todo, básico para el día a día de las tareas del campo, para el comercio, para el baile...
El carro de los mozos es una foto del blog Pueblana. El carro de las mozas es una foto recogida en la web de Villa de Acebedo.
Los carros que yo llegué a ver en Ayoó eran los de vacas, pero también hubo en años anteriores carros de varas, para las mulas o los machos.
La caballería iba en medio, sujeta al carro con las varas, de ahí el nombre. Los carros de mulas se usaban para meter la paja, la hierba,... para el acarreo.
Y terminamos con un repaso de las partes del carro. Este precioso esquema lo ha hecho Gregorio Boixo, padre del encargado de la página web de Vegas del Condado, en León y autor de un montón de dibujos en los que detalla los aperos que se usaban en su pueblo y en otros muchos.
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| Fotografía tomada de Museo Virtual de Viejas Fotos |
Los carros de vacas convivieron en Ayoó con los tractores durante largo tiempo. En los últimos años, aún se veían varios carros: el de mi tío Rogelio, el de mis vecinos Lucas y Emilia, el de Arsenio, el de Sergio, el de Ventura... y aunque aún pueden encontrarse algunos en bastante buen estado, solo nos queda la memoria para recordar aquel movimiento lento, pausado, con el chirriar de la llanta metálica en el suelo, el suave vaivén del paso del animal...
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| Carro de vacas en el pueblo leonés de Villa de Acebedo, en los Picos de Europa (web de la localidad) |
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| Transporte en carro de mulas. Blog Pueblana, de Pueblana Montalbán (Toledo) |
¡Me encantaba ir en el carro con mi abuela! Claro que yo solo he disfrutado del carro casi como juguete, no me ha tocado ir a acarrear a fincas que distaban un montón de kilómetros de casa, salir aún sin amanecer e intentar echar una cabezada venciendo al frío de la madrugada con una manta o ir hasta La Bañeza a por mineral para las fincas.
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| Blog Pueblana |
El carro lo era todo, básico para el día a día de las tareas del campo, para el comercio, para el baile...
El carro de los mozos es una foto del blog Pueblana. El carro de las mozas es una foto recogida en la web de Villa de Acebedo.
Los carros que yo llegué a ver en Ayoó eran los de vacas, pero también hubo en años anteriores carros de varas, para las mulas o los machos.
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| Carro de mulas en una foto de la web de Sordillos de Treviño (Burgos) |
La caballería iba en medio, sujeta al carro con las varas, de ahí el nombre. Los carros de mulas se usaban para meter la paja, la hierba,... para el acarreo.
Y terminamos con un repaso de las partes del carro. Este precioso esquema lo ha hecho Gregorio Boixo, padre del encargado de la página web de Vegas del Condado, en León y autor de un montón de dibujos en los que detalla los aperos que se usaban en su pueblo y en otros muchos.
20 de febrero de 2011
La función
Por los pueblos pasaban gentes vendiendo todo tipo de mercancía: las colchoneras, los gallegos de los cajones, el que llevaba la máquina de hacer fideos, los vendedores de cuadros, los albarderos... también había lugar para la diversión con la visita de grupos que hacían pequeñas representaciones por las que luego pasaban el sombrero.
Mi padre recuerda a unos húngaros “que echaron una comedia, la de El derecho de nacer. Tocaban una trompeta, todavía me acuerdo, qué bien la tocaban, la hacían hablar... cantaban “si Isabelita quisiera ser mi esposa...”.
Mi padre recuerda a unos húngaros “que echaron una comedia, la de El derecho de nacer. Tocaban una trompeta, todavía me acuerdo, qué bien la tocaban, la hacían hablar... cantaban “si Isabelita quisiera ser mi esposa...”. Echaron la comedia en la casa de Jesusa, la panadera, en la calle Castillo “donde había un corralón grande”. “Recuerdo que era la época la vendimia, ya habíamos vendimiado y abuelo me hizo ir a darle el recorte a las uvas, darle la vuelta, y yo tenía tanta prisa por ir a la comedia que no hice más que quitar las pieles a toda prisa para volver al pueblo”.
En otra ocación fueron unos turcos con un oso. “Le decían Nicolás, hazte el borracho y lo hacía. Nicolás, ponte firme, y se ponía... Rifaban cosas, vendían papeletas... También llevaban una cabra, Catalina, que subía a una escalera y saludada desde allí”.
Mi duda es por qué mi padre recuerda perfectamente que unos eran húngaros y otros turcos, pero tal cual me lo contó, lo pongo.
Si alguien quiere saber algo más de la infernal vida que se da a los "osos bailarines", puede leer este artículo del blog Lobo Astur.
En otra ocación fueron unos turcos con un oso. “Le decían Nicolás, hazte el borracho y lo hacía. Nicolás, ponte firme, y se ponía... Rifaban cosas, vendían papeletas... También llevaban una cabra, Catalina, que subía a una escalera y saludada desde allí”.Mi duda es por qué mi padre recuerda perfectamente que unos eran húngaros y otros turcos, pero tal cual me lo contó, lo pongo.
Si alguien quiere saber algo más de la infernal vida que se da a los "osos bailarines", puede leer este artículo del blog Lobo Astur.
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